TODOS NACEMOS POLIGLOTAS
Julio 2005
Y sus oídos se abrieron, y del mismo modo
los nudos de su lengua se desataron
San Marcos, VII, 35
Desde el
hundimiento de nuestro imperio y el fin de nuestra supremacía económica, el
francés está perdiendo fuerza en nuestra sociedad contemporánea. Este “fracaso”
lingüístico no se explica solamente por la Historia con “H” mayúscula. Estamos
de hecho persuadidos de poseer “la lengua más bella del mundo” del mismo modo
que “la avenida más bella” e incluso “la mejor televisión”. Eso es verdad hasta
cierto punto, pero debemos ser realistas. Nuestra lengua ha perdido terreno
dejándose tomar distancia por otras etnias más dinámicas. Quitándole toda
posibilidad de integración de palabras extranjeras en nombre de una pureza y de
una integridad tal vez ilusorias, nos hemos tapado los oídos y hemos dado un
puñetazo sobre
Estamos tan
bloqueados en nuestro monolingüísmo congénito que, ante las acciones de
nuestros congéneres anglosajones pasando fácilmente del alemán al inglés
manteniendo de vez en cuando una conversación en francés, tenemos un
sentimiento de injusticia. Entonces evocamos como una fatalidad el famoso “don
de lenguas” para resolver el problema. Pero ¿ponemos el mismo énfasis en el don
de las matemáticas, de la pintura, o de la música?.
Einstein pensaba que el “genio” no es más que una chispa que aparece una o dos
veces en la vida del hombre y que hay que acompañarlo con quince horas de
trabajo cotidiano. No hace falta decir que el famoso “don de lenguas”, si
existe, no puede ser atribuido más que a los poetas, a los que transforman
profundamente y categóricamente el uso lingüístico de una comunidad. No a
aquellos que se abren a la simple posibilidad de integrar varios idiomas. El
único aspecto ”milagroso” del lenguaje, es decir
inexplicable en su razón de ser, es lo innato de
Nos gustaría a todos ser políglotas para tener acceso a otras maneras de pensar. Desgraciadamente, se contentan comúnmente con su lengua materna. Los franceses están incluso persuadidos de que hablando varias lenguas pierden identidad. Por el contrario, aprendiendo inglés o alemán, se enriquecen subiendo un escalón, conservando sus marcas anteriores. Cada vez que la audición aumenta una octava o dos, los efectos sobre el plano de la escucha y del bienestar son evidentes. Lo mismo sucede con las lenguas, poder pasar de una a otra te da un pasaporte a la universalidad en el campo de la comunicación.
Cuando un sujeto aprende una lengua extranjera, su sistema nervioso y su musculatura toman progresivamente la forma de esa nueva lengua. Hablando americano, me convierto en americano. Dos generaciones más tarde, si me instalo en ese país, mis nietos se parecerán al primer ocupante de los Estados Unidos: el Amerindio. Nos formamos, nos esculpimos con nuestra propia lengua. Los trazos de un americanos son típicos, los de un francés o de un italiano también.
En esta obra, me gustaría explicar que, para aprender una lengua extranjera, es necesario oír y oír hasta saber escucharla. Es necesario poder detallarla, apreciarla, analizarla en todos sus parámetros, sus modulaciones, sus cadencias, sus secuencias. Es necesario también, para penetrar en ese universo lingüístico, entrar en su psicología, resonar con los acentos de su alma, evidenciar los factores más destacados de sus características étnicas, adherirse a las diversas cristalizaciones de su pensamiento, en fin percibir las sutilezas que todo mensaje contiene. Para ello es necesario escuchar “idénticamente” ad integrum, a fin de poder al final del recorrido ser capaz de integrar el mensaje.
Siempre me ha sorprendido el poco interés que suscitan los mecanismos auditivos entre los especialistas encargados de enseñar lenguas vivas. Y, sin embargo, ¿cómo se explican los problemas de aprendizaje pasando por alto este órgano que nos pone en contacto vivo con y directo con la lengua a estudiar?. Es, de hecho, la imposibilidad o la dificultad de descifrar correctamente los mensajes acústicos lo que lleva a generaciones de adolescentes a abandonar el aprendizaje de lenguas extranjeras. No hay en ellos, hablando claramente, integración del discurso, es decir que no tienen ninguna posibilidad de absorber, decodificar, luego reproducir las palabras que les llegan. Las reciben como una serie de paquetes de sonidos que no pueden cazar al vuelo y que terminan por atontarlos literalmente. Pues, reconozcámoslo, ¿quien puede afirmar haber salido totalmente bilingüe de su escolaridad, a pesar de los centenares de horas de inglés, alemán o español que les impusieron?.
Ya es hora de
volver a
Gracias a las últimas investigaciones sobre la fisiología auditiva y el funcionamiento de los integradores neurológicos, gracias a los progresos en electrónica y en informática, es posible por otro lado abordar con optimismo el aprendizaje de varias lenguas extranjeras.
Concierne tanto a niños como adultos este nuevo enfoque. Desde la más tierna infancia (incluso antes del nacimiento) hasta los noventa años, la entrada en una lengua distinta de la materna no debe suscitar ninguna objeción y especialmente ninguna polémica. La afirmación de que es imposible convertirse en bilingüe a partir de los catorce años ya no se sostiene. El niño pequeño puede aprender varias lenguas a la vez a condición, insisto, de que el mensaje sea perfectamente producido, es decir que contenga todas las características de la lengua a integrar: su música, su entonación, sus fonemas, su fraseado. Pido habitualmente a los padres de origen lingüístico diferente que hablen a sus hijos en su propia lengua. Así éste rápidamente se convertirá en trilingüe si la familia vive en un país en el que se habla otro idioma diferente del padre y de la madre.
Para el aprendizaje de una o varias lenguas en la escuela o en la empresa, el problema es el mismo. Es necesario dotar al joven alumno o al adulto de una verdadera “escucha étnica” que le permita analizar, decodificar, comprender pues todas las sutilezas de la lengua a integrar. Lo único que cuenta es el significado. Todos los demás parámetros no pueden ser tomados en consideración más que por un nativo. Es por ello que es muy importante que el profesor de una determinada lengua lo sea de su lengua materna. En caso contrario habrá que recurrir a técnicas especiales que permitan hacer intervenir los elementos constatados en las investigaciones más recientes en el campo de la neurofisiología auditiva.
Se aprende
bien una lengua oyéndola correctamente. Ese es el mensaje que me gustaría
transmitir en este libro. El don de lenguas no es otro que el don de
En el momento de nacer, todos los oídos son perfectos, a excepción de los casos patológicos, claro. Han aprendido a escuchar en el vientre materno. Están preparados para integrar la lengua social. Primero necesitarán adaptarse al nuevo medio acústico que les acoge en el momento del nacimiento. El baño acústico en el que estaban bañados durante su vida prenatal queda reemplazado por un baño aéreo en el cual los sonidos no se transmiten del mismo modo. Habrá que hacer ajustes y ahí pueden suceder diferentes dramas a causa del poco cuidado que ponemos en lo referente a la audición del recién nacido y del bebé. Se piensa en la higiene, la visión, el confort alimentario pero se olvida lo principal : el órgano más importante, aquel que permitirá integrar el lenguaje y abordar otras lenguas, es decir el oído.
Cuantas veces he levantado la voz de alarma viendo a un bebé sometido a ruidos que llegaban a 100 decibelios, vociferaciones de los padres que discuten, al ronroneo del sonido de la televisión que descarga totalmente la batería cerebral del niño que aun no sabe defenderse. Ante tales agresiones, no le queda más que una solución: cerrar ese oído a ese mundo hostil. Es un medio radical ¡pero que peligroso! permanecerá cerrado al lenguaje, a la comunicación, a la relación social. Le volveremos a encontrar disléxico en el banco de su escuela o completamente encerrado en si mismo en el gabinete de psicoterapia.
En 1950,
cuando dirigía el laboratorio de fisiología acústica de los Arsenales de
Aeronáutica, constaté los daños del ruido industrial en los oídos de los
obreros que trabajaban en los talleres. Al publicar el libro “La sordera
profesional” subrayé los peligros en que incurrían aquellos que estaban
sometidos a tales intensidades. A partir de ahí se tomaron medidas de seguridad
(cascos de protección de oídos, análisis de sangre, etc.) y continúan siendo de
aplicación según la legislación de trabajo. Pero hoy ¿qué hacemos con nuestros
jóvenes soportando ruidos infernales?. Cuantas veces
he aconsejado a los directivos de ciertas empresas de velar para que los oídos
de los adolescentes no estén expuestos a intensidades que yo calificaría de
diabólicas porque llevan inexorablemente hacia el reino de la no-escucha, de
¿Cómo pensar que, en estas condiciones, estarán preparados para integrar una o varias lenguas extranjeras? ¿Cómo podrán reconocer, con una audición amputada de frecuencias agudas, las sutilezas de un nuevo universo lingüístico? Se ha lanzado la señal de alarma. Los adultos responsables del futuro de nuestros jóvenes deben afrontar ese reto.
Sin ir tan lejos, reflexionemos sobre el futuro de los franceses en la Europa del futuro. ¿Cómo van a integrarse en ese universo multilingüe? Podemos preguntarnos las razones por las que nuestros compatriotas tienen tantas dificultades para aprender las lenguas extrajeras mientras que un ruso, un holandés, o un portugués hablan sin problemas varias lenguas. Nos podemos preguntar de dónde viene esta situación que, en la época de las comunicaciones internacionales, en el momento de la explosión europea, tiene el peligro de transformar a nuestros estudiantes en minusválidos lingüísticos.
Gran parte de las respuestas a estas cuestiones se encuentra en este libro. Es necesario simplemente convenir que el lenguaje pasa por el oído, que este no percibe de la misma manera en todos los lugares del mundo, que hay zonas privilegiadas de percepción en función de la cualidades acústicas del aire del entorno que no vibra de la misma manera en Montreal que en Nápoles. Que es necesario de una vez por todas borrar todas las premisas que tenemos sobre la audición humana y sobre las lenguas extrajeras.
El babelismo
es obligatorio. Querer adoptar una lengua única de Brest a Vladivostok es un
mito que hay que abandonar. Aunque es verdad que el inglés se ha convertido en
la lengua vehicular internacional, no es menos cierto que aparte de esa lengua
que tenemos que hablar habitualmente para comunicar con el mundo entero,
debemos pensar en aprender otras. Es un enriquecimiento del que no tenemos
derecho a privarnos en
Es hora de cambiar de marcha y acelerar utilizando los últimos descubrimientos de la relación audición–fonación. El papel capital que desempeña el oído en el aprendizaje lingüístico, tanto de la lengua materna como de una lengua extranjera, no debería escapar a los que se interesan por el problema de a integración verbal. No se puede ignorar hoy que la gran puerta que se abre sobre el lenguaje es el oído. Se aprende una lengua viva oyéndola y oyéndola correctamente.
La clave de este aprendizaje consiste en asegurar al alumno una audición de calidad. La audibilidad de la lengua estudiada se hace más sustancial y en consecuencia más eficiente, todos los matices acústicos de ese idioma se pueden percibir entonces perfectamente. Es pues necesario conocer, por una parte, las posibilidades auditivas del alumno y, por otra, permitirle entrar en el universo sonoro del conjunto étnico del cual se quiere dominar su lengua.
No nos cansaremos de insistir sobre este punto. No sirve de nada hacer aprender una lengua a un sujeto que no la oye o que la oye confusamente. El mejor de los laboratorios de lengua se vuelven inútiles ya que no tiene en cuenta ese factor esencial. Es por ello por lo que hablaremos a lo largo de esta obra de la noción de integración de una lengua, queriendo por ello señalar que el lenguaje, sea cual sea, hace intervenir como captor de control a la vez el aparato auditivo y el conjunto del sistema nervioso a lo largo del teclado corporal
Aprender un lengua con un oído nuevo. Este es el tema principal de este libro. Si no oís “como” un inglés por ejemplo, no podréis aprender su lengua, entrar en su psicología, adoptar su forma de expresar, encontrar las palabras adecuadas, comprender sus estructuras gramaticales.
Es pues esencial preparar el oído para percibir los elementos pertinentes de una lengua. Con ayuda de aparatos que permitan hacer al órgano auditivo una gimnasia de los músculos del oído medio, se obtiene un resultado durable y rápido. Este enfoque es un paso obligado para todo proceso lingüístico. Además haciendo escuchar una lengua en audición intrauterina (sonidos filtrados) bajo el Oído Electrónico se reproducen los procesos de integración de una lengua materna.
Muchos laboratorios de lenguas utilizan hoy estas técnicas. Utilizan nuevos conceptos que se exponen en esta obra. Si a lo largo de este estudio aparecen algunas divagaciones sobre el lenguaje (¿una lengua no es un lenguaje?), ruego se me perdone. Estoy persuadido de que no son inútiles, pero si al lector le parecen un poco fuera del tema, no dude en saltarlo y continuar su camino a través de esa maravillosa aventura que es el descubrimiento de otra lengua.
A lo largo de la obra seremos llevados a utilizar la terminología de la audio-psico-fonología, disciplina creada hace unos cuarenta años. El lector encontrará en el anexo las aclaraciones necesarias para la mejor comprensión.
El mercado de las lenguas esta abierto. En el momento de la construcción de Europa, esa esperanza es mayor en el plano humano, social e industrial.
1.- El
oído sordo
Integrar una lengua, es estar preparado para restituirla ad integrum. No se trata, como se piensa, de reproducir solamente su letra, sino su espíritu también. Dicho de otra forma, poseer una lengua que se ha decidido absorber, es usarla para expresarse, para pensar, hasta existir a través de ella. Pues una lengua viva no es, como se ha creído durante mucho tiempo, un conjunto de palabras organizadas según unas reglas, sino una combinación de señales, de grupos de sonidos, destinados a comunicar a otros los pensamientos, los sentimientos y las voluntades de cada uno. Para ser significativo, es decir comprendido por aquel o aquellos con los que se quiere comunicar, un lengua no puede utilizar mas que signos referidos a las realidades que designan. Y al gramático más atento y más amable del mundo que se dirige a nosotros en un lenguaje tan castigado como incomprensible, diremos, como Pantagruel a Panurge : “Amigo, no tengo ninguna duda de que sepáis hablar bien diversas lenguas, pero decidnos lo que queréis en alguna lengua que podamos entender”.
Estas señales, para ser comprendidas e integradas inmediatamente, sin esfuerzo, sin un análisis similar a una “traducción” con respecto a la lengua materna, sin descomposición semántica previa, deben ser ante todo oídas y comprendidas, es decir decodificadas correctamente. A partir de ahí el alumno estará preparado para reproducirlas, para pronunciarlas con la mayor exactitud, en términos de sonido, de ritmos, de timbre y de articulación.
Del mismo modo que el pianista debe practicar la reproducción de un pasaje musical globalmente, automáticamente, como un todo que ya no se descompone, así el estudiante de una lengua viva debe lograr escuchar y reproducir globalmente e inconscientemente, sin analizarlas ni disociarlas de su ritmo y su entonación, los grupos sonoros que al principio le son extraños y que a menudo son opuestos a sus propios reflejos lingüísticos. Hablamos aquí, naturalmente, de un proceso ideal de integración, que raramente se logra completamente a no ser en sujetos dotados de un oído particularmente adaptado, abierto a las diferentes frecuencias de la lengua a estudiar. Pero, en muchos casos, la experiencia lingüística presenta de partida unas dificultades tales que el aprendizaje de una lengua se convierte en una verdadera tortura. Se presentan obstáculos de todo tipo, insuperables, y del sueño inicial nacido en el fondo del ser, no queda más que el evanescente deseo secreto de comunicar que se esfuma poco a poco ante los múltiples esfuerzos siempre en vano.
Para muchos alumnos el babelismo surge de este modo, confinándoles irremediablemente en la 'encerrona' infranqueable de su lengua materna, mientras emergen de esa gran marea algunos elegidos dotados de excepcionales posibilidades que les permiten evolucionar a placer en la lengua de otros. Como si una misteriosa facultad les desatara la lengua.
Sin embargo, si lo consideramos bien, aprender una lengua extranjera debería ser cosa fácil, y el entusiasmo del niño, en el nivel escolar determinado, que por fin se va a sumergir en el estudio de otra lengua diferente a la suya, moviliza de partida una gran cantidad de buena voluntad. ¡Y caramba! Cuanta decepción es lo que caracteriza muy a menudo el estudio de lenguas.
¿De dónde
procede, pues, esta ruptura que hace volatilizar en pocas semanas las dulces
esperanzas del descubrimiento lingüístico?. No hay que
invocar a
Parece oportuno también, reconsiderar el problema del aprendizaje de las lenguas vivas, intentando explicitar lo que quizás sea, en el sentido más general, la integración verbalizada. Tanto si se trata de la lengua materna como si lo es de una lengua extranjera, el mecanismo continúa siendo el mismo.
No me cabe ninguna duda de que la integración de una lengua viva se hace por el oído. Esa adquisición auditiva, aunque auxiliada por el texto y la imagen, es esencial y primordial. Escuchando es como se aprende una lengua y escuchándola correctamente.
Pero ¿qué significa escuchar correctamente? Según parece no estamos sordos, aunque no podamos aprender inglés. De todas formas, habrá que resignarse a admitir que, en este caso, se está electivamente sordo al inglés.
Para comprender esta nueva noción que puede parecer desconcertante a primera vista, sería bueno recordar que el oído ha sido secundariamente condicionada al lenguaje. “El lenguaje apareció como último estadio de una trascendente adaptación que ha sabido condicionar con finalidades acústicas un conjunto neuro-muscular destinado a la deglución y a la respiración” (El oído y el lenguaje. Editions du Seuil. 1963).
¡Las posibilidades acústicas del medio ambiente permitieron al hombre acondicionar con finura y agilidad la gama sonora propia de su lengua! ¡Pero cuán diferente es el mundo acústico de otra lengua!. No hace mucho tiempo, el autor de un artículo intitulado <Los chinos en París> constataba la necesidad de una corrección auditiva “a medida” para los chinos, particularmente refractarios al francés. Daba como razón de esa necesidad <que a fuerza de escuchar exclusivamente los sonidos propios de nuestra lengua materna, no solamente el oído, sino los centros auditivos de nuestro cerebro están condicionados>. De esta forma, nuestro sistema auditivo al estar determinado por el medio étnico, nos volvemos insensibles a las entonaciones, a las variaciones sonoras que no tenemos la costumbre de escuchar. Esta propuesta, sin ninguna duda exacta, exige de todas formas algunas explicaciones.
Nuestra lengua se ve privada de las consonancias extranjera que nuestro oído no puede captar, la carencia auditiva se traduce obligatoriamente en una carencia vocal. Lo que resume la formulación : <La voz no contiene más que los armónicos que el oído puede escuchar> Volveremos a hablar mas adelante sobre las diferentes leyes audio-lingüísticas que rigen el establecimiento de los procesos de integración de una lengua.
“Las
impresiones que recibimos al escuchar una lengua extranjera, incluso sin
comprenderla” detectaba ya Charles Bailly hace algunos decenios, provienen en
gran parte de una comparación hecha inconscientemente con el sistema fonológico
de nuestra propia lengua. Y las sensaciones agradables o desagradables que
sacamos se deben a esta razón; el que habla esa lengua por lo general no siente
nada parecido, sus impresiones acústicas son totalmente diferentes. Un francés
al estudiar ruso se sorprende por la frecuencia de sonidos palatales y
sibilantes entre esa pronunciación y la suya, por el contraste con sus velares,
por la música especial de las entonaciones, todo ello porque percibe
inconscientemente una diferencia considerable entre esa pronunciación y
Cada uno de nosotros se encuentra pues condicionado a escuchar de una manera determinada, y el sistema fonatorio, sometiéndose a las exigencias del medio ambiente, obliga al sujeto a pronunciar < de determinada manera>. Wilder Penfield escribe: < Así todos los suecos hablan inglés con un acento sueco y los franceses, los alemanes y los chinos hablan con su acento propio. Eso se constata normalmente. Incluso si recorren el mundo, los cockneys, los escoceses y los irlandeses, por no hablar de los canadienses y los americanos, durante toda su vida se les nota su origen en un “giro de lengua” aprendido en la infancia >.
Nos encontramos claramente en presencia de una ley general, que por otro lado no afecta solamente a algunos pueblos. Teniendo el oído de nuestra etnia somos, como es natural, más o menos refractarios, según la raza, al aprendizaje de lenguas extranjeras y exactamente en la medida en que estén más alejadas de nuestra curva de audición, como veremos más adelante en detalle. En esta perspectiva, todos somos en alguna medida “malos oyentes” y es por eso por lo que todos podríamos ser “clientes” de los fonetistas para reeducar la audición, sometiéndonos a las técnicas de reeducación similares a las aplicadas a sujetos afectados por problema auditivos. El único recurso parece ser el de “forzar” el oído a escuchar lo que de natural no hace, lo que no puede hacerse más que a través de dispositivos artificiales.
Puede parecer raro, de entrada, referirse a procedimientos técnicos en lo que no se ve mas que un problema pedagógico uniendo la buena voluntad (o la voluntad a secas) a métodos de enseñanza cada vez más perfeccionados. No hablaremos de esos métodos “milagro” que se presentan con una hábil y atractiva publicidad, alabando la pereza y meciendo al alumno en la insidiosa ilusión de que es posible aprender sin esfuerzo. Ninguna adquisición se hace sin esfuerzo. Pero tampoco es suficiente, como Rimbaud, con encerrarse en un armario, pertrechado con una gramática, investido con una voluntad de hierro, y jurar que no se va a salir hasta que domine la lengua que desea aprender. Para integrar una lengua extranjera, es necesario “querer” estudiarla seriamente, eso es verdad, pero es necesario igualmente “poder” – en el sentido más físico del término – aprenderla, es decir “oírla y reproducirla”, luego escucharla y practicar, en fin escuchar y escucharse repetir o reproducir.
Escuchar y
reproducir, esos son los dos elementos esenciales que hacen intervenir nuestras
técnicas en su principio de regulación de la audición y de
Este efecto audiovocal conlleva modificaciones del timbre, la organización del aparato fonatorio, el uso de las cavidades supra y sub-laringeas de resonancia, el tono laringeo, la respiración, la mímica, y tantas modificaciones que reaccionan en cadena por la activación refleja, que se extiende a su vez a las estructuras de contacto de más próxima a más lejanas, hasta modificar toda la estructura morfológica del sujeto. Estas modificaciones ponen en evidencia, al aprender una lengua, la influencia primordial del captor auditivo relacionado a su vez con el comportamiento corporal y gestual, del impacto psicológico, de la activación y luego la elaboración de circuitos de inducción psicosomático. Es fácil, a partir de estos datos, evaluar las importantes consecuencias de este proceso.
2 – Babel,
tierra de los hombres
Las leyes de la integración audiolingüística, que aportamos como anexo al final de libro, me permiten referirme a un mito anclado profundamente en el corazón de algunos especialistas a los que les gustaría unir a los hombres del mundo entero bajo una sola lengua. Es un deseo piadoso que no podría desaprobar en su principio humanitario pero que estoy obligado a rebatir en el plano psicolingüístico. Quiero naturalmente hablar del mito de la Torre de Babel tan comúnmente mencionada al establecer ciertas estrategias de comunicación, y ante todo, me gustaría hablar de ese deseo no menos mítico de la difusión del Esperanto.
El estancamiento del Esperanto
Los niños a
menudo se abandonan a ese juego fascinante : construir
una lengua propia para burlarse de los adultos o fabricarse su propio mundo. Es
este mismo sueño el que ha empujado a grandes lingüistas a imaginar una lengua
universal. Pero todos los Esperanto parecen abocados a un doble fracaso. Por de
pronto, es necesario saber que si una lengua quiere mantenerse tal cual, está
obligada a encerrarse en unos límites muy concretos y adoptar una reglas
decretadas como inmóviles. Esta es una vía sin salida que ya ha provocado la
muerte del sánscrito y del griego antiguo, pues una lengua sin apertura a los
aportes exteriores está condenada a desaparecer. Por otro lado la misión
vehicular de esas lenguas con vocación universal se enfrenta a otra paradoja : al adherirse a una comunidad, el cualquier punto
del globo, una lengua se somete, lo quiera o no, a las interferencias acústicas
locales que unen a los grupos hablantes. De este modo sufrirá esas famosas
mutaciones establecidas por el lingüista Grimm en el siglo pasado y acabará por
parecerse a la lengua de la que precisamente quiere ser
No hay lengua fija puesto que todo cambia. Las cualidades de la atmósfera del lugar, la resistencia del aire, algunos factores físicos, el individuo mismo cuyo comportamiento relacional está conectado con su capacidad de escucha con respecto al entorno. De hecho, el medio determina el valor sónico de los soportes de comunicación y el oído se adapta a ellos hasta que un día por razones múltiples, se pone a filtrar lo que escucha, añadiendo sus propias contra-reacciones. Porque envejece o porque decide cerrarse ante tal o cual situación de tipo psicológico, modifica su poder selectivo en el plano de la escucha, del mismo modo que hacemos “zapping” con los canales de la tele cuando un programa ya no nos gusta. Todos estos efectos en cascada tienen resultados considerables sobre la articulación, la calidad del timbre, el análisis de las consonantes, el control de las vocales… Forman parte de la historia de las lenguas. ¿Cómo, en estas condiciones, es posible querer imponer cualquier Esperanto, puro producto de laboratorio, sin realidad psico-orgánica?
Claro, las
naciones se han constituido siempre con un forcejeo lingüístico. Sin embargo,
los resultados de esas verdadera operaciones policiales no han provocado
obligatoriamente la uniformidad deseada. Antes de la unificación de Francia,
cada región tenía su lengua, algunas de ellas no había logrado una identidad
tan fuerte como el provenzal o el bretón, pero el más pequeño dialecto contenía
un valor como factor de comunicación. Todo esto ha sido borrado por un francés
igualitario, que se enseñaba antes en la escuela y hoy a través de los ‘mass
media’. De todas formas, a pesar de la influencia de la radio y de la televisión,
los acentos se pueden apreciar. El cuerno de España apunta todavía hasta
Toulouse, como dice Claude Nougaro, la “bestia” no ha muerto, todavía respira.
Y el discurso < franco-francés > no puede enmascarar la corriente verbal
cantada, aun perceptible en las regiones meridionales. No ha logrado destruir
ese fermento subyacente, tan necesario al genio de
El francés
homogéneo se ha adaptado finalmente al territorio acústico regional y para
mantenerse, ha tenido que ser inyectado permanentemente, operación facilitada
hoy por la mezcla de
Sucede lo mismo entre el francés de Francia y el de Quebec. Felizmente en Canadá la corriente purista ha abandonado sus ambiciones desde hace algunos años. Algunos integristas no quisieran oír en la radio más que el francés de París y el inglés de Oxford. Tuve ocasión de oponerme con fuerza a esa tendencia cuando estaba viviendo allí. Habría creado una brecha entre los medias y la población, brecha aun más desdichada por oponerse a la evolución inevitable de la lengua en el plano psicoacústico. Esas múltiples modificaciones determinan de hecho todo un comportamiento psicológico nuevo. Como para el Esperanto o el francés en su momento cuando quiso imponerse, habríamos presenciado una verdadera inhibición de la creatividad.
Bajo el efecto del lenguaje, los rasgos sufren un lento pero inexorable lifting fisiológico
Un gran lingüista se pasó la vida clasificando las lenguas en función de criterios puramente geográficos y climáticos. Distinguía así las lenguas silvestres (alemán) de las lenguas húmedas (inglés)… ¿Se puede deducir de ello que se pueda generar solo un tipo de lenguaje espontáneo por su lugar de emisión? Quizás, lo que nos obliga a decir que el babelismo es obligado. Querríamos que todos los hombre hablaran la misma lengua. ¿Se entenderían mejor por ello? La lengua ofrece al individuo condiciones fáciles de expresión y de comunicación con la etnia correspondiente. Es un objeto único que no se puede fabricar en serie. Tomad un árbol europeo y plantadlo en Africa del Sur. Se hace gigantesco. Los sauces llorones que aquí tienen un tamaño razonable, llegan a una altura de cuatro pisos en los países tropicales. El suelo, el entorno, el clima… todo modifica la estructura de las plantas. El lenguaje es tan sensible como los vegetales. Crece y evoluciona en función de sus propios parámetros y del medio en el cual se desarrolla.
Si un país
fuera alejado de toda presión exterior, asistiríamos a la liberación de su
manera natural de expresarse, siendo ésta fuertemente influida por las
propiedades sónicas del territorio. Este fenómeno es tan potente que, en los
grandes países de inmigración, las diferentes étnias acaban por hablar la misma
lengua adaptando su manera de escuchar y de reaccionar acústicamente a las
condiciones locales. No nos damos cuenta en Europa pues los grupos humanos
parecen fijados en su territorio y en su lengua desde
En la parte noroeste de Toronto, hay un gran número de italianos, más de 500.000 en una ciudad de 2 millones y medio de habitantes. Disponen de sus sistemas educativos y de medios de comunicación (periódicos, radio..) propios. Pero cuando se expresan con el resto de la comunidad canadiense, lo hacen en un americano impecable. Se han anglificado pero tienen la suerte de conservar, por ahora, su “genio” de origen. Con la renovación de generaciones, se van probablemente a “canadificar” cambiando de tonalidad y aumentando su riqueza en silbantes. Esto es lo que se ha producido con los franceses que han desembarcado en Canadá : las silbantes han aparecido en su lengua. Un quebequés “silba”. Se expresa en cierto modo con un acento amerindio sobre el que ha fijado el francés, mientras que los americanos anglófonos es el hijo natural de las lenguas amerindia e inglesa.
Hace algunos
siglos, el emigrante inglés se instaló en un país en el que el aire vibra a
1500 Hz, una frecuencia que puede escuchar pero que produce en él sensaciones
diferentes a las habituales en él. Poco a poco su percepción ha cambiado y, con
ella, todo su sistema profundo de respuestas auditivas y de contra-reacciones
neuronales. Ha adquirido otra postura, una actitud diferente, específica de la
nueva étnia. Ha modificado su comportamiento, ha adoptado una concepción
psicológica desacostumbrada. Estas nuevas condiciones han obligado al cuerpo a
ajustarse con respecto a ese nuevo universo acústico. La tensión timpánica ya
no es
Nuestro valiente inglés, de Southamton o de Londres, se adapta pues a las condiciones acústicas que son ante todo condiciones de vida. La unidad de esos dos universos no se realiza fácilmente. Pero el hombre que posee este poder o que, por los avatares de la historia, no tiene más remedio que someterse a ello, dispone en realidad de una gran riqueza. Vivimos, en general, en un lugar preciso en cuanto a sus diferentes características socioculturales y lingüísticas. Si estuviéramos fuera de todo, seguro que seríamos unos inadaptados. Estar ahí donde estamos, a veces es incómodo pero debemos lograr integrarnos a ese entorno para participar plenamente a la vida de cada día.
Aquel que tiene que vivir mucho tiempo en el mismo medio acaba por transformarse en una verdadera resonancia local. Georges Brassens hablaba de los “imbéciles que han nacido en alguna parte” ¿Pero, no es esa una de las mejores soluciones para volver a encontrar referentes? Cuando vais al extranjero, ¿os habéis dado cuenta de que es mucho más fácil hablar allí una lengua que nos es prácticamente desconocida, incluso si en Francia erais capaces de farfullarla? Las condiciones acústicas ya no son las mismas. La diferencia aporta un plus a esa dinámica de relación.
En dos generaciones, un inglés filiforme instalado en el nuevo
continente se convierte en un obeso comedor de hamburguesas
Imaginemos
ahora que un lejano primo británico decide buscar a su familia emigrada a Texas
o al Canadá. Lo que va a encontrar son unos americanos. Más gordos, mas altos y también más anchos. Hombres atraídos por la
fuerza física, menos preocupados que sus antepasados lejanos por los problemas
metafísicos y con una psicología diferente de la de sus congéneres. Va a
encontrarse frente a hombres que han desarrollado sus facultades intelectuales
con un objetivo de aplicación práctica, que son más lógicos y menos intuitivos,
incluso si estos ingleses de origen se han casado entre ellos y han conservado
sus costumbres, tienen más puntos en común con sus compatriotas que con ese
nuevo primo llegado de
Al emigrar al Nuevo Continente, el inglés se alejó de sus orígenes lingüísticos y creó una nueva lengua, hasta tal punto que hoy los diccionarios angloamericanos se han vuelto indispensables. Una expresión utilizada en América del Norte puede ser incorrecta en Inglaterra o significar exactamente lo contrario. Las gramáticas se han distanciado. Aunque los <usuarios> hayan salido de la misma familia étnica. Todavía poseen los mismos cromosomas o por lo menos las mismas huellas sociolingüísticas. Es verdad que la increíble rapidez con la cual se hace la evolución de esa lengua, prueba que no ha encontrado sus cimientos y que todavía los busca.
Hace algunos años, mi esposa y yo íbamos cada dos meses al Continente norteamericano. Cada víspera de la salida, tomábamos la precaución de comprar uno de esos pequeños libros de gimmicks en los cuales se repertoriaban toda clase de expresiones nuevas. De hecho, cuando llegábamos, se habían quedado anticuadas y habían sido reemplazadas por otras. Pero como el americano es una lengua muy práctica, integrábamos sin dificultad todas esas novedades. Este fenómeno no es específico de Estados Unidos y Canadá. Si se estudiara regularmente el francés, se sorprendería al constatar que se enriquece permanentemente con hallazgos y originalidades impuestos por los jóvenes. El francés de hoy ya no es el mismo que el de hace diez años, y los adultos que se apartan de esas novedades cavan un foso entre ellos y sus hijos. Los americanos hacen lo mismo, pero como siempre, más rápidamente y en una escala mayor.
Esta
evolución queda ralentizada de todas formas por la potencia de los medios de
comunicación que allí juegan el rol que aquí juega
Un sonido complejo (música, ruido o lenguaje) no es lo mismo en América que en Africa. En un territorio tan limitado como puede ser Francia, Suiza y Bélgica, las diferencias son igualmente enormes. Desde que se atraviesa las fronteras del hexágono, los francófonos se expresan con resonancias nórdicas, fuertemente influidas por la lengua alemana. Incluso si los criterios acústicos no son los únicos que influyen, claro que hay que considerar los factores hereditarios y sociológicos, su influencia continua siendo considerable.
Una familia francesa que se instala en Inglaterra, termina por convertirse en inglesa. Si emigra a España, se vuelve española, aunque se mueva en la comunidad francófona, incluso si los hijos se casan con mujeres de su país de origen. Nada se resiste a esa huella. Si no ¿cómo explicar que, en una superficie equivalente, haya 15 lenguas en Europa y una sola en Estados Unidos? Simplemente porque tenemos la suerte de asistir al nacimiento de un amplio fenómeno lingüístico. América es un país joven que acaba de festejar su bicentenario mientras que nosotros hemos soplado las mil velas, en Francia.
En Estados Unidos, la lengua vehicular ha sido el inglés. Pero ya un inglés de fusión, pronunciado a la vez y en el mismo lugar por irlandeses, escoceses, galeses… Además ha sufrido las influencias acústicas locales, pasado por filtros diferentes, filtros de audición, de pronunciación, del aire que separa a los interlocutores. Todo ello ha dado una respuesta acústica del lugar. Poco a poco el inglés “ha degenerado”. Se ha producido una ruptura con su matriz. Se ha convertido en americano. Como ese continente es vasto, han intervenido variadas influencias. Hoy en día hay más diferencia entre un habitante de Cleveland y uno de Dallas que en el pasado lo había entre un parisino y un marsellés. Tienen dificultades para comprenderse si no hacen un esfuerzo. Pero recodemos que este fenómeno esta suavizado por los programas de televisión. Es verdad que desde California a Florida, de Arizonas a Massachusetts, todos los americanos ven Dallas y La señora está servida. Si ese caldo no fuera tan importante, se produciría allí lo que ha sucedido en Europa en los territorios germanófonos donde un habitante de Aix-la-Chapelle y uno de Vienne no se “entienden”. Tienen dificultades para comunicarse. En realidad ¿hablan la misma lengua? Es cierto que en este país, la regionalización se ha llevado hasta muy lejos. Las cadenas de radio y de televisión locales, los poderes territoriales fuertes y empecinadamente independientes han reforzado estas particularidades.
Africa del Sur, excepcional laboratorio de lenguas
Los europeos que se instalaron en Africa del Sur en el siglo XVII han transformado completamente su lengua de origen. El afrikans es en realidad un holandés con flexiones, simplificado, pronunciado con un acento completamente diferente y con una gramática diferente. Comparado con su “país llano”, los pioneros cambiaron de altitud y descubrieron en los altiplanos otras condiciones acústicas que borraron algunas silbantes. En algunas regiones, adquirieron un acento muy tónico. Por otro lado, en la franja costera sur del litoral, los africaners hablan una lengua totalmente renovada, reescrita con una gramática todavía más simplificada. Su instalación en el Transvaal, hace medio siglo, ha provocado otras modificaciones lingüísticas.
Desde el punto de vista que nos interesa, este país es apasionante para observar. Yo pude asistir a un fenómeno de integración muy poco frecuente. Las poblaciones negras periféricas, a menudo expulsados de sus países por la miseria, vienen en gran número a trabajar en las minas dirigidas por los afrikaners. Pero, al ser de orígenes diversos, no hablan la misma lengua. ¿Cómo proceder entonces para hacerles comunicar? En esta perspectiva, los africanos del sur han creado una nueva lengua, el < fanagalo >, compuesto en un 40% de afrikans y un 60% de lenguas indígenas variadas (Botswana, Zulú y otras lenguas bantús). Yo asistí a uno de esos cursos de entrenamiento que se desarrollan al aire libre, en un paisaje maravilloso y bajo un cielo siempre límpido. Es un espectáculo curioso ver a todos esos negros hablando a toda velocidad, gritando las palabras a pleno pulmón. En menos de tres semanas, son capaces de comunicarse entre ellos y ya disponen aproximadamente de 500 palabras. Ese <contingente> lingüístico puede parecer insuficiente. Pero, hace más de treinta años, yo hice un estudio audio-fonológico de los obreros de los Arsenales, constaté que su vocabulario no era mucho más rico. Incluso, un estudiante de instituto en el último curso no es mucho más rico. El francés tipo del panel de la Sofres tampoco. Con 500 palabras, se pueden decir muchas cosas. Es una base indispensable y a menudo suficiente. Los rusos, por causa de su historia cultural, llegaban a muy por debajo de ese umbral. ¡Ya no podían ni leer a Tolstoi! En Francia, constato que los artículos de los periódicos se acortan. El lector se contenta con el título y del resumen escrito en negrita, y se olvidan de lo demás.
El francés es también una lengua vehicular
En Francia, la unidad lingüística ha costado muy cara. La ventaja es que todo el mundo se entiende desde Brest a Saint Tropez. Desgraciadamente, ha impuesto un elemento lingüístico <artificial> que no está en correspondencia con algunos sistemas neurológicos. Cuando un meridional quiere hablar como un parisino, se sumerge en un baño acústico sonoro que le impide ser lo que debe ser. Por otro lado la gente del sur que puede escapar del centralismo parisino prefiere quedarse a vivir <en su pueblo> incluso si su actividad les exige mayores estancias en la capital.
Me acuerdo del drama que viví cuando el pequeño de Niza, que era yo en aquel entonces, con su lengua local y el italiano, vino a instalarse en Neuilly. Sufrí como un condenado pues para mí el francés era una lengua extranjera. Empujado por no sé que tipo de intuición, yo practicaba la dicción pronunciando frases y palabras en voz alta en la cocina y en el baño del apartamento en el que estaba instalado. Poco a poco, gracias a la reverberación excepcional de esas zonas recubiertas de azulejos, conseguí <cincelar, moldear> mi oído. El método era bueno ya que hoy yo pido a los jóvenes, a los niños, a los adolescentes que se sumerjan en unas condiciones idénticas a fin de sentir su pensamiento pasar a lo largo de su cuerpo, de su teclado corporal.
Para vivir y
enriquecerse, una lengua debe adaptarse a su medio acústico. Con los fenómenos
de resonancia, la palabra que aparece impregna el cuerpo y despierta
El modo de
escritura y la codificación corporal van a
De este modo, Francia ha construido su unidad lingüística borrando, a veces por la fuerza, a sus hablantes y sus idiomas locales. Ha ganado una mayor homogeneización y una mejora de los procesos de comunicación, pero ha hecho perder a la gente de los pueblos sus propias vibraciones, fuente de vida de su creatividad. En muchas regiones, la expresión poética ha desaparecido pues la población se ha encontrado desprovista de sus respuestas <naturales> al medio acústico. No se trata naturalmente de dar marcha atrás, sino más bien de dejar a los habitantes de una región expresarse y cantar en su lengua original. Podrían por otra parte conservar su lengua materna, resonar con ella y hablar en francés con la misma facilidad. Hoy el bretón y el catalán forman parte de los exámenes de bachillerato. Eso es bueno pues la influencia nivelante del francés esconde una realidad : los factores acústicos que van a inducir a una lengua en su dinámica verbalizada. Volved a poner a los niceses o a los bretones en sus condiciones de aislamiento geográfico, y veréis como se recomponen las tonalidades de origen, los acordes, la gramática de base, testimonio de la dependencia del ambiente sonoro del lugar.
Algunas de las reflexiones presentadas a lo largo de este capítulo han tenido como objetivo rebatir el mito de Babel tan estimado por los hombres de todos los tiempos. Hay que saber de una vez por todas que cada rincón del mundo tienen sus propias resonancias acústicas que inducen a hablas diferentes y que animan los mecanismos de creatividad. A partir de ahí, el sentido de la libertad de cada uno, expresándose en su realidad lingüística permite establecer una verdadera comunicación entre las gentes de una misma región. Sobre este particularismo, una lengua vehicular puede y debe se utilizada para hacer desaparecer las barreras sociales y económicas que separan las diversas regiones de un país y las diferentes naciones de un mismo grupo cultural.
En vísperas del establecimiento de los Estados Unidos de Europa, tales consideraciones de orden psicolingüístico no pueden escapar a los Jefes de Estado implicados en este amplio programa. Una lengua vehicular debe ser adoptada, como se ha previsto elegir una moneda común. Pero hay que saber también que cada región, cada país debe poder expresarse en su propia lengua a fin de ofrecer a sus habitantes la posibilidad de disponer y explotar al máximo sus potencialidades.
El gran poder de creatividad, que no puede desarrollarse sino dentro de una dinámica lingüística adaptada a las exigencias del lugar, será entonces fuente de bienestar general y de riqueza cultural. Los <trovadores de Europa> podrán por fin cantar sus sentimientos a través de una poesía de la tierra en armonía perfecta con las llamadas de sus hermanos regionales. Y, cuando quieran comunicar con las demás partes de ese gran conjunto europeo, deberán cambiar de registro corporal para hablar una lengua común para todos. Como todos y cada uno, deberán modificar su postura de escucha y en consecuencia su teclado fonatorio para poder realizar ese labrado.
Se evidencia fácilmente, a partir de estos datos, que deberán ponerse a disposición de cada uno de los europeos los medios técnicos adecuados para desarrollar un bilingüismo indispensable para el éxito de ese grandioso proyecto. No podemos encerrarnos en el monolingüismo que gusta a nuestros congéneres del otro lado del Atlántico y que ha terminado por abrasar ciertos procesos de creatividad. Se sabe que Europa con sus diferencias lingüísticas ha conservado, por lo menos en parte, ese poder de invención tan característico del conjunto cultural que representa. Francia está particularmente bien situada para atestiguar ese fenómeno. Los investigadores franceses son valorados en todos los rincones del mundo por sus ideas geniales que olvidan, no menos genialmente explotar. Pero ¿saben hacerlo? Otras naciones son capaces de poner en práctica sus inventos con ayuda de la tecnología punta que dominan perfectamente.
<¡Ciudadanos, a las lenguas!> podríamos decir a todos aquellos que intentan establecer verdaderos medios de comunicación entre los hombres. Ese será el tema de otro capítulo pero, mientras, me gustaría concluir éste con una alusión a un fenómeno religioso que se manifiesta desde hace algunas décadas en algunas partes del mundo. Se trata del <hablar en lenguas> que representa el fenómeno carismático. Es verdad que sería maravilloso si poseyéramos ese don universal de lenguas, magnificado por el milagro de Pentecostés.
Recordemos a los apóstoles reunidos en medio de una muchedumbre llegada de los cuatro rincones de Asia. Constataron que cada uno se ponía a hablar con su vecino en una misma lengua comprensible por todos. En Francia, en las ‘asambleas carismáticas’ se libran a esa práctica lingüística que recuperaría, al parecer, algunas entonaciones del arameo. Yo he asistido a uno de esos oficios para no escuchar sino una marea sonora, a mi parecer desligada de todo significado y completamente inanalizable.
En realidad, el texto aportado en Los actos de los Apóstoles no es tan enigmático como se cree. Dice simplemente que todos los asambleados comprendieron al tiempo el mismo mensaje. Todos vieron cristalizar de golpe la misma idea, el mismo pensamiento, una misma imagen que se distribuyó en tantas palabras diferentes como étnias estaban allí representadas. Ahí también está el <milagro>. Poder ser comprendido en todas las lenguas, no es fácilmente realizable de entrada. Pero es posible que en ciertos momentos privilegiados que solo el rezo, la plegaria en común, sabe producir esas iluminaciones especiales que inducen a los asambleados a estados de gracia intensos y específicos a lo largo de los cuales todo se vuelve de repente luminoso. A partir de ahí, el mensaje pasa de manera idéntica a través del sistema nervioso de cada uno.
Por otra parte ¿De qué serviría que nos pusiéramos a hablar en lenguas diferentes si nadie fuera capaz de captarlas? Es una concordancia, una verdadera sintonía semántica que se crea, que hace que cada uno lo exprese hablando en su propia lengua. No es posible lograr esa nueva etapa más que a través de su propia formulación verbal. Si el don de la palabra es innato y universal, el de hablar espontáneamente varias lenguas no existe. Pero puede crearse, en ciertas circunstancias, las aperturas comunes del diafragma auditivo y una disponibilidad que permita integrar los mensajes en un estado de entera <comunión>, según un proceso de perfecta <comunicación>. Es esta <puesta en común> lo que está en la base del fenómeno carismático al que nos referíamos antes, para terminar este capítulo.
3 - ¡ A las lenguas, ciudadanos !
Los baños en los que nos ahogamos
Asistí, hace veinte años, al mayor fracaso de los métodos de aprendizaje de lenguas <por inmersión>. Eso sucedió en Canadá, en Ottawa. Las autoridades decidieron introducir a los anglófonos en el francés y a los francófonos en el inglés. Se invirtieron sumas considerables para financiar esa operación que movilizó a la flor y nata de los lingüistas modernos – Harris y Chomsky formaban parte de ellos – y se utilizaron las técnicas mas avanzadas. ¿Qué sucedió? La gente oía cada día el francés o el inglés pero no lo escuchaba correctamente. A pesar de algunos progresos, se mantenían encerrados en sus costumbres.
Estamos
sumergidos en un baño lingüístico como en una piscina. Si no sabemos mover los
brazos y la piernas correctamente, nos ahogamos, sea
cual sea el color del agua o la forma de
¡ Cuántos padres que han enviado a sus hijos a pasar un mes en Inglaterra o en Estados Unidos y vuelven tan monolingües como en el momento de partir! La estancia en el extranjero no es <la> solución para aprender lenguas. Sucede lo mismo con la escuela a quien se pide a menudo que resuelva los retrasos de lenguaje, aunque éste no sea su rol. A un alumno no se le descubre como <dotado en inglés> por una visita relámpago a Londres. Ya es, en Francia, el primero de la clase en el curso de lengua británica.
A esos por otro lado no les encontramos nunca en nuestros centros, lo cual es una lástima, pues podríamos mejorar aun sus resultados. Situadles en Oxford o en Eaton, hablarán como la población local. Pero el que es refractario a las lenguas podrá hacer tantas estancias lingüísticas como quiera… ¡volverá con el mismo sombrero de asno!. He visto alumnos con exámenes perfectos en cuestiones teóricas, gramática y literatura inglesa que suspenden cada año en el oral pues no disponen del oído inglés. Se mantienen obstinadamente bloqueados, cerrados a cal y canto, en una única gama sonora (banda pasante) : la del francés.
Me acuerdo de un chico al que su padre me trajo, excelente alumno en general, pues suspendía todos sus exámenes de español. Su test de escucha me dio la llave del misterio : tenía un oído de inglés, muy rico en frecuencias altas y por lo tanto fuera de la gama sonora del español. Su voz viraba hacia lo alto todas las frecuencias españolas. Hablaba español como un inglés. Por lo que, como se puede comprender, no era el objetivo previsto por sus profesores que le privaban de sus buenas notas en cada una de las presentaciones orales. Pude corregir con facilidad la mira ya que un oído <alto> puede abrirse fácilmente hacia los bajos, conservando las frecuencias iniciales. Nuestro joven se puso a hablar perfectamente el inglés y el español. El inverso no es necesariamente así, pues los agudos son más difícilmente accesibles.
Los niños pequeños tienen la suerte de disponer de una plasticidad auditiva extraordinaria. Tienen un reflejo innato de adaptación y son capaces de adaptarse a todas las impedancias. Sin distorsión. Para ellos, no es necesario el baño o la poción mágica ya que de pequeños es como si todos hubieran caído <dans la marmite> (como Obelix). Cuando el medio familiar es naturalmente poliglota, por ejemplo con una madre alemana, un padre francés y una empleada española, lo peor sería impedir al niño circular libremente por ese medio de los diferentes ambientes acústicos. A condición de que los adultos se expresen en su lengua materna y que, de alguna forma, los baños no <estén polucionados>. El niño que tiene la suerte de vivir en ese babelismo natural comprende rápidamente lo que es un lenguaje : un instrumento que se puede cambiar a gusto según la música que se desea interpretar. Nunca los confundirá y colocará sus dedos o su boca de la forma correcta. Tiene la suerte de captar lo que, para un monolingüe, es lo más difícil de concebir : hablar ruso significa tomar el instrumento ruso. Cuando Mozart tocaba el órgano, tomaba el oído de un organista. Cuando tocaba el piano, el de un pianista. Sin dificultad, sin confusión.
Los pasaportes para las lenguas
Siempre he estado a favor del método que tiene el mérito de sumergir a los alumnos en las condiciones en las que la lengua se habla de verdad, con su humor, su imaginería, la cadencia de las frases.. que se tiene la impresión de estar verdaderamente en el país. Esa revolución (que tiene ya varias decenas de años) ha dado prioridad a la actividad lingüística y ha hecho revisar el estudio formal de la gramática, situando a los alumnos en una inmersión total, haciéndoles repetir frases cortas, vivas, adaptadas a situaciones concretas… El éxito tranquilo de ese método se explica en razón de su carácter natural.
Desde hace
algunos años, los <laboratorios de lenguas> están de moda. La expresión
ya tiene una base para seducir al cliente, y la utilización de material
sofisticado parece ser un elemento de eficacia y seriedad. Puede serlo sin duda
a condición de tomar algunas precauciones en el plano de la instalación
electrónica y electroacústica por una parte y del material sonoro a difundir
por el otro. Es evidente que una calidad mediocre del material comporta
obligatoriamente una degradación de
Del mismo modo, el profesor que prepara las cintas destinadas a los alumnos debe tener presente las distorsiones que puede provocar el magnetofón lector que va a transmitir el mensaje lingüístico al oído del alumno. El profesor de lengua podría personalmente relativizar el efecto de esas distorsiones por la excelente razón de que su cerebro corrige espontáneamente las imperfecciones cuando se vuelve a escuchar a si mismo. En efecto, el especialista no escucha lo que está oyendo : escucha lo que ya sabe. Pero el alumno no sabe nada, precisamente. La corrección de la información no está en su mano. Toma el mensaje tal cual, con sus alteraciones, sus utilizaciones, su empobrecimiento, los límites de la gama sonora (banda pasante), etc. Lo integra todo al revés, se orienta sobre lo que oye y acaba por estropearse el oído si se obstina en perseverar en ese tipo de desaprendizaje de la escucha.
Se deben utilizar magnetofones de gran calidad y grabaciones audiofónicas de buena calidad para el aprendizaje lingüístico. En algunos laboratorios de lenguas donde decenas de aparatos giran el mismo tiempo, es imperativa la necesidad de un mantenimiento técnico permanente para garantizar la calidad del mensaje transmitido.
Si se dan todas estas condiciones, se puede utilizar cualquier método de aprendizaje de lenguas en los centros que usen los procedimientos técnicos actuales : electrónica, informática, etc. Lo esencial es asegurarse de que el oído del alumno pueda abrirse a todas las frecuencias, toda la sutileza acustico-sonora de la lengua a estudiar.
A partir de ahí, se pueden emplear diferentes procedimientos : sofrología, fonética, conversación profesional, dinámica oral por teléfono, técnicas audiovisuales, videodiscos, etc. Todos los medios son buenos para entrar en el universo fantástico del aprendizaje de lenguas vivas. Sin embargo hay una condición : que se respeten las leyes neuro-psico-fisiológicas de la integración audio-lingüistica. Es ahí donde duele para algunos de los sistemas que no tienen en cuenta esos datos esenciales.
Aunque es verdad que todos nacemos políglotas, no es menos cierto que debemos tomar en consideración las íntimas relaciones que existen entre el oído, el lenguaje, el cuerpo, el medio sonoro del entorno y otros elementos determinantes que estudiaremos a lo largo de esta obra. Para expresar un pensamiento en una lengua determinada, hay que aplicar unas reglas precisas, que no es posible dejar de lado.
El pensamiento es políglota. ¿Por qué el hombre no ha de tener el mismo privilegio? A diferencia de las especies vegetales o animales, el lenguaje jamás muere. Se transporta, se adapta, muda, evoluciona. De esta manera, la lengua se sucede cada día a si misma. Tan inapreciablemente, que es necesario un largo periodo de tiempo para poder observar las modificaciones que sufre.
Las cepas del lenguaje
Como una pasta de modelaje. El lenguaje permanece idéntico a si mismo cambiando de forma. Cada estructura recuerda a la precedente, sin una ruptura real. En un largo intervalo, el nuevo vástago ya no se parece más que lejanamente al original. El latín, por ejemplo, no está muerto. Vive en Mallarmé o en D’Annunzio. Se ha transformado gracias al juego de las mutaciones consonanticas en francés, en español, en rumano, en catalán y otras lenguas provenzales. Incluso la lengua germánica, que parece muy alejada, comparte con él un mismo origen indoeuropeo.
La diferenciación de las lenguas no se debe a su naturaleza ni a su <alma>. Depende de ciertos factores como el medio, el entorno inmediato, la geografía sónica. Como sucede en los productos vinícolas. La cepa puede ser idéntica, los vinos según dónde esté plantada la viña tendrán un aspecto, un sabor o un color diferente en función de la tierra, la exposición, el clima, la vinificación, etc. El lenguaje plantado en un lugar se elabora progresivamente alrededor de una organización que tiene en cuenta numerosos parámetros, difíciles de separar nítidamente, con sus bucles de acción, de reacción, y contra-reacción. En resumen, en esa gran red, múltiples circuitos cibernéticos se establecen de forma que todo interfiere de manera aparentemente inextricable.
Los grandes lingüistas hablan varias lenguas, algunos de ellos varias decenas de lenguas. Disponen de una capacidad de escucha fabulosa, aunque no hablan nunca de ello puesto que les parece que esta actividad es natural. Los indios de Asia han sobresalido en el análisis del sonido, como hemos mencionado anteriormente. Consideraban su lengua, el sánscrito, como algo sagrado y establecieron conexiones fonética muy complejas que obligaban a que cada palabra conservara ad vitam aetenam la misma pronunciación para proteger sus valores semánticos. Una lengua, por muy rica o muy bella que sea, no puede permanecer aislada. El sánscrito se esclerotizó y murió de muerte natural. Lo que sin duda también le sucedió al griego antiguo que rechazó a muerte integrar cualquier palabra bárbara. Ese fenómeno es tanto más sorprendente por cuanto los griegos, grandes viajeros, estaban constantemente en contacto con otras civilizaciones y que seguramente hablaban también sus lenguas. Así Herodoto, en toda su obra, nunca utilizó más de dos o tres palabras egipcias o medas.
Algunos
siglos más tarde, Dante, en su Divina Comedia, tuvo la brillante idea de
permitir expresarse en su propia lengua a los condenados o a los
bienaventurados que llenan su obra. Nos ha dejado un magnífico mapa lingüístico
de la Italia de finales de
La más ridícula serie de onomatopeyas significa ya algo y propulsa al que la pronuncia hacia una dimensión fantástica que le permitirá evacuar un pensamiento. Tomemos como testimonio a un bebé que se dirige patosamente a su madre para pedirle algo para beber o comer. A través de ese simple mensaje pasa un flujo de amor, de afecto… y de comprensión. Los dos están en la misma longitud de onda.
El poliglota
no se contenta con <hablar> varias lenguas. Utiliza su cerebro, su
cuerpo, su vestíbulo, su oído en función del captor auditivo local. Al entrar
en otra lengua, cambia de piel, adquiere expresiones lingüísticas que son al
mismo tiempo actitudes, movimientos y comportamientos <extralingüísticos>
pero inducidos por
Por razones
profesionales, hace unos treinta años, un día me encontré en España sin saber
ni una palabra de
En mi última estancia en España donde daba cursos de formación, mi oído resbaló en el molde castellano. Al llegar a mi casa, en París, me di cuenta de que no había cambiado de registro. Escuchaba <a la castellana>. No había vuelto a entrar en mi lengua de costumbre, es decir en la escucha a la <francesa>. Me había vuelto español. Necesité algún tiempo para volver a mis referencias y descubrirme así como mi propio interprete.
Para un músico de la talla de un Mozart, no había ninguna dificultad en pasar del violín al piano, pero para los demás mortales en su lengua o su instrumento tienen grandes dificultades para pasar de uno a otro. Se farfulla ante la necesidad de cambiar los mecanismos de aprendizaje, la estatura y la gama sonora (banda pasante). Uno se oye hablar atropelladamente o desafinar.
Tuve la
oportunidad, en un encuentro internacional organizado por la UNESCO en los años
60, de desarrollar este punto de vista ante un grupo de intérpretes. Nadie me
creyó. Uno de ellos, el más brillante, que hablaba ocho lenguas, se mostró
particularmente agresivo espetándome : “su truco, es
un bluf”. De alguna forma, puesto que la lengua y el soplo están relacionados,
me dio
Un pianista
célebre trabajó en nuestro departamento de música durante un tiempo. Ese
virtuoso conocía a fondo todo lo que había sido compuesto para su instrumento
predilecto. Me explicó un día que Chopin era para él un misterio. El compositor
romántico siempre decía que para interpretar sus piezas era necesario “tocar en
el viento”. ¿Pero a qué se refería? ¿a la ligereza de
la ejecución? Salí del apuro como pude
diciéndole que tal vez el viento significaba “el espíritu”, lo que su curva de
audición le permitía captar. Quiso saber más y se metió en un proceso didáctico
a lo largo del cual escuchó Mozart en sonidos filtrados durante horas y horas.
Tuve la sorpresa de ver a ese hombre mayor rejuvenecerse diez años y
enderezarse, tomar una postura más extendida. Luego se puso a estudiar Chopin y
me explicó que por fin había comprendido el sentido de esa expresión
misteriosa. Oía Chopin como nunca antes lo había percibido. Cuando tocaba, ya
no era el piano, ya no era el ejecutante de la obra, ni tan solo el artista. Se
había convertido en
Un día, en Strasbourg, asistí a la ejecución de un < concierto para piano y orquesta > de Beethoven por un joven pianista excepcional : Christian Zimmerman. Tenía unas localidades muy bien situadas en esa sala de mil personas y podía seguir de cerca el juego del músico. El instrumento, la técnica pasaron rápidamente a un segundo plano : era la música lo que sobresalía. Zimmerman ya no estaba ahí. Debía producirse el mismo fenómeno cuando Beethoven o Mozart tocaban. Con un “plus” sin embargo : los dos maestros que eran los compositores de sus obras se permitían variaciones prohibidas a Zimmerman o a cualquier otro instrumentista. Estas grandes obras han quedado congeladas, fijas, como una bella arquitectura, pero en su época, la interpretación de esos creadores no tenía este tipo de limitaciones y rebasaban sus límites.
Lo más difícil, en el aprendizaje de las lenguas al igual que en el del lenguaje verbal, no es el aprendizaje sino atreverse a lanzarse. El niño no aprende la gramática para hablar, pero nosotros los adultos, tenemos resistencias que a menudo toman la forma del miedo al ridículo. Nadie, a decir verdad, nos ha preparado para ello. Los cursos de pronunciación o de fonética desagradan a los más motivados. Todas esas listas de palabras aprendidas de memoria, durante años. ¿A dónde nos han conducido? ¿Nos inician verdaderamente en la música, es decir a aprender a amarla, contentándonos en encadenar gama tras gama? No, en uno y otro caso, es un cambio de actitud lo que hay que hacer. Situad vuestras manos sobre el teclado y tocad los diez o quince acordes que sepais. En un proceso similar, lanzaros en la lengua, aunque no poseáis mas que 800 palabras y un puñado de reglas gramaticales.
Por otro lado es exactamente lo que hacen los niños para <entrar> en su lengua materna. No aprende la gramática ni el vocabulario : habla. Juega con los sonidos. Si le cuida una chica española durante el día, se familiarizará con una u otra lengua sin confundirlas. A los dos o tres años, hablará con su cuidadora como un niño español de esa edad y con sus padres en un francés totalmente normal.
Pero nadir le enseña la sintaxis, ni la lista de las excepciones gramaticales, y se equivocará de canal auditivo y de gama sonora el día en que la chica, pensando que hace bien, se ponga a hablarle en francés con un acento español. Es por eso que siempre aconsejo a los padres que se encuentran en ese tipo de situaciones y que son cada día más numerosos, que expliquen a la cuidadora de sus bebés que debe expresarse con ellos en su lengua de origen. El niño no debe ser para ella un repetidor pasivo o un testigo de sus progresos en francés. El niño puede sufrir un retraso de lenguaje y la cuidadora no encontrará ningún interés en esta situación. Se constata el mismo fenómeno en algunas empleadas del hogar de cierta edad, que acaban por perder su lengua materna sin hacer ningún progreso en la lengua del país de acogida.
Sucede lo
mismo cuando el niño es fruto de una mezcla lingüística. Será un híbrido sin
realidad lingual si los padres no toman la precaución de hablar en su propia
lengua. Un desgraciado prejuicio ha bloqueado ese modo natural de transmisión
bajo el pretexto de favorecer el aprendizaje de una sola lengua. Se sabe ahora
que cada idioma tiene sus características propias y que el niño en busca de
lenguaje está perfectamente capacitado para diferenciarlas. También es capaz de
absorber varios mensajes provenientes de étnias diferentes. La madre puede ser
eslava y el padre francés por ejemplo. Si el niño cotidianamente disfruta de un
embebido eslavo por la voz materna y francés gracias al habla del padre, sin
duda hará malabares entre los dos tableros de juego para dar salida a su
pensamiento. Pero si, por desgracia, uno de los padres empieza a utilizar la
lengua de su pareja, aunque lo haga correctamente, el niño ya no podrá dispatcher las formas lingüísticas
específicas de cada una de las dos lenguas. Y por ello tendrá dificultades de
aprendizaje con respecto a una y
Existen cerca de 5.000 lenguas para expresar el pensamiento y el instrumento corporal tiene mil formas de adaptarse al lenguaje. Por otro lado, nuestras sensibilidades nos ofrecen una infinidad de maneras de reaccionar y nuestro cerebro dispone de 15 billones de células. En el niño el deseo de dar salida o de expresión del pensamiento es tan fuerte, toma formas tan diversas, que le empuja a hacer progresos lingüísticos que sorprenden día a día a todos los padres del mundo.
Cada pensamiento emitido, cada palabra pronunciada tiene sus respuestas propias… como lo comprobó involuntariamente Mac Guigan que se divertía colocando electrodos por todo el cuerpo del paciente con la esperanza de verificar el lenguaje sobre tubo catódico. Los resultados fueron impresionantes : siguiendo de cerca a un individuo, que conocía bien, este investigador visualizaba las respuestas nerviosas que producía su cobaya cuando él pronunciaba una palabra. Aún más sorprendente : Mac Guigan era capaz de saber lo que su paciente leía en silencio solo estudiando sus respuestas motoras. Desgraciadamente, con cada nuevo paciente, el sabio veía hundirse su sueño imposible de encerrar el pensamiento en una fórmula matemática : dos seres producen respuestas totalmente diferentes. No hay leyes universales a ese nivel ¡Por suerte! Cada uno tiene una utilización específica de su cuerpo y puede poner su <cristal orgánico> en forma de una manera personal para acceder a tal o cual lengua. Pero los pensamientos que nos inundan no tienen <carne> : nadie puede comprar su título de propiedad. Se dan para dar salida y <informarse> es decir ponerse en forma con el objetivo de comunicación.
Ese deseo de comunicar hace cambiar nuestros hábitos y hace que logremos adaptarnos incluso a los países más alejados de nuestra cultura. Yo pasé tres semanas en Arabia Saudita sin hablar ni una sola palabra de árabe. Pero al final de nuestra estancia, lograba descifrar el grafismo de los periódicos del país y comprender algunos trazos. Claro que habría sido bueno continuar para avanzar. En Grecia, necesité aún menos tiempo, dados mis recuerdos de los estudios clásicos. Cuando voy a Africa del Sur, yo sé si el traductor se equivoca al pasar del francés al afrikan. No soy un políglota excepcional y este testimonio no sorprenderá más que a los que no han salido de Francia.
El lenguaje se abandona a la economía del medio. Aquellos que tratan de resistirse a ello se encuentran fuera de tono, tan desestabilizados como las monjas queriendo canta en recto tono en una composición que no está en la misma tesitura. Un aria de Schumann varía según sea cantada por un tenor, un barítono o un bajo. El texto y la partitura son los mismos pero son tratados por instrumentos vocales tan diferentes como pueden serlo un violín y un violoncelo. Colocad a una orquesta en una sala insonorizada, los músicos no pueden tocar. Transportadlos a otro país o incluso a otra ciudad: tocarán de manera diferente.
El oído dispone de territorios lingüísticos como un receptor de radio tiene bajo su control diferentes frecuencias y longitudes de onda. Suprimid o desplazad la gama sonora de un niño francés, será incapaz de escribir tres líneas sin multiplicar las faltas de ortografía. Este es el origen de la dislexia, de la disgrafia, de la disortografía y de todos los “dis” del mundo, desordenes que tienen repercusión de tipo psicológico y que tienen su origen en un problema auditivo. El niño disléxico no oye el francés. El mensaje que recibe es incompleto. Paquetes enteros de lenguaje se le escapan. Más se le habla, más tiempo necesita para interpretar.. y menos comprende. Cuando necesita escuchar y dialogar, pierde rápidamente sus referencias y se refugia en un peligroso aislamiento, con todos los riesgos de dificultades escolares y luego psicológicos que provoca esa actitud. Un niño mal <calzado> en su frecuencia lingüística no recibe nunca la traducción corporal correcta del sonido, y aún menos la de la letra.
La dislexia es una disfunción del lenguaje. Funciona de forma totalmente diferente del analfabetismo. El analfabeto es aquel que no aprende nada o que no ha aprendido nada. Eso no es un defecto, es un estado. Un analfabeto puede tener un oído excelente e incluso hablar varias lenguas, como mis abuelos que no tenían ningún interés por aprender a leer y escribir pero que podían mantener con facilidad una conversación en italiano, piamontés, romañol o nicés.
Algunas regiones han conservado durante siglos la misma lengua. Así, el sánscrito continua siendo hablado en Lituania. Tal cual o casi. ¿Por qué? Sería interesante hacer un estudio para desvelar ese enigma. En todas partes, el sánscrito está catalogado como una lengua muerta y enterrada desde hace tiempo. De hecho las lenguas no mueren jamás. No hay una constatación de muerte de ninguna de ellas. Continúa en aquella que la ha reemplazado.
La expresión <lengua muerta> es suficiente para desanimar a los alumnos más motivados a lanzarse al aprendizaje de lo que antes se llamaban lenguas clásicas. Nadie les explica que el griego y el latín constituyen la trama y la urdimbre viva de la lengua materna, que son sus generadoras, tan interesantes para estudiar como la genética para comprender el cuerpo humano.
El Assimil latino, escrito por el Padre Basile, ha intentado evitar ese peligro esforzandose en presentar un método en el que la lengua de los romanos en la época de su mayor esplendor se enseña como si la hablaran aun hoy al pié del Capitolio. Comprendo muy bien que un adolescente no quiera quitarse los cascos de su walkman para estudiar las declinaciones y la regla del gerundio, como hacíamos en nuestra época tragándonos la gramática, sin embargo fabulosa, de Goelser. Estamos tan lejos del latín, tal como era, que nos preguntamos como lograba entenderse esa gente ¡y no solo en los actos más simples de la vida! .
Y sin
embargo, no había ninguna separación entre esa lengua aparentemente tan
sofisticada y el acto de
Yo enseñé
como aprender latín a alumnos que no tenían un buen nivel. Les pedía que
tomaran un texto simple, la Conjura de
Catilina de Sallustre por ejemplo, una obra que se estudiaba antes desde el
tercer curso y publicada por Hachette en la colección de la traducciones
llamadas <yuxtalineales>. Tenían en su libro dos tipos de traducción. La
primera, literaria, estaba situada bajo el texto original; la segunda, llamada
<yuxtalinear>, estaba en la página a su derecha y hacía una correspondencia
palabra por palabra, o más bien bloque a bloque. Les pedía que no tuvieran en
cuenta ni la una ni
Les pedía que leyeran en voz alta la primera frase. Una vez, dos veces, tres, cuatro… hasta que hubieran encontrado el equilibrio exacto y la cadencia correcta. A la mañana siguiente, pedía a uno de ellos que escribiera la frase en la pizarra pronunciándola. Si el resultado no era satisfactorio, el alumno volvía al ejercicio precedente. Al cabo de un mes, la clase leía el texto de la Conjura de Catilina tan fácilmente como un joven romano en vida del emperador Augusto. Las palabras, en su voz se agrupaban espontáneamente entre ellas. Respetaban la dinámica de la frase, con sus elevaciones principales, con sus añadidos exteriores y su verbo que daba sentido al conjunto. En resumen : habían entrado en la lengua.
Yo había
aprendido en buena escuela, de un profesor que tengo siempre presente en mi
memoria, el señor Barbaroux. Éste, lo que era bastante corriente en la época,
no se contentaba con ser un as del tema y de la versión :
hablaba de forma corriente latín y griego. Cuando me dirigía la palabra en la
lengua de Ciceron, le comprendía, podía casi dialogar con él, lo que hacía reír
al resto de
Lo que mata
el aprendizaje de lenguas es, de alguna manera,
En el siglo
XVII, los <grandes gramáticos> retomaron de arriba abajo el estudio de
Ser poliglota, es natural
Las lenguas no mueren jamás, hemos dicho antes. Evolucionan. Y, por este hecho, somos políglotas. Cada palabra es el fruto de una lenta evolución. Ha cruzado fronteras, ha sido utilizado por pueblos de lo mas diversos. En el uso cotidiano que hacemos de ella, solo aparece la parte superior del iceberg. No vemos mas que el pequeño trocito que aparece a través de unos binoculares. El resto se nos escapa. Pero lo demás no ha desaparecido. En profundidad, todo está engramado, genéticamente perceptible. Es por eso por lo que el cuerpo reacciona a veces tan fuertemente al lenguaje. Una palabra puede matar, hacer sonreír, provocar sudores fríos, tranquilizar… Vuelve a circular siempre por los mismos circuitos neurológicos, aportando una cantidad de información que nos sobrepasa y que nuestro pobre capital lingüístico no sabe utilizar en profundidad. El tímpano, receptáculo ultra-sensible del lenguaje, y el músculo del estribo están efectivamente inervados sensitivamente por el parasimpático. Una palabra dejada en el espacio penetra no solamente en el sistema nervioso gracias al aparato auditivo sino que circula igualmente por todo el sistema neurovegetativo. ¡ Qué viaje mas fabuloso !.
Una palabra es un objeto sonoro cargado de valores semánticos y emocionales, que contiene un sentido oculto y es portador de una imagen del cuerpo.. incluso si escapa a nuestra comprensión a veces. Una palabra nos hace reaccionar de diferentes maneras en función de la manera en que se pronuncia, de la naturaleza del que lo expresa, de su lateralidad, del lugar de emisión. Algunas palabras pasan por encima de la cabeza y nos dejan de mármol, otras nos llegan en plena cara, algunas otras nos llegan al corazón o nos cortan las piernas… El discurso que el otro nos dirige es una caricia o una ráfaga de metralleta. Como en el tiro al pichón, hay muchas dianas.
Me temo que a menos que seamos atacados un día por los marcianos, no lleguemos a considerar al que habla en otra lengua como un extranjero, y en consecuencia una amenaza potencial. ¿Qué peso tiene la diversidad de lenguas en relación a la identidad del pensamiento? ¿Cómo hacer comprender esa idea tan simple a las poblaciones comprometidas en esas guerras lingüísticas, a menudo fratricidas?.
Desgraciadamente, cuando se aborda el problema lingüístico, incluso en las condiciones menos extremas, los interlocutores se sienten puestos en cuestión en el trasfondo de sus sistema nervioso. ¿Se les pide que aprendan o que toleren otra lengua? Temen entonces perder su libertad. Se sienten inmediatamente afectados en el ejercicio de un derecho. Cambiando de lengua, temen dejar de existir. Pero la lengua original ¿no es una boya o baliza de salvamento? ¿Se puede considerar como la única referencia de una vida? Esa idea de agarrarse a un solo valor lingüístico siempre me ha parecido muy obsesiva y particularmente arrasadora, como si el hombre pudiera decidir no vivir más que a ras de suelo (ne vivre qu’au ras des pâquerettes). Todos podemos constatar que cambiando de lengua, se enriquece el pensamiento y progresa. El individuo no queda privado de su identidad. Le da una nueva dimensión, hablando en otro registro lingüístico.
He vivido de cerca la crisis que confrontó en Canadá a dos hombres de mucho valor: el anglófilo Trudeau y el francófilo Lévesque. Trudeau era completamente bilingüe. Tenía la misma facilidad de expresión en francés que en inglés… al igual que Lévesque, que ante sus electores de Quebec pretendía lo contrario. Había hecho sus estudios con Trudeau, en Estados Unidos. Pero no le gustaba que le recordaran ese episodio de su vida. Peor aun : se las ingeniaba incluso para hablar en un espantoso americano cuando estaba obligado a hablarlo. Esa actitud siempre me pareció extraña. ¿Cómo podían los 5 millones de francófonos ignorar a los 125 millones de anglófonos que viven a su alrededor.. querer imponer la práctica de su lengua minoritaria? Los amigos de Levesque presentaban el aprendizaje del inglés como un abominable esfuerzo que se les quería imponer. ¿Por qué no considerarlo como una oportunidad fabulosa de ver el mundo bajo otra faceta gracias a otra lengua?
El hecho de
abandonar algunos hábitos lingüísticos nos permite revelarnos a nosotros mismos
bajo un nuevo día, de convertirnos en multiformes. Nuestra alma no cambia.
Cambiando de ángulo, se encuentra un modo de afinar su expresión. Entre el
inglés y el francés, las diferencias son enormes. La lengua de Shakespeare, en
razón de su curva y de su pendiente, está de forma natural atraída por
Un año, habíamos organizado nuestro congreso internacional en Amberes. En la sala estaban presentes flamencos y valones. Por respeto a mí, como no hablo su lengua, los flamencos me escuchaban. Pero cuando uno de ellos tomaba la palabra, los francófonos belgas abandonaban la sala de reunión. Y cuando un valón hablaba, los otros, flamencos, se levantaban de su silla y se iban. Esa actitud era todavía más inesperada por el hecho de que una y otra de esas poblaciones eran perfectamente bilingües.
Un amigo belga francófono dentista me explicó que cuando curaba a un flamenco, siempre le explicaba sus problemas en su lengua de origen, incluso sin preguntar si le entendía, pero en el último momento, cuando la fresa se acercaba peligrosamente a su muela siempre decía en un francés impecable : “no me va a hacer daño, ¿verdad doctor?”.
En Francia no nos quedamos atrás en esa tontería de la incomprensión lingüística. No hemos dudado en humillar nuestras hablas regionales considerándolas como <enemigos> del francés. El bretón ha acabado por desaparecer pura y simplemente de nuestra historia. Ahora bien, acabamos de descubrir que esa lengua considerada como bárbara, venía directamente del sánscrito antes de mezclarse con el galo y otros elementos todavía desconocidos. Esa lengua contiene una memoria prodigiosa. ¿Por qué impedir a los bretones hablarla al tiempo que el francés?.
Por otro lado ¿por qué no ser de manera natural políglotas? Saussure hablaba 15 lenguas diferentes, todas de origen indoeuropeo. El inventor de la lingüística moderna conocía la clave que permitía pasar de una a otra : sus famosos canales fonológicos, a partir de los cuales Troubetzkoi hará más tarde su teoría. El armenio, el griego, el rumano.. todas esas lenguas se remontan a la misma fuerte. Pasando de un canal a otro, volvemos a encontrar las mismas raíces. Por el contrario, el cuerpo, la actitud y la expresión lingüística, modelada por los diferentes filtros acústicos de esas lenguas, no serían los mismos.
A lo largo de la preparación de este libro, entre abril y mayo de 1990, fuimos con mi esposa, a los centros canadienses, americanos y africanos del sur que aplican nuestro método. Fue para nosotros una ocasión más para sumergirnos en esos baños lingüísticos y comprobar si nuestro oído continuaba nadando tan bien como siempre.
No había estado en Africa del Sur desde hacía once años. Así que pude darme cuenta de que muchas cosas estaban cambiando allí, especialmente en el plano lingüístico que representa uno de los mayores problemas de ese país. Las autoridades en el Gobierno habían empezado un programa de integración y asimilación de las lenguas bantús. ¡Lo que no es tarea fácil! En el pasado, los negros, para encontrar trabajo, estaban obligados a hablar inglés o afrikans. Hoy, se han establecido programas para incitar a la población de origen blanco a hablar 3 lenguas bantús. Pues hay por lo menos 10 y tan diferentes una de otra como puede serlo el chino del belga. Paralelamente, se ha propuesto a la población negra programas de educación lingüística para comprender a sus colegas de otras tribus.
La dificultad
estriba en que entre esas lenguas hay poca relación. Personalmente, logro
identificar algunas por el timbre de
Esta situación se explica por la historia de Africa del Sur. En un principio no había ni un solo habitante en el Transvaal, ni negros ni blancos. Son estos últimos quienes se instalaron primero y atrajeron a las poblaciones situadas más al norte deseosas de encontrar un trabajo. No es un secreto para nadie : Africa del Sur está en un momento decisivo de su historia. La población negra, ya mayoritaria, aumenta considerablemente y supone un problema sociocultural que ahora adquiere mayor importancia. Pero las nuevas autoridades blancas se han comprometido en una línea correcta. Creo que los observadores honestos lo reconoce. A nadie le interesa ver a este país palidecer bajo un drama de tipo camboyano.
Entre esas poblaciones negras, no todo es fácil. Regularmente, la prensa constata la relación de muertos que conllevan sus incesantes guerras intestinas. El mayor problema ha sido aislar a la población zulú de sus compatriotas durante décadas. Ese pueblo guerrero ha diezmado así a los Hottentot, de los cuales no quedan mas que algunos ejemplares… en el museo del hombre de París. Ahora los zulúes atacan a los bosquimanos en la parte alta del Transvaal. Éstos últimos representan también para el conjunto de la humanidad un verdadero tesoro : nos permiten recrear una imagen de nuestro lejano pasado, en la época en la que todavía no habíamos logrado la posición vertical totalmente. Para huir de las masacres esta población de 200.000 individuos, totalmente inofensivos y a quienes se ha dibujado perfectamente en la película : Los dioses han caído de cabeza o están patas arriba están prácticamente aislados del resto del mundo.
Inmigración : el obstáculo de la lengua
Los inmigrados son a menudo víctimas de un verdadero desenraizamiento lingüístico que los deja completamente desprovistos en el plano de la expresión y que agrava sus problemas de integración. Hace muchos años conocí, en Niza, a unos obreros italianos que no lograban aprender francés. Progresivamente, habían cortado los puentes con su lengua materna y farfullaban una especie de onda compuesta de restos de italiano y algunos trocitos de lengua local. La mayor parte del día estaban sin decir nada. Cuando se expresaban, era para decir cosas sin importancia en un lenguaje mínimo que solo los de su entorno más próximo podía comprender. Les veía a veces poner en un papel algunos signos que solo ellos podían descifrar y que no iban mucho más allá.
Por el contrario, como ya los hemos dicho, el analfabetismo no es un obstáculo para el aprendizaje de las lenguas. La cantidad de personas que no saben leer ni escribir es considerable. Sin embargo no por ello están privados de la posibilidad de hablar varias lenguas. La alfabetización no hace subir ni bajar la tasa de polilingüismo. Éste es practicado por las personas que sienten esa necesidad, por causa de su situación geográfica, social o económica. Antes, solo se necesitaba poder expresarse oralmente, lo demás no importaba. Hoy un políglota completo debe someterse a las leyes de la lectura y la escritura, esa invención tan reciente representa un fabuloso recordatorio y un modo de expresión indispensable. Hasta tal punto que aquel que no lo domina se encuentra en una situación de limitación.
En el caso de
la inmigración, estamos confrontados a unas comunidades marginadas del conjunto
de la sociedad que acaban por perder su propia identidad. Eso ya sucedió con
los italianos antes de
Esta
situación es lastimosa para toda
Pero, hoy día, veo muchos jóvenes norteafricanos muy cómodamente instalados en el francés que han acabado por rechazar el árabe, un poco como los bretones hace ya algunas generaciones que accedieron al francés perdiendo la práctica de la lengua de sus padres. ¿Eso es verdaderamente un éxito? En el plano de la simple integración - que exige varias generaciones - puede serlo. Pero esos jóvenes, abandonado la lengua de sus padres, han perdido una parte de ellos mismos. Una obra de teatro irlandés que hicieron hace poco en París tenía por título “si pierdes tu lengua, pierdes tu alma”.
La lengua se ha convertido, en ese contexto histórico particularmente difícil, en el símbolo de una opresión. Cuando era pequeño, recuerdo haber asistido a la llegada, cerca de Niza, de decenas de familias italianas huyendo de la dictadura de Mussolini. Su desagrado por ese régimen era tal que de un día para otro dejaban de hablar su lengua de origen. Pero, por ese mismo hecho y situación, no tuvieron la posibilidad de integrarse en la sociedad y en la lengua francesa. Haciendo eso, tiraban al bebé con el agua del baño y vegetaron toda su vida en un caldo italo-franco-nicés que les separaba de ellos mismos y de sus hijos. En efecto, éstos, por razones de su escolarización, lograban comprender perfectamente nuestra lengua con una visión crítica de las posibilidades de comunicación que su familia les ofrecía.
El ejemplo de Canadá nos tiene que hacer reflexionar.
Allí, los inmigrantes, una vez han sido aceptados en suelo norteamericano, siguen una serie de cursos y de conferencias en las que aprenden a ser canadienses. Durante ese período, se inician en el francés o en el inglés, en función de la región de acogida y, sobre todo, se les explican las leyes del país. Venga de Japón o de Túnez, el inmigrante cambia de ciudadanía. Eso me parece esencial.
En Canadá
todo extranjero que llega al territorio es <canadatizado>. Durante seis
meses, va a seguir con toda su familia cursos de lengua y de civismo, los dos
pasaportes indispensables para la vida social. Luego, si lo desean, pueden
quedarse con los miembros de su comunidad pues, en Canadá, hay ciudades
caucasianas, ukrainesas, italianas… pero cada uno de los habitantes conoce
suficientemente inglés o francés como para mantener una relación con el
conjunto de
La situación francesa en el plano lingüístico presenta por el contrario numerosos inconvenientes. Los inmigrados llegan a Francia en condiciones deplorables. Ningún poder político quiere afrontar las cosas. De ese modo asistimos a las inadaptaciones socioculturales extremamente graves. Los contactos entre las generaciones de diferentes étnias no parecen poder realizarse. Aunque sería fácil, con los métodos actuales de integración lingüística, ponerles en la misma longitud de onda. ¿Por qué dudamos en movilizar las tecnologías punteras capaces de suavizar las tensiones entre los diferentes pueblos? ¿por qué? ¿por qué?.
Terminamos este capítulo con esa pregunta dramática. Con esa llamada urgente acabamos ese alegato a favor de un polilingüísmo de derecho, capaz de abrir la puerta de la comunicación entre los pueblos. ¡A las lenguas, ciudadanos!.
4.- Paseo
acústico por la Francia profunda
A lo largo
del año 1977, Frédéric Duchateau me pidió si quería participar en una serie de
emisiones de radio en
Este paseo por
Valognes y la peninsula de Cotentín : se puede
escuchar el inglés.
Las grabaciones efectuadas en la peninsula de Cotentin, país natal de un escritor al que hago referencia a menudo, Barbey d’Aurevilly, revela un oído extremadamente fino en la parte frecuencial elevada. Por contrarreacción, la locución es extremadamente timbrada, modulada, fluida, con un tiempo de latencia corto y una pendiente muy ascendente. Tuve la impresión de oír a los ingleses hablar francés. Los fonemas pronunciados por la gente de la comuna de Saint Sauveur, por ejemplo, parecen resbalar fonéticamente hacia una especie de diptongación, sensible especialmente en las “ai”. Nadie dice “travail” sino “travaïl” con una pronunciación muy anglicanizada.
La literatura
de esa región nada en un clima insular, con una impresión de tedio, de ola al
alma y una búsqueda de la mar, una nostalgia permanente de
Barbey d’Aurevilly es la gloria literaria del Contentin. Influido más que otros poetas de su época por el dandismo, se aventuró a hacer la conquista de París. Pero al instalarse en la capital, tuvo dificultades para imponerse, no vivió ni escribió más que a través de su Normandía natal, curiosamente. Por mucho que viviera en un apartamento parisino, evocaba su pueblo que nunca dejó. Progresivamente, empujado por su habla hacia las cimas del espíritu, se convirtió en más monárquico que el Rey, más cristiano que Dios mismo y se lanzó a una búsqueda típica de los insulares. Se sentía atraído por lo maravilloso, pero terminó por hundirse en los bajos fondos de su vida parisina.
Toulouse : un acento “radical”
Me gustó mucho volver a Toulouse, esa ciudad en la que viví algunos años durante mi infancia. El acento es claramente característico, con un tiempo de latencia muy rápido. Recuerda al de Carcasona más que al de Burdeos y establece una continuidad con el oído español, como si el Reino de Aragón todavía existiese. Pero la lengua de Toulouse tiene una gama sonora más amplia que la de sus vecinos de Burdeos, de Agen o de Carcasona. Mas amplia y mas ascendente. Un poco como un oído italiano de tipo napolitano. Por otro lado, como todos saben, todo el mundo canta en Toulouse. De niño tenía que cruzar a menudo las viejas calles alrededor del Capitolio y me sorprendía con unas voces que habrían podido salir de la ópera, pero que salían de cualquier persona mientras se ocupaba de sus cosas. La música formaba parte del aire. Me acuerdo de un relojero que habría hecho palidecer a cualquier tenor. Cada mañana estaba en su taller con un monóculo en su nariz, ocupado reparando relojes mientras cantaba grandes arias que sabía de memoria.
El contenido de las conversaciones y la manera en que los habitantes de Toulouse se expresan son totalmente típicos, muy meridionales. A todos les gusta hablar de su ciudad, debatir problemas políticos. Las decisiones del gobierno son sistemáticamente criticadas, todo el mundo tiene su propia opinión sobre el transporte público o la canalización de las aguas. Los habitantes de Toulouse revelan su carácter de “radicales” natos. Con una gran libertad de expresión, no dudan en decir francamente lo que piensan, especialmente de la gente de la capital con quienes están en gallarda oposición, una actitud que puede muy bien remontarse a ¡Simon de Montfort!.
No puedo
evitar dar una explicación psicolingüística a ese comportamiento tan
particular. Más que en otras regiones, el franco-francés les ha sido impuesto,
arrasando una lengua adaptada a las condiciones acústicas locales. Esa lengua
muy antigua, muy rica, muy cultivada que hacía cantar a los trovadores asoma
siempre en su acento, pero el desastre está hecho, colocando a los hablantes en
un desequilibrio en relación a su manera de ser. Los habitantes de Toulouse tiene la palabra fácil de todas formas. Siempre dispuestos a
criticarse, diciendo de ellos mismos que tienen todos los defectos de
Su truculencia, el aspecto juguetón de su discurso y su expresión tan libre me divierte mucho. Se interesan por todo lo que les rodea y presentan una visión del mundo a la vez subjetiva y profunda, Pero lo que siempre me ha dejado perplejo es que el futuro no les concierne. Parecen poco deseosos de proyectarse hacia el futuro, un poco como para el español para quien todo se reduce a hoy, y a veces mañana. Por lo demás, parecen decir <eso no es asunto nuestro, eso depende de lo que haga el gobierno, el alcalde> siempre los demás, nunca ellos. Eso explica el número de políticos de oposición que esta ciudad ofrece al país, una oposición constructiva, muy social y muy próxima a las preocupaciones de la gente, reivindicativos de una autonomía en el seno de la democracia.
En cuanto a
su manera de hablar, es muy rápida, cantante, muy viva. Tan viva que están
obligados a repetirse para no perder el hilo de su propósito en un caudal
ininterrumpido. Así, su discurso se estira en una continuidad en bucles que se
presenta en pequeños paquetes, separados unos de otros por la repetición en
cascada de frases hechas o que retoma el último elemento de su conversación:
<no puedo decírselo, yo.. no
puedo decírselo, decírselo…> o bien, en otra grabación : <comprenda que
es difícil de decir, muy difícil de decir..> Van tan rápido que no encuentran
el modo de expresión que corresponda a su pensamiento. De este modo están
obligados a llenar el vacío, como un locutor de radio pillado en un imprevisto,
el tiempo de restablecer el curso normal de la antena y adecuar el pensamiento
a
Barbizon : la influencia del bosque
Al descubrir
las grabaciones realizadas en Barbizon, célebre ciudad de pintores situada en
pleno bosque de Fontainebleau, tuve muchas dificultades para diferenciar la gama
sonora del lugar con
¿Es por casualidad? Me sorprendió la calidad de las voces de la gente mayor que pude oír. Superaban ampliamente los setenta años. Eso demuestra que habían conservado una buena audición en ese medio acústico muy resonante a causa de la proximidad del bosque.
Les Sables d’Olonne : unos pueblos en los que
campea su dialecto
En toda la región de las Sables d’Olonne, el dialecto continúa muy vivo. En esta pequeña región situada al sudoeste de la Vendée y delimitada por la zona pantanosa localizada alrededor de Challans, hay una profunda identidad cultural y un acento muy característico. Persisten entre los pueblos unas querellas lingüísticas y socioculturales muy vívidas. El <habla> de La Chaume, ciudad situada a unos centenares de metros de las Sables pero separada de ésta por un estuario, no tiene nada que ver con su vecina más próxima. ¡Cada una quiere guardar su distancia!.
Dos pueblos
separados por unos
Encuentro una curva bastante próxima a la de los Bretones de cerca de la costa, aunque con algunos matices. La gama sonora es idéntica, las pendientes más abruptas en la parte alta, y el tiempo de latencia más largo. Aunque nos encontramos con gente que, para hablar, se ven obligados a esforzarse un poco más, se les escucha ejerciendo un cierto apoyo, bastante potente para enseguida soltar rápidamente el resto de su frase. En ellos hay también una precipitación, una vez que han llegado a su tasa de tensión, es decir que la presión subyacente respiratoria, muscular, laringea y la preparación de todo el aparato fonatorio se ha dispuesto para cumplir su misión. Los habitantes de la región de la Vandée, muy discretos en su manera de hablar, dicen que están condenados a esforzarse, “a gritar”, según dicen. Esa presión se ejerce en la calidad gutural del sistema fonatorio. Subiendo incluso un poco más arriba. La gente de la región califica su acento de “nasalizado”.
A pesar de la diferencia que existe entre los dialectos de la región, me sorprendió el aspecto idéntico de sus gamas de sonido. Las “r” se pronuncian en la punta de la lengua o de manera posterior. De hecho la “r” que puede ser mas o menos apical está más cerca de una “l” que de una “r” real. Ahí hay un tipo de deformación fonética de mutación consonántica que se corresponde con la curva en la cual se encuentra. Una “r” apical, como se pronuncia en Bourgogne donde es tan potente y tan rolada, aquí sería imposible de emitir.
No es difícil
constatar que las cadencias subyacentes están aún muy presentes. En las grabaciones
de France Culture, se encuentran testimonios muy significativos de jóvenes que
conservan, a pesar de su escolarización en las grandes ciudades vecinas, un
acento muy marcado. Se tiene la impresión que algunos de ellos han adoptado el
francés como segunda lengua y que se las arreglan con tonalidades anteriores,
en el trasfondo. Finalmente, su curva no está tan alejada de la de sus mayores
que nunca han abandonado
Lille : la muerte del P’tit Quinquin
Como todos los oídos fronterizos, las de Lille comparte su gama sonora con la del país limítrofe, Bélgica. La curva es aquí rica en frecuencias graves con una continuación que se instala en los agudos, un poco como un oído de tipo germánico. De hecho, el belga francófono habla un francés con un oído alemán.
Por el contrario, me sorprendió constatar que el tiempo de latencia era tan rápido como el de los parisinos. Los lilleses hablan mucho más rápido que los belgas, con mayor fluidez. El Ch’timi ya no existe, precisa la gente del país, quedan deformaciones consonánticas y una representación más atenuada de la sibilantes, debido a la acentuación de las frecuencias graves. El Ch’timi descansa en efecto sobre una serie de apoyos muy importantes sobre las consonantes como lo atestigua esa célebre frase, extraída del P’tit Quinquin: “Si t’n’dors point j’squ’à d’main”.
¿El francés se superpuso sobre esa lengua de base que habría debido ser el Ch’timi si ese no hubiera desaparecido? Las regiones fronterizas son en general lingüísticamente muy desfavorecidas. ¿Había habido muchos poetas, escritores, músicos en la zona de Lille? ¿No podríamos dejar a esa región que siguiera la pendiente natural de su ambiente acústico, cristalizar su lengua, dejarla desarrollarse en sus giros idiomáticos dialectales, su valor y su estructura profunda?.
Tantas reflexiones me hice escuchando las grabaciones provenientes de Lille. Me dejaron una curiosa impresión. El cuerpo está totalmente implicado en la lengua y para que pudiera resonar, le hacía falta una correspondencia <natural> con sus palabras, sus giros. Dado que la aplicación, el placaje, de una lengua <extranjera> no permite expresar con fluidez las sutilezas del pensamiento a lo largo del teclado corporal, eso crea un desplazamiento que produce una incomodidad.
Colmar : una perla de Alsacia
Claramente, en Alsacia, las lenguas autóctonas tienen una vida dura. Se han conservado, a pasar de ello, mas que en el Midi. En Colmar, los habitantes se expresan con un terrible empuje en el plano vocal, fenómeno que está en la base de numerosas deformaciones, como la desaparición de los agudos debida a una alteración y una pesadez de las silbantes. Éstas parecen haberse transformado en <z>. Pero lo más marcado es la suerte reservada a las oclusivas. La <k> francesa que es ya una consonante muy dura juega aquí un rol considerable, como si se hubiera doblado o triplicado en cada emisión. La <calidad> se convierte en <kalidad>, la <calma> en <kalma>. La <t> toma un aspecto de <d> en la boca de una señora que habla de los <duristas>. La <p> se convierte en <b>, o en <bééé> con un sonido prolongado acentuado todavía más por un ronquido que parece continuar en el interior del fonema. Como en <berturbado> en lugar de <perturbado>.
Ese empuje tan potente de la voz, debido a un tiempo de latencia particularmente largo, obliga a los habitantes de Colmar a añadir una pequeña cosa cantada en sus finales de frase, lo que les permite eliminar los restos de aire. Parecen ser llevados por un empuje irreprimible. En el Midi, donde la presión es igualmente fuerte, las frases se terminan en un desvanecimiento progresivo. En Colmar los últimos fonemas se mantienen tónicos por causa de una curva más elevada. Se escucha un tipo de <in> (es normal..eh..), añadido in extremis.
Las grabaciones revelan la atadura de sus habitantes a su ciudad. Los artesanos ocupan un gran porcentaje, como en todas las regiones del norte muy atadas al <trabajo bien hecho> y a la <calidad> profesional. Cada uno es consciente del valor de sus productos y enarbola orgulloso los títulos y premios obtenidos en ferias internacionales. Ese estado de ánimo está en armonía con las características lingüísticas de esa región : un tiempo de latencia largo ofrece una imagen del cuerpo detallada y precisa. Lo que no es incompatible con las actuaciones intelectuales pues, contrariamente a una idea típicamente <francesa>, ser inteligente nunca ha significado estar privado de cuerpo.
Martigues : el acento de Raimu
Escrutando
las grabaciones aportadas de Martigues, me olvidé por un momento del rol de
<científico> que se me había atribuido en esa serie de emisiones y me
dejé llevar al escuchar esas conversaciones ricas, coloreadas, cálidas y
poéticas. Cada persona que intervenía intentaba expresar su deseo de libertad y
de autonomías. Uno era pescador porque esa actividad le daba la posibilidad de
organizar su tiempo a su manera, de hacer, según su expresión
: <lo que quiero, cuando quiero, en la laguna o en el mar>. Otro
habla en los mismos términos de su amor a
Se nota, en el aire, una dinámica de vida muy especial, esa indolencia de tipo Fernand Sardou o al estilo Pagnol. Cuando descubrí las películas de este último, me acuerdo de haber quedado aturdido por el espantoso acento de los actores que no era creíble, especialmente el de Pierre Fresnay. Éste pensaba que hablar a la marsellesa consistía en nasalizar. De hecho, continuaba hablando parisino sobre lo cual había impreso una especie de bouillabaisse a su manera. Mientras que Raimu estaba, naturalmente, perfectamente entonado.
El francés de
Martigues es un provenzal disfrazado por un hiper consonantismo heredado del
latín, lo que lo diferencia totalmente del parisino. Por otro lado a los
extranjeros les gustan mucho los meridionales porque, en ellos, contrariamente
a los habitantes de la capital, se pronuncia todo. Algunos fonemas tienen
dificultad de funcionar por causa de una gama sonora grave que, al mantenerse,
da a los autóctonos una especie de egocentrismo muy pronunciado. Las
expresiones sonoras son soltadas en el cuello y no en
Un corto paseo cerca de Angers
Las ciudades de la ribera del Loire y del rey René, esta ciudad me permitió descubrir un oído <medio> al tiempo similar al de Tours y por su tiempo de latencia mas largo cercano al de Nantes, con un poquito de la gama sonora bretona. A la fluidez verbal tranquila de L’Ile de France, el angevino añade algunas puntas abruptas que se encienden sobre un apoyo corporal más pronunciado y una respuesta que, en el plano fonético, se caracteriza por una pronunciación consonántica.
En el país picard, oigo a los hermanos Le Nain
Lo que
caracteriza el habla picard, es un realismo muy pronunciado en el discurso. El
famoso <sentido común campesino> se oye en todas las esquinas, con una
dimensión muy corporal muy pronunciada. Las grabaciones que se me presentaron
están salpicadas de reflexiones sobre
Los habitantes del pueblo de Laon se expresan en una lengua rica en frecuencias situadas en la zona media del espectro acústico. La pendiente es ascendente y da unas voces sonoras y muy vivas. Me sorprendió constatar que, tan cerca de París, se pudieran expresar con un tiempo de latencia… tan germánico. Por eso tienen un manejo bastante pesado de la lengua y una pesadez en la expresión que obliga a la gente a hablar de forma apoyada, acentuada (<va la chercher> se convierte en <vale ker> ve a buscarla). La alegría se oye en su discurso con una risa muchas veces sin motivo que desaparece rápidamente y que me dio la impresión de ser un modo de huida. Como si tuvieran necesidad de una válvula de escape de seguridad para paliar la dificultad de manejo de su lengua.
Rennes: mas cercano de París que de Brest
Esperaba
encontrar, en Rennes, un oído típicamente bretón.. pero me encontré con una curva más próxima a la de los
parisinos que a
Esa pronunciación se acerca más a la manera de hablar alemana, con una fuerza cada ver mayor a medida que nos acercamos al mar, esa verdadera <Bretaña interior>. Pero, por causa de esa presión menos fuerte, las liberaciones de los fonemas son mucho mas dulces. La gama sonora presenta una pendiente menos abrupta, con una pérdida en los agudos. La voz tiene menos relieve que en el resto de la Bretaña y presenta una ligera nasalización. Es más fluida, recta y consonantica, con una deformación poco marcada de la <e> hacia la <é> . Esa <banalización> de la lengua no es sorprendente en una ciudad que, por otro lado y permanentemente, ha sido un lugar de paso y de mezcla, reforzado por su dimensión universitaria.
La Beauce habla como los de Quebec
Desde las
alturas de la catedral de Chartres, en los días claros, al parecer se pueden percibir
las torres de Sacré-Coeur. Pero, por el contrario, la <lengua> parisina
no se ha infiltrado en las llanuras de
En la región de Beauce, la dominante de los graves destruye la riqueza de la silbantes, con una cima que se acerca a los 2000 Hz, y que favorece la aparición de la jota (aumento de la presencia del sonido <i>). <Moi aussi> (yo también) se convierte en <moi itou>, <veau> en <vio>, <seau> en <sio>.. por lo que igualmente lleva a una nasalidad reforzada. En el último ejemplo (<sio> por <seau>), un interlocutor, especializado en lengua local, estima que la <i> se añade a la <o>. De hecho, la silbante se alarga en una <i> para atenuar su aspecto demasiado abrupto que la asemejaría a una <s> española.
Por otro lado, los habitantes de hacen rodar las <r> dan la impresión de hablar como los canadienses. Pero la bipolaridad de su curva que contiene una zona privilegiada en su parte baja y otra en la parte alta explica quizás esa elevación de la materia hacia el espíritu que simboliza la maravillosa catedral de Chartres, símbolo del arte gótico florido.
Carcassonne y el cuerno de España
En Carcasona, la gente habla muy rápido. Tan rápido como los españoles. Utilizan el tiempo de latencia más corto que haya podido observar en Francia. Ese caudal les obliga a retomarse, repetirse, de vez en cuando, para controlar un bucle de retorno que parece superar la evolución del pensamiento mismo. Entre las frases, las expresiones estereotipadas florecen como : <si a Ud. le parece>, <eso ya se lo puedo decir>… algunas consonantes son difíciles de diferenciar especialmente la <r> de la <l> y la <b> de la <v>. Un fenómeno que tiene su equivalente en España donde la <b> y la <v> forman prácticamente el mismo sonido, es decir ni uno ni otro. Aquí se oye decir <equilible> sin saber si es una <r> o una <l>.
Pero nuestro vecino ibérico no oye los agudos, mientras que algo queda en Carcasona. La frases se terminan en plena ascensión. Suben, se ponen a canturrear débilmente, parecen pararse y luego dejan salir una nota un poco más brillante. Eso es precisamente lo que les diferencia del español que tiene unas sonoridades mas oscuras, más apagadas.
Langres, tierra de Diderot
En Langres,
la gente habla despacio en una lenguaje de acentos
germánicos, fuertemente acentuados en los graves, aunque estamos en Lorraine.
El tiempo de latencia ofrece al locutor un apoyo muy fuerte en las consonantes.
Pero la parte alta está muy presente y muy cercana a
Diderot, hijo de la ciudad, es la ilustración perfecta de esa propensión local a los estudios. En el plano morfopsicológico, se clasificarían en la categoría de emotivos. El padre de la Enciclopedia era un creativo puro, desbordante de ideas día y noche. El medio acústico en el que se bañaba le provocaba esa necesidad de actividad que se manifestaba por medio de una fuerte participación de un cuerpo orientado hacia las cosas del espíritu..
Se ha podido constatar, una vez más, que el oído es el poste de control de ese tráfico permanente que es el lenguaje. Ejerce una contrarreacción en la voz que regula todos los parámetros. Se habrá podido captar también que el hecho de hablar no consiste solamente en soltar sonidos en el espacio, como un loro. A partir de que hay significación, la integralidad del cuerpo está implicado. Un individuo entra en comunicación con otro porque le transmite sensaciones que él también ha sentido y que expresa con un acento especial. Las respuestas están marcadas en lo que los ingleses llaman estrés, palabra intraducible que se asemeja, si se quiere al acento tónico. Este corresponde de hecho a un tipo de toma en masa del cuerpo entero en el momento en que el pensamiento se expresa en un ambiente acústico determinado .
Es evidente que tal enfoque merece un estudio profundo por parte de los especialistas, lo que estamos elaborando, en otro volumen, pero mientras, me parece importante enunciar lo que el laboratorio me ha permitido verificar científicamente. Pero me ha parecido que no dejaba de ser importante hacer bajar la lingüística a la calle, a los cafés y al mercado. Estoy convencido, en efecto, de que allí es verdaderamente donde se forjan la palabras y las estructuras nuevas. Y es mucho más tarde, como se sabe, cuando las decisiones académicas homologan y aceptan las innovaciones.
5.- La
lengua merece algo mas que una gramática
No podemos
hablar del tema del aprendizaje de una lengua sin hablar de ese rompecabezas
que representa para todo alumno el estudio de
Toda la dinámica del lenguaje se pone así en cuestión. No hace hacer referencia a algunas realidades neurofisiológicas que están en la base de todo proceso pedagógico referido al aprendizaje de una lengua, ya sea materna o extranjera.
Sea dirigiéndose al estructuralista, al fonético, al filólogo, sea que se decide tener en cuenta las reglas de la sintaxis, las leyes de mutación consonántica o los aspectos fonológicos, la cuestión sigue siendo la misma en el plano didáctico : ¿qué hacer con la gramática y como enseñarla?. El debate se mantiene abierto y continúa provocando discusiones sin fin que nos vuelven a llevar a menudo a la casilla de salida. Para ello, escuchemos a John Locke que, en 1695, escribía con motivo de un intercambio epistolar con su amigo Edward Clarke ( Some Thought Concerning Education. Pensamientos sobre la Educación) : “¡Que se me cite como ejemplo una sola lengua que se pueda aprender o hablar apropiadamente basándose en las leyes de gramática!… Si se debe enseñar la gramática de una lengua, forzosamente se le debe enseñar a quien ya habla la lengua. ¿De qué otra forma sabrá apreciar lo que es la gramática?” Y añade un poco mas lejos : “Un preceptor inteligente y hábil puede convertir la enseñanza de una lengua en algo tan atractivo y fácil como la enseñanza de la lengua materna. Pero no si se obstina en enseñar según los métodos tradicionales: gramática, gramática y más gramática” ¡Eso a finales del siglo XVII! La tradición ha evolucionado naturalmente pero el problema continúa siendo el mismo.
No es nuestra intención continuar en este debate un poco estéril. Hemos constatado, a lo largo de nuestras investigaciones que llevamos haciendo desde hace cuarenta años en el campo de la psicolingüística, que sería necesario considerar el lenguaje bajo su aspecto holistico, directamente relacionado con algunos conceptos de alto nivel, y que era necesario decirse que <la lengua merece algo más que una gramática>. Estas son pues algunas reflexiones sobre este tema las que voy a dar ahora al lector.
Las palabras viven y mueren
La palabra nace gracias a una facultad innata, la de hablar. Pero, para vivir, necesita un reconocimiento semántico común en el seno de un grupo. Cuando el significante está bien establecido, hace como mancha de aceite, se propaga, arrastrando con él el reconocimiento del significado. Algunas palabras han tenido suerte. Se han transmitido de generación en generación. Otras, estuvieron de moda un momento, fueron abandonadas y reaparecieron en forma de diversos esquejes. Algunas se han consumido y han cedido su lugar a sus competidores que a su vez se han modificado… La evolución consonantica no es suficiente para explicar esas transformaciones, estos filtrajes y desfiltrajes acústicos que terminan por triturar y desnaturalizar los fonemas en función de diversas contrarreacciones.
La etimología
ha ocupado a varias generaciones de lingüistas. Es verdad que las palabras
tiene una historia rica en enseñanzas. Los diccionarios nos revelan su origen y
nos muestran variaciones inesperadas. Se aprende como han podido cambiar de
sentido a lo largo del tiempo, pasando de una connotación <vulgar> a una
dimensión más elitista, o a
Una palabra no subsistiría si no representara un objeto o un concepto claramente percibido por el pensamiento. Sin esta razón de ser, habría desaparecido hace ya mucho tiempo. Es interesante constatar cuantas palabras nos han llegado sin que podamos saber su origen. Los nombres de familia, por ejemplo. Después de varias generaciones, se ignora la explicación de esa herencia, a veces por culpa de una estúpido error de caligrafía o falta de ortografía de un empleado del Ayuntamiento.
La palabra es una sucesión de fonemas, esa parte minúscula, no significativa, de sonidos contenidos en una lengua. Pero lo que siempre me ha sorprendido, es constatar que, incluso a ese nivel mínimo, forma un ordenamiento característico de la lengua considerada. Un fonema francés es ya una palabra francesa, la cual libra ya toda la lengua a su interlocutor porque pertenece a una <gama de sonidos> y corresponde a una imagen del cuerpo. Posee un ritmo, un fraseado, un color, una altura tonal y ya la cadencia de discurso. Mejor aun : en él está íntimamente grabada la dinámica de la lengua.
A pesar de que hay, entre las lenguas, palabras idénticas en el plano gráfico, en su estructura acústica y su aspecto las vuelve extranjeras, distintas unas de otras. Así la palabra <convención> en francés y en inglés tienen un sentido completamente diferente. Cada uno se ha diluido en un sistema lingüístico que le absorbe, le impone relaciones tensionales entre cada fonema, características rítmicas, un acento tónico, coloraciones específicas, todo ello ligado a un conjunto de parámetros asociados en una misma dinámica.
En español,
hay muchísimas palabras que vienen del árabe: aceite, izquierda… En francés
muchas palabras galas quedan por la misma razón. En
No obstante las palabras no tienen, todas, el mismo destino. Algunas se abandonan. Otras caen en desuso, pasan a un uso menos corriente por causa de su pronunciación difícil. Pueden tomar diversas direcciones : ennoblecerse, vulgarizarse, especializarse, dispersarse. La palabra <caballo> por ejemplo estaba reservada al vocabulario popular. Poco a poco, eliminó equus, término noble para designar este animal. Pero esa batalla es reciente. Hace algunos años se hablaba de deporte ecuestre, luego de equitación, de concurso hípico. Hoy todo el mundo va a <montar a caballo>. La equitación se ha convertido sobre todo en una disciplina deportiva olímpica. Pero una palabra que parecía elegante puede haber sido conservada en una acepción diferente y en otro lugar tomar una forma vulgar. Todo ello forma la vida de una palabra. Se cree que ha muerto, y vuelve a surgir un día, a veces algunos siglos más tarde.
En los años 50, Wiener, <inventó> la palabra <cibernética> inspirándose en el griego Kubernân que significa dirigir, gobernar. Estaba muy orgulloso de ella hasta que un día descubrió que Ampère ya la había utilizado hacía un siglo. Pero la palabra final es de Platón, en La ley del gobierno, ¡había frito a esos dos sabios escribiéndola negro sobre blanco! El gran filósofo evocaba al piloto llevando <el timón>. Pero fue aún más lejos que esa simple descripción, explicando la dinámica del hombre evitando los arrecifes, escogiendo el ángulo correcto de navegación, actuando en contrarreacción con respecto a la máquina, En resumen, con la palabra, había explicado la cibernética antes que Wiener.
Cuando quise, a partir de 1947, aplicar al lenguaje lo que mas tarde se llamaría <cibernética> según Wiener, mi intención pareció un poco insólita, sin duda. Cuando alguien me decía algo sobre ello les decía que yo estimaba que hacía tiempo que esta palabra y todo lo que le estaba asociado estaba prevista.
Considero que no es posible que el contenido del discurso no sea controlado mas que en el momento de su expresión. Recogemos lo que sembramos. Sino sería dramático y nuestro pensamiento no sería mas que un efecto puramente mecánico de la cadena verbal. Las palabras que os dirijo, yo las pienso al tiempo que las dejo ir y al tiempo las reconozco. ¡Y por suerte! Al hilo de mi intención, en todo momento, se produce un retorno rápido que me permitirá tener una fluidez del pensamiento. El caudal del lenguaje dispone de un sistema predictivo que parece, por lo menos en su estructura, como enteramente independiente de la cadena hablada, como el timón lo es del hombre que la maneja y de las olas sobre las que se desliza el barco.
La
cibernética pone en evidencia los bucles que van a asegurar las regulaciones en
un conjunto sistemico que interviene para controlar un aparato diferente de él
mismo. Así el ser vivo es la más completa de
Si un fonema es ya identificable en un mapa lingüístico, ¡ qué deberíamos decir de una frase, verdadero alargamiento telescópico de palabras! En francés, se da con gran fluidez, de manera lineal, sin atascos bruscos ni refuerzo. Encandila a los extranjeros gracias a su continuidad sin tropezones, marca de la cinética del fraseado <made in France>. El alemán, por el contrario, parece mas “martelé” con sus cadencias de palabras en grupo, más a golpe de martillo. El inglés da la impresión de máximas tensiones seguidas de bruscas paradas y vueltas a poner en marcha sistemáticas.
La frase está ya contenida en la palabra a la cual confiere un alargamiento, una ampliación que afecta varios parámetros : desarrollo en el tiempo, puesta en acción, desarrollo de los elementos, designación, referencias… en resumen todo lo que la gramática se esfuerza en analizar. La frase evoluciona con diversos constituyentes situados en capas los unos sobre los otros. Oraciones, grupos nominales combinan sus aclaraciones sucesivas puestas al servicio de una semántica en expansión. Una frase es a la vez más rica y más pobre en significación que una palabra, ya que su estructura limita esos elementos a seguir una vía obligatoria, directora por lo menos.
La movilidad de los elementos de una frase está finalmente muy reducida. Aparecen incompatibilidades que prohiben algunas combinaciones. Y en el fondo ¿sabemos por qué? Desde Aristóteles hasta los estructuralistas, se han propuesto todo tipo de explicación. Y Chomsky tuvo que renunciara la constitución de su gramática transformacional.
¿Por qué la
frase no acepta cualquier cosa? ¿Por qué las palabras no pueden jugar como
quieran con sus fonemas? Cuando se afirmó que era en razón del aspecto <sistemico>
del lenguaje, se hizo porque se contentaron con hacer una observación simple.
Yo pienso que las razones escapan a las reglas de la fonética o de
El lenguaje es ante todo neurología, otoneurología, si el lector me permite ese barbarismo. La admirable estructura del lenguaje no resume el poder de ese fabuloso medio de comunicación. Cerremos por un instante diccionarios, libros de gramática o análisis fonológicos y consideremos el objeto de nuestro estudio en función del aparato humano que lo produce y, singularmente en función de ese órgano siempre despierto y al acecho, el primero en recibir sus modulaciones sutiles : el oído.
El oído,
órgano de recepción del lenguaje, cubre un territorio neuronal considerable.
Controla de hecho todo el sistema nervioso y abre al lenguaje el camino hacia
el cerebro, en función de las leyes acústicas a las que el mensaje debe
someterse. He aquí como veo funcionar la maquinaria que permite el lenguaje: el
oído regula sus propias adaptaciones a las impedancias físicoacústicas,
mientras que el sistema nervioso integra todos los mensajes y los restituye
según sus posibilidades. La reproducción verbal pone en juego el conjunto
laringe/faringe/boca del cual ha modificado su naturaleza primitiva
(alimentaria, respiratoria y digestiva) para ponerla al servicio de
Cada lengua
ofrece un modo de construcción dinámico que crea, concreta, sus
estructura. Ese modo es propio de cada una de ellas en función de las
piezas y los trozos del conjunto que
La lengua no
es el reflejo del individuo, sino el resultado biológico verbalizado de su
vida. Y por causa de las contrarreacciones del medio, es igualmente la huella
social, evolutiva, del entorno. Todo mensaje lingüístico, para ser comprendido,
obedece pues a otras reglas aparte de las de
Al expresarse, el hombre se escucha. Eso parece muy fácil pero, de hecho, no lo es en absoluto, pues lo que él escucha no es jamás lo que emite. En efecto, estamos siempre en desfase con respecto a nosotros mismos. La voz laringea que envía el lenguaje en dirección al interlocutor y que hace vibrar nuestro sistema óseo nos reenvía nuestra propia voz. La percibimos por segunda vez pero por conducción aérea. Esa emisión vía oído interno debería estar en armonía con la primera emisión. Lo que desgraciadamente no sucede a menudo. Salvo en algunas personas particularmente <buenos escuchantes>. Hay una razón fisiológica en este desfase : los graves llegan en mayor número al oído del locutor, los agudos salen en línea recta y los medios se diseminan hacia los lados. Así la pobreza de nuestro control por vía ósea modifica profundamente nuestra relación con el otro. Progresivamente la voz pierde su tono, pierde su timbre y su calor.
El ser y el tener (être / avoir)
Hablar nuestra lengua, es decir el francés, implica un conocimiento léxico profundo. Al otro lado del Canal de la Mancha o al otro lado del Atlántico, muy pocos elementos son suficientes para comunicar, aunque los diccionarios son allí mas gordos que los nuestros. Cuanto más se simplifica una lengua, su gramática y su vocabulario se aligeran. Algunas palabras son suficientes en inglés para espabilarse correctamente pues, muy rápidamente, se crean neologismos que permiten expresar lo esencial. Este es, en mi opinión, el sentido de la historia de una lengua desde el sánscrito tan complejo hasta el inglés tan fácil, tan fluido.
¿Cómo sucedió ese paso de esas lenguas compuestas por elementos tan dispares a los nuestros en los cuales el fraseado y la gramática son tan fluidos?. Durante muchos años he creído que la clave del enigma se encontraba en el primer ladrillo que progresivamente asume su rol de <sujeto> o de <predicado> y determina el resto. El hebreo me lo desmiente hoy. En esa lengua, el verbo <haber/tener> no existe, ya que todo es <ser/estar>. El que habla y que se viste con el lenguaje que domina. En francés como en inglés, el verbo se coloca al y desde el principio:< yo soy propietario> < I’m singing in the rain>, un procedimiento del cual están desprovistas algunas lenguas. Como en alemán en el que hay que esperar al final de la frase para saber hacia donde nos lleva el locutor : hacia la risa o hacia las lágrimas. Como el latín en el que el verbo no ilumina el resto de la frase sino al fin de ésta.
¿Qué es lo que hizo que todo eso cambiase? Para nosotros es claro. Son las propiedades acústicas locales, las del rincón donde el aire es más cantarín y mas vibrante que en otros lugares y que nos ha provocado otras elaboraciones lingüísticas. Así la expresión de un alemán por ejemplo, queda sorda, subyacente, lo que les acerca a los indios. De ese modos los filósofos alemanes han sido los primeros en traducir los grandes textos de Oriente, la influencia de los cuales se hacía sentir visiblemente en un Gustav Carl o en un Schopenhauer especialmente.
Pero esta lógica, que es igualmente la de los chinos, fuerza a la lengua a añadir elementos cada vez más complejos. Si falta un eslabón, tendré grandes dificultades para restablecer el sentido. Con la <economía lingüística>, los especialistas han descubierto otra ley que explica esa evolución hacia una mayor fluidez. La articulación de la lengua tal como nos la revela su gramática es la primera gran economía. Cuando una frase parte del verbo <ser/estar>, y lo repito para mi todo es verbo <ser/estar> (incluso el verbo haber/tener que significa <ser poseedor>), la frase empieza fácilmente y controla el desarrollo del pensamiento. Es una ganancia de espiritualidad: a más despierto, más <yo soy> y, además, el resto <sigue>, incluyendo mi pensamiento y así lo espero, mi lector. Para comprender el lenguaje, la famosa frase de Descartes <Pienso, luego existo> debería ser inversada. Eso es lo que hace el inglés en el que todos los verbos se expresan con <ser/estar> : <I am doing>, <I am walking> esa separación en dos elementos en los que el ser domina, es impensable en otras lenguas que acumulan adjetivos y direcciones complejas, con atropellos.
En 1822 Grimm
estableció su famosa ley. Explica las correspondencias que existen entre las
lenguas germánicas por la teoría de las <mutaciones consonanticas>
realizadas a partir del fondo indoeuropeo. La ley de Grimm explica las
principales correspondencias entre las lenguas germánicas por una mutación
sucedida en un periodo prehistórico del germánico. Grimm describió de hecho una
serie de leyes naturales sin dar
Pero la clave
de las modificaciones consonanticas reside en la gama sonora que ocupa una
lengua y que la hace más o menos accesible a los que no
De la glorieta en forma de bóveda de cañón o “tonelle” a “tunel”.
Pude establecer la prueba de esa relación entre una mutación consonantica y un cambio de ambiente acústico gracias a una simulación electrónica. Basta con grabar una palabra sobre una cinta magnética, hacerla girar en bucle cerrado y hacerla pasar a través de los filtros acústicos correspondientes (en gama sonora, en pendiente y tiempo de latencia) de una variada gama de diferentes lenguas. Las famosas mutaciones y alteraciones consonánticas se producen entonces de forma natural, prueba de que éstas provienen sin duda de una modificación de la escucha.
Por ello me
pregunté sobre la curiosa historia fonética de la palabra francesa
<tonnelle>, que designa una hermosa galería en forma de tunel (que en
francés usa la misma palabra) o bóveda de cañón cubierta de flores. Así
<tonnelle> tiene la misma etimología que en inglés tunnel, que nosotros tomamos para designar esa sombría construcción
que une a nuestros dos países pasando por debajo del Canal de
Y, cuando <tunnel> vuelve a atravesar el Canal, ha sido transformado de tal modo que no puede volver a encontrar sus fonemas de origen. El paso a la banda del francés provoca entonces una suavización de la <t>, y del conjunto de la palabra que se convierte en <tun-nel>.
Son las impedancias de los lugares lo que origina esas transformaciones. Al inglés le cuesta pronunciar de forma alargada sus palabras. Los tritura, los estira, tanto que se vuelven impronunciables y acaban por desaparecer, reemplazadas por otras que acabarán de la misma suerte. He ahí porqué un diccionario inglés pesa mucho más que uno francés. ¡Y he ahí como una hermosa glorieta de rosas en forma de bóveda de cañón se ha convertido en un horrendo paso subterráneo por debajo de la ronda periférica o el Canal! Si la palabra de origen no hubiera vivido esa emigración y esa mutación consonantica, todavía hoy diríamos : <El tren pasa a través de una “tonnelle”> ¡Aunque de todas formas habríamos perdido las flores por el camino!.
Otras
palabras provenientes, como el sánscrito, del indo-europeo han vivido suertes
comparables. La <p> ha sido transformada también en silbante. Pater de ese modo se convirtió en father. Ped, foot. Prei, free y friend…La fonología no explica la razón de
esos fenómenos. Habla de <leyes naturales> pero éstas responden a una
lógica. Y yo pienso que aportamos la clave de esas mutaciones consonanticas por
un cambio en
Una palabra pronunciada en dos lugares
diferente acaba por sufrir las deformaciones que le imponen las condiciones
acústicas locales. Se adapta y se transforma como nuestra palabra
<tonnelle>. A fuerza de ser
repetida, modifica el oído que
A partir de esas consideraciones, pienso que será pronto posible prever el lenguaje de nuestros descendientes dentro de mucho tiempo. La audio-psico-fonología, disciplina que establecí en 1950 para estudiar esos fenómenos, presenta igualmente otra ventaja con respecto a la fonética tradicional. En efecto, no nos contentamos con sumergirnos en el pasado. Efectuamos una <vuelta al futuro> previendo las mutaciones consonántica de una lengua en función de los factores acústicos que determinan su emisión. Es fácil seguir los cambios de un fonema analizando su evolución a través de una serie de modificaciones que le imponemos electrónicamente. La lingüística se acerca así a la ciencia-ficción.
No quiero decir que podamos prever exactamente las palabras que vamos a utilizar dentro de dos siglos. Pero disponemos de una paleta de posibilidades. Una lengua bien tipificada, bien adaptada a su medio, en efecto sigue siempre las mismas vías y las mismas voces. Una <t> francesa pasada al inglés se pronunciará siempre <tsch..>pues las lenguas que tienen una fuerte atracción hacia los agudos deforman las señales acústicas consonanticas con la misma sobreimpresión de <silbantes>, digamos mas bien sonidos de percepción silbada. Las vocales no escapan tampoco a ese proceso de estiramiento hacia las frecuencias elevadas.
Un enfoque de este tipo en el que se hace intervenir las condiciones acústicas que <fabrican> la palabra abre a la etimología unas perspectivas fascinantes. Ésta, a partir de ese momento, ya no tendría necesidad de un soporte escrito y se podría remontar mucho más lejos reconstruyendo modelos teóricos de fonemas. Me explico. Las modificaciones consonanticas que permitieron el paso del indoeuropeo al francés nos dan al tiempo las gamas sonoras, la pendiente y el retard de esas dos lenguas. Cambiando en dirección contraria los filtros, deberíamos lograr reconstruir las matrices acústicas anteriores al mismo indoeuropeo, cada palabra contendría la riqueza sonora del medio que ha cruzado. Otros orígenes lingüísticos igualmente se mostrarían, permitiéndonos remontarnos a estados lingüísticos anteriores.
El grano de
arena de la orilla del mar es el sedimento de un estado anterior. Los geólogos
saben remontarse en el tiempo y dar nombre a la roca que lo ha engendrado.
Lleva en él el rastro de su estado pasado, como cualquier fonema de
Las modificaciones consonanticas pueden ser mínimas. Es lo que sucede en los ligeros desplazamientos de población en el seno del mismo país. Pero, en el transcurso de las grandes invasiones, la transformación debió ser inmediata, fulgurante. Los invasores llegados de las grandes estepas de Asia y de los Urales impusieron sus leyes lingüísticas. Pero esa lengua dominadora debió acomodarse bajo la influencia del medio y la presión de las poblaciones dominadas que, de un día para otro, no iban a cambiar sus hábitos. La lengua de los conquistadores fue a la vez fuente y diana de una influencia prolífica. Se impusieron palabras nuevas. Pero la lengua de los invasores no resistió a la resonancia del lugar. Tuvo que adaptarse y conectar con la longitud de onda local, verdadero maestro lingüístico de los lugares.
Las grandes
migraciones lingüísticas ya no se llevan. Pero los que cambian brutalmente de
país, por razones profesionales o económicas pueden verificar la potencia de
las impedancias locales que sin duda vivieron y sufrieron los antiguos
conquistadores. Tomemos a un ingeniero francés o inglés enviado al extranjero,
un hombre o mujer que domina perfectamente su lengua de origen, en tan solo
algunos años, éste sufrirá inexorablemente los efectos del ambiente acústico
local. La lengua se transformará, variará
Pasado, futuro y presente del lenguaje.
El análisis
consonantico posibilita una evolución predecible de
Esta idea ya la había rondado Ferdinand de Saussure que estimaba posible la existencia de una lengua pre-indoeuropea. Incluso había previsto que aquella debía presentar unas aperturas diferentes, es decir modificaciones de los volúmenes dados a las vocales por una apertura de la boca mayor o menor. De ello resulta una dilatación o una compresión de las vocales. Setenta años mas tarde, se descubrió el <hitita> en la parte central de Turquía y fue reconocida como una lengua auténticamente pre-indoeuropea. Al gran lingüista suizo le sucedió lo mismo que a Einstein que vio como su teoría de la relatividad de verificaba al descubrir un sabio que la luz se desviaba alrededor de los planetas y las estrellas. El hitita disfruta de una disminución del número de vocales, no hay más que tres por reducción de las aperturas. La misma aventura le está sucediendo al griego moderno que se habla en una región limítrofe con Turquía, por razones relacionadas con la resonancia del medio, la compresión de las aperturas aparece muy frecuentemente, es inevitable.
Por el contrario, nosotros no estamos preparados para aprovechar este tipo de contagio pues las lenguas con fuerte tendencia vocálica cercanas al francés son muy poco numerosas. Esta es una de las razones por las que somos tan poco poliglotas. En general, las consonantes están super representadas en la mayoría de las lenguas. No hablemos ya de las lenguas semíticas para las cuales las vocales no han hecho su aparición hasta muy tardíamente, con la escritura.
Otras lenguas (como el inglés) tienen una gama sonora que está mucho mas allá de la nuestra, se nos escapa. El italiano y el español están más cerca de nuestro oído, nuestro oído puede captarlos. Se oye cantar al latín a través de ellas. Tienen fuertes reminiscencias. Por el contrario, sumergid a un francés en un baño lingüístico árabe o anglosajón : se ahoga. Aunque un americano está tan desnudo como nosotros ante las lenguas del Oriente Próximo o del Maghreb. Las gamas sonoras se encajan unas en otras. Pero algunas forman parte de otro juego, mientras que otras quedan solitarias.
El mito de la reforma ortográfica.
Esos
problemas lingüísticos dan otra dimensión a los problemas históricos,
políticos, raciales y religiosos. No nos dan una explicación aunque nos revelan
algunos aspectos. Así, el hebreo no se priva del aprendizaje de la lengua árabe : su gama sonora la contiene y la desborda incluso en
la parte alta. En cierta forma, cubre y aplasta lingüísticamente a su vecino.
Lo contrario no es exactamente lo mismo pues el árabe está obligado a
transformar su gama sonora subiendo un grado, excepto para el libanés que tiene
un oído muy elevado, muy agudo. De una manera muy general, es mucho más fácil,
para un autóctono, aprender una lengua cuya gama sonora esté por debajo de
Nos podemos
preguntar, por otro lado, si es posible planificar la economía de una lengua,
modificando su ortografía. Escribir una palabra como se pronuncia es el sueño
de todos los reformadores de
He ahí pues la clave, el número de personas que tiene dificultades con la ortografía es considerable. Por ello esas innovaciones se basan en la idea de que todos hacemos las mismas faltas de ortografía, en un mismo momento, lo cual es completamente falso. Un niño hace una falta en una palabra. El profesor le invita a repetirla y a escribirla 50 veces. Al día siguiente, en otro dictado, en otro contexto, vuelve a caer en la misma falta. El niño tan incapaz de escribirla como antes y puede incluso afinar las sutileza y hacer un error totalmente diferente a la primera vez. Las faltas son muy variables ya que en el momento de escribir o de leer estamos influidos por una cantidad enorme de factores que guían nuestra manera de escuchar.
La escritura fonética no puede ser un remedio para las faltas de ortografía por otra razón, contrariamente a lo que se piensa generalmente, la <fonética> de una lengua no es más <simple> que su grafía. Se trata por el contrario de una actividad de gran precisión que se adquiere después de dominar la lengua, con todas sus sutilezas, con todos sus patinazos y con todas las posibilidades de inducir al sujeto a la <falta>.
La gramática y la ortografía son neurológicas. Yo diría que es un fenómeno que va de si mismo, solo, como un ordenador equipado con un buen programa. Poned un virus en la máquina y el sistema se cuelga. ¿Vamos a perderlo todo, a seguir la indicaciones de ese virus o bien reemplazamos la parte de soft que se ha estropeado? La lengua tiene su propio sistema de depuración, como el sistema nervioso. Las palabras demasiado complicadas o gastadas se eliminan por si mismas. Evolucionan como las adaptaciones funcionales del sistema nervioso.
Hablamos desde la noche de los tiempos. La gramática nos molesta solo desde hace 2000 o 3000 años. No es más que el estudio de la lengua que intenta plantear una respuesta lógica. Todo el sistema nervioso está implicado en la lengua, y la descripción de ésta podría ser, de hecho, el código neurológico mismo, con su gestualidad, como en el lenguaje de signos. Parece que la lingüística de hoy, es decir, post estructuralista, toma esa dirección, <epíteto, atributo, sintagma, predicado> son palabras imposibles de captar por un niño de ocho o nueve años. No se trata de sustituirlas por un vocabulario <médico> sino de explicarle cómo los elementos de la lengua, como los vagones en un tren, se suceden, establecen correspondencias, juegan y se combinan entre ellos,
Eliminando las palabras <difíciles> y las reglas <anticuadas> no se suprimen las razones por las cuales las faltas de ortografía persisten. Lo que habría que reformar es el filtro que hace que un sujeto no logre reproducir correctamente la cadena hablada y que él deforme todos los sonidos. Si un constructor de automóviles se da cuenta de que una serie de coches sufre un defecto, ¿Va a repararlos uno tras otro o va a cambiar el eslabón defectuoso de la cadena?.
La solución a la inglesa es la mas radical. Nuestros vecinos del otro lado del Canal, urgidos por la contradicción que existe entre su tiempo de latencia y su gama sonora, estiran al infinito las palabras haciéndolas diptongar sin parar. Hasta tal punto que, muy rápidamente, se establece una separación cada vez más clara entre la grafía y la pronunciación.
En ese
momento, esa lengua, sin derramamiento de tinta ni campaña mediática, los pone
discretamente en el cubo de la basura o en
Los españoles, por el contrario, por causa de su gama sonora muy cercana a los sonidos laríngeos, tienen un vocabulario más restringido. Han tenido muchas menos revoluciones lingüísticas, hasta tal punto que leen a Cervantes sin ninguna dificultad, mientras que Montaigne para un francés o peor aun Shakespeare para un inglés, necesita recurrir permanentemente al diccionario.
La presencia
de una desestructuración ortográfica es de este modo el indicio de un problema
neurológico, mental. Un niño que devuelve sus tareas llenas de errores no tiene
simplemente dificultades ante el lenguaje. Las tiene ante todas las cosas. La
falta de ortografía entra en su discurso. Él las reproduce, aunque no haya
aparatos lo suficientemente precisos para medirlo. Para los más limitados o
disminuidos, es fácil darse cuenta por su lenguaje nervioso, las palabras que
se juntan y se separan. Los <disléxicos> viven en un universo
<dismorfico> sin una relación normal con
Algunas formas verbales caen en desuso, algunos acuerdos ya no son respetados. Hoy, el empleo del pluscuamperfecto de subjuntivo, en francés, os haría estar en ascuas y os haría casi cometer una falta con respecto a la lengua. ¿Hay que legislar cuando el uso impone su propio sistema?. Hace diez años un honorable profesor decretó la guerra al <francoinglés>. Sin darse cuenta de que una palabra inglesa pasada por el molinillo del francés (con su acento, su fraseado y con su gama sonora…) se habría ya transformado en un puro producto hexagonal que no tendría nada que ver ya con su modelo de importación. ¡Hasta tal punto que ningún habitante de Oxford o de Londres la reconocería! ¿ Vamos a preferir el <franco-francés> de Clichy a esa evolución natural ? Porqué no aceptarlo si el argot hace frecuentes irrupciones en nuestra lengua. De modo que, hace algunos años, nadie habría empleado otra palabra diferente de <million> (millón). Hoy ese término ha sido suplantado por <brique> (ladrillo), que pronto figurará con esa definición en el diccionario antes de ser reemplazado por la última expresión de moda : <bâton> (bastón).
En realidad,
la lengua se burla de las categorías en las que
Esa impregnación intensa, esa memoria arcaica que nos restituye las sutilezas de la ortografía están presentes en cada palabra… pero son eliminadas por la escritura fonética que reduce la lengua a un tipo de audición instantánea y superficial. La palabra en el plano neurológico es un mensaje que se difunde muy lejos, muy profundamente, quizás incluso hasta el ADN. ¡En realidad qué poco sabemos acerca de la integración de la lengua en nosotros mismos!.
Haced pruebas y divertiros haciendo cantar <oiseau> a un niño. Enseguida va a comprender su etimología, estirar la palabra hasta sus raíces latinas, comprender sus adaptaciones españolas, italianas y porque no alemana. Idem con la palabra <cheval> (caballo) en la cual el oído puede reproducir con una rapidez increíble el paso con su cadencia del caballus latino. Estas son las mismas palabras pronunciadas a través de filtros diferentes. Así cuando se emite en dirección a un oído sensible a otras frecuencias y con un tiempo de latencia más rápido, como es el caso del continente norteamericano, caballus se convierte en el choual de nuestros primos canadienses. Un niño que no sepa aun analizar los sonidos con sutileza oye una serie de sonidos martilleados y comprimidos. Pronuncia <dada>. Pero si, creyendo que le haces feliz, repites esta palabra tal como tu la percibes en su voz, él ya no va a entender nada e incluso se va a enfadar. Pues, en su manera de pronunciar <dada>, hay un esbozo de <cheval>, un resto de caballus al cual tu oído no es sensible pero que un análisis fino sobre el espectograma nos permitiría encontrarlo. Todo ello es pues de una complejidad tan extrema que escapa a nuestros reformadores en ciernes.
Una lengua
nace de una necesidad imperativa de cohesión, explicitada por una red de
informaciones verbalizadas en el seno de toda étnia. El gran mérito de los
lingüistas habrá sido estudiar las leyes que rigen las construcciones de
6.- Cuatro
claves para las lenguas
Al estudiar de manera profunda los mecanismos de la voz cantada y analizando sistemáticamente los fonemas que emitía Enrico Caruso, célebre artista lírico de principios del siglo XX, la casualidad me llevó a interesarme por el problema de las lenguas vivas. Un corto relato recordatorio histórico de esas investigaciones nos permitirá comprender mejor el proceso emprendido.
Un gran cantante lírico francés me habló de su dificultad para reproducir correctamente esa aria de ópera inmortalizada por Caruso : <I miei perenti sognavano d’un trono> (mis padres soñaban con un trono). La frase se debía terminar con un sol explosivo, que él era incapaz de emitir. Tomé la grabación del <Rey de los napolitanos> para comprender el porqué a él le salía tan bien, cuando mi cliente se desgañitaba para, a fin de cuentas, terminar con un terrible “gallo” (desafinado). Tenía la imagen sonora a partir de tubo catódico y busqué, cuarto de nota por cuarto de nota, minisonido por minisonido, hasta captar el misterio de ese aria. A cada intento, tenía la impresión de carecer de la medición precisa pues, hacia el final de la frase cantada por Caruso, la pantalla se apagaba como si algo hubiera escapado a mis instrumentos de medición.
Necesité meses para comprender. Mucho tiempo después de esos primeros intentos, logré modificar el tiempo de apertura del canal, gracias a un nuevo aparato disponible que me permitió hacer los análisis más lentamente, descubriendo perfectamente las secuencias. Me di cuenta de que Caruso no hacía : < d’un trono>, con una caída brutal in fine, como se empecinaba en reproducir mi bravo cantante, sino que dejaba una <t> muy grave en el ataque, subiendo lentamente hacia la <r> y lo terminaba así : <t’roooooo nnoooooo>. Caruso producía así un <tiempo de basculación> pasando de un sonido grave a un sonido luminoso. Para seguir y controlar esa delicada operación, el oído tensaba el músculo del estribo y luego el del martillo. Eso se correspondía exactamente con las basculaciones que yo había introducido en mi Oído Electrónico. En efecto, estas basculaciones se dan paso entre ella para forzar al oído del sujeto a escuchar el sonido que se le dirige. Se trata en realidad, de pequeñas alteraciones que hacen <muscular> (hacer ejercicio de musculación) la audición, si me permiten que emplee ese tipo de imagen gráfica.
El oído actúa
como haciendo una basculación, la voz también. Cuando hablo, abro
Cuando van a la Opera, los melómanos aprendices se sorprenden de la dificultad que tiene para comprender las palabras de los cantantes. Éstos están obligados a hacer pasar el discurso en una gama sonora muy musical que no se corresponde en absoluto con la del lenguaje ordinario. Hay incluso, a menudo, contradicciones entre el aria de la obra musical y las palabras. Así, las canciones napolitanas tienen, a pesar de su aspecto juguetón, unos textos que hacen llorar a todo el mundo. No tratan mas que de muerte, suicidio, desesperación, sin nunca acabar. En una de ellas un amante se sorprende de no ver <brillo en la ventana> en la que aparecía cada noche su dulcinea. Pregunta a su hermana que le dice que se ha puesto enferma de repente. <¿Es grave?> pregunta el joven. La mujer con lágrimas en los ojos : < La acabamos de enterrar esta tarde >. Pero la canción, lejos de acabar con una nota triste, explota con un maravilloso si bemol eufórico. Hay que pensar que el valor semántico de la desesperación no encuentra su expresión directa en una gama sonora tan musical y cantarina. Pero, si existe ese sentimiento, ese está inducido por la lengua de soporte aunque ésta se encuentra desbordada bajo la explosión de una voz brillante, llena de sol.
Cada lengua está inmersa, bañada, en una expresión emocional dominante. Cada campo acústico tiene, además, su valor significativo. El inglés que se expresa en frecuencias elevadas y habla desde la punta de los labios dispone de una semántica más fina, más elaborada y más sutil que la que utilizan algunos de sus congéneres que hablan en otra lengua. Logran una economía extraordinaria de la imagen del cuerpo. No necesitan mover los brazos como los japoneses o las manos como los italianos. Por otro lado no podrían hablar con este tipo de gesticulación. Es mucho más silencioso, más inmóvil. El estudiante que quiere aprender el inglés de Oxford está obligado a entrar en esa dinámica.
El español está confrontado a otro problema : su tiempo de latencia extremadamente corto le impide despegarse de los sonidos faringeos que dominan su gama sonora. Las silbantes se le escapan. Su caudal acelerado apaga, oscurece, la riqueza fonológica de sus frases. Como hemos señalado varias veces, el inglés para pronunciar rápidamente la palabra <figue> puede contraerla y empujarla hasta su emisión mínima superior, podríamos decir, queriendo con ello atraer la atención hacia la riqueza de las frecuencias elevadas. De ello resulta un trazo rápido, del tipo <fig>, en el cual la <f> y la <i> son particularmente cortas mientras que la <g> marca una brusca parada, por presión tensional de la cara dorsal de la lengua contra hueso del paladar. Ese es un fenómeno que el español es incapaz de percibir. Está obligado a añadir los elementos que le acerquen a su gama sonora y que los vuelvan fonéticamente pertinentes : higo. La <f> demasiado fina para él da lugar a un soplo mas que una silbante, la <h> es el sustituto laringeo de la <f> que silba en el borde de los labios.
La palabra <laboratoire>, pronunciada por un francés se lanza sobre una línea muy recta y hace florecer, chispear, toda su riqueza de vocales. El español lo arrastra hacia el grave y se lo lleva hacia un sombrío laboratorio. El inglés, esencialmente consonantico, en las frecuencias agudas o elevadas hace explotar la palabra apoyándose a fondo en el primer fonema Laboratory. El resto sigue como puede, empujado por la presión del soplido y aprovecha un resorte final con tory.
Aprovechando
esas diferentes observaciones, comencé a fabricar máquinas capaces de devolver
a las voces perdidas su brillantez del pasado. A partir de los discos de
Caruso, pude reconstruir su manera de autocontrolarse, por medio de una escucha
tan particular que yo había conseguido desvelar sobre tubo catódico. Los
fonemas de basculación habían podido ser concretados en el plano técnico por el
paso de un canal al otro. Los profesionales de la voz que venían a mi consulta
pudieron beneficiarse de y por esos procedimientos para volver a encontrar sus
potencialidades vocales. Un día, sin embargo, tuve que resolver un problema muy
específico que consistía en saber porqué algunos cantantes venecianos no podían
pronunciar la <r> en la punta de
Algunos días
más tarde, trataba de comprender lo que había pasado. ¿Habría un oído milanés, uno francés, inglés, o alemán? Y de ese modo
emprendí el proyecto en el campo de las lenguas en 1951. Los análisis
panorámicos se sucedieron unos tras otros. Así tuve la ocasión de descubrir
cuatro claves para entrar en el fabuloso mundo de las lenguas vivas. A medida que iba efectuando mis
investigaciones, se evidenciaban : las gamas sonoras,
las curvas envolventes, el tiempo de latencia y el tiempo de acomodación. Esos
cuatro parámetros combinados entre ellos me permitieron repertoriar doce
maneras de oír. No pretendo que esta
lista sea exhaustiva, pero ese conjunto de claves abre ya el secreto de
numerosas lenguas, por lo menos las mas comunes. Estoy
persuadido de que no encontraría muchas más. Basta con observar el aparato
fonatorio para darse cuenta de que las posibilidades de producción acústica son
bastante limitadas.
Cuatro criterios pueden definir las
características de una lengua : la <gama
sonora>, la <pendiente> o <curva envolvente> en el interior de
ésta, el <tiempo de latencia> al que llamamos <retard> y por último
el <tiempo de preparación o acomodación> del oído medio que hemos llamado
la <precesión>.
Primero vamos a desarrollar los dos primeros parámetos : <gama sonora> y <curva envolvente o pendiente> que constituyen el pedigrí indispensable para el estudio de las lenguas. Evocaremos luego el tiempo de latencia y el de acomodación que permiten explicar toda la dinámica de pronunciación propia de cada etnia.
1) Las Gamas
Sonoras
(bandas pasantes)
Veamos como
cruzan los continentes, las regiones, los seres humanos. Preguntémonos cuales
son las razones de ello, al tiempo que utilizan la misma lengua, un inglés se
expresa por la punta de la lengua mientras su primo americano habla con
Pero
entonces, ¿cómo explicar que un español se complace en las frecuencias graves
mientras que a un napolitano solo le gusta utilizar las frecuencias situadas
alrededor de los
En el continente norteamericano, los
habitantes no <nasalizan> por gusto. A los antiguos emigrantes ingleses u
holandeses no se les podía tildar de amantes de las lenguas amerindias
caracterizadas por esa distinción fonética.
Pero hay que decir que no es la lengua lo que hace nasalizar. Es el
<aire del lugar>, más rico acústicamente entre 1000 y 2000 hertzios y que
obliga al oído a adoptar la gama sonora específica de
El oído, primer filtro del lenguaje
No hay nada en común entre el inglés de
Oxford y el de Washington. Se trata
de la misma lengua pero modificada por la presencia de los filtros de las
impedancias que actúan sobre la coclea, parte interna del oído encargado del
análisis de los sonidos. Ésta no se queda inerte :
actúa como un filtro modificando el mensaje impuesto. Hay, siempre y en todo
momento, acción y reacción del oído sobre la lengua y contra-reacción de la
lengua sobre el oído. Pero, para que el
oído pueda adaptarse y ponerse en consonancia con las diferentes gamas sonoras
del lugar, éste debe cambiar su actitud, modificar su estructura de escucha y,
para lograrlo, hace intervenir su parte llamada <media>.
Esta parte, el oído medio, se compone de
dos pequeños músculos que, aunque son embriológicamente diferentes y con
inervaciones diferentes, trabajan de manera sinérgica. De su armonía depende la
calidad de
Estas constataciones me han exigido largos años de investigación. Necesité más de cinco años hasta establecer las primeras gamas sonoras. Es verdad que cada equipo tiene su propio método de análisis fonético. Los indios, para estudiar los fenómenos lingüísticos, se basaron en la talla, medida, de los canales formados por la mayor o menor apertura de la boca, así la <a> es más abierta que a <o>. No es así en la fonética moderna. Se interesa preferentemente por las frecuencias acústicas abiertas por tal o cual fonema. Se constata por ejemplo que entre 1000 y 2000 hertzios, los armónicos son muy numerosos en francés. Nos encontramos en la zona de las vocales del lenguaje, la que corresponde grosso modo a la emisión de esta lengua. El inglés, por el contrario, tiene una curva plana hasta los 2000 hz y sube bruscamente. El español se mantiene en las zonas graves.
Como hablar a sus feligreses
He tenido ocasión de vivir, a menudo, aventuras no siempre banales. Se puede hablar francés y no ser comprendido por sus compatriotas.
Sucede,a veces, que los oradores, a pesar de la calidad de sus mensajes, pueden quedarse sin comunicación real con los interlocutores a los cuales se dirigen. Mejor aun, éstos últimos parecen desinteresarse rápidamente del discurso que se les dirige y que, sin embargo, está manifiestamente lleno de atractivo por su contenido al tiempo que importante por el mensaje que sostiene. Se podrían incluso esperar respuestas expresando una participación manifiesta. Por regla general la poca resonancia recogida entre los <escuchantes> es objeto de desesperación para el locutor.
Sabiendo de los trabajos que yo estaba realizando en los Arsenales, muchos fueron los que pidieron verme a propósito de sus dificultades de comunicación. Querían saber si era su propia culpa o había otros parámetros, hasta ese momento inexplicables al menos para ellos, que les permitieran aclarar las razones de su falta de éxito y comprender la ausencia de comunicabilidad que caracterizaba sus mensajes.
La costumbre que tenía de frecuentar diariamente a los empleados de los Arsenales, desde los pertenecientes a la dirección hasta los obreros de talleres y de ensayos, me había revelado las divergencias que podían existir entre los diferentes discursos. De entrada, el hecho era evidente. Mejor aun, el análisis espectral de las diversas zonas lingüísticas utilizadas por unos y otros se caracterizaba por una calidad poco importante de las <silbantes> es decir : s, ch, v, j, f… con respecto y favoreciendo las m, n.. especialmente. Esas zonas, por si solas, ilustran las gamas sonoras emprendidas por el oído del locutor o por la de los oyentes y la utilización que hacen de ello cuando se autocontrolan.
El discurso del jefe de turno pasaba muy por encima de las cabezas de los obreros que, en su mayoría, eran víctimas de sorderas profesionales. Los territorios acústicos que emprendían unos y otros no eran idénticos, ni tampoco estaban conectados en la misma longitud de onda. Se trataba pues de intervenir a nivel lingüístico para que el orador pudiera dirigirse a sus feligreses en la gama sonora correspondiente a su escucha cotidiana.
También había
tenido la suerte de conocer muy personalmente al padre Abad de la Abadía de
Bec-Hellouin, Dom Grammont, el hombre que había intentado aproximar a Roma a la
Iglesia anglicana. Tenía a su cargo a toda una comunidad de hermanos y hermanas
a los cuales podía dirigirse en un lenguaje cultivado y elevado. Aunque cuando
se dirigía a los fieles, especialmente en su homilía del domingo y días
festivos, se quejaba cada dos por tres de no haber sido comprendido o de
haberse explicado mal. De vez en cuando, me decía que tenía la sensación de
haber pasado a
Es un experimento bastante fácil de hacer y yo lo hacía muy a menudo en mi laboratorio. Pido a un individuo provisto de unos cascos que hable de manera normal y, progresivamente, transformo sus condiciones de escucha variando, por ejemplo, su gama sonora hacia los graves. Inmediatamente utiliza otras palabras. Se adapta. Habla ya otra lengua.
Hago leer Valéry a los obreros
Se escucha a menudo decir que el origen social determina el acceso a la cultura y que condena a los que han nacido <en lo mas bajo de la escala social> a vegetar en un baño lingüístico muy pequeño. Yo creo por el contrario que el acceso a la lengua es una de las libertades mas bellas de las que se pueda disponer. A condición, naturalmente, que se ofrezcan a todo el mundo los medios de <abrirse> a otros canales.
La dirección
de la gran imprenta Georges Lang (con 6000 obreros en aquel momento) aceptó una
experiencia confiándome la misión de reeducar los oídos de algunos obreros. Se
trataba de personal de mantenimiento de la fábrica, es decir personal
desprovisto de cualquier tipo de diploma. La mayoría no había obtenido ni
siquiera el Certificado de Estudios. Les puse bajo el Oído Electrónico
pidiéndoles que hicieran ejercicios de lectura. Les proponía – en plena
inconsciencia – una obra de las más difíciles de Valéry :
Monsieur Teste. Al principio, no
comprendían absolutamente nada de ese texto con fama de hermético. Luego,
progresivamente, a fuerza de ser inundados de sonidos filtrados ricos en
silbantes, empezaron a pasárselo bien y se sintieron totalmente cómodos. Hasta
tal punto que la librería de
¿Les había
también sensibilizado al conjunto de la literatura francesa? ¡No! Esa pasión
era exclusiva. Ningún otro autor tenía la misma gracia a sus ojos. Lo que para
mí fue una gran lección pues me di cuenta de que cada escritor tenía su propia
lengua cuya escritura no es mas que la simple
retrascripción de su universo sonoro. Con ese objetivo, Valéry presenta una
inmensa ventaja : tenía consciencia del valor acústico
de
Otra experiencia atrajo mi atención y me permitió emitir algunas hipótesis nuevas. Algunos lingüistas reunidos en 1960 en Besançon se habían propuesto un trabajo impresionante por la movilización de medios que habían establecido. En efecto, las obras completas de algunos grandes autores franceses habían sido integrados en un ordenador que tenía un programa encargado de contabilizar todas las letras. Tuve la sorpresa de saber que, por ejemplo, Baudelaire había escrito 7893 <t> 89005 <e>.. etc. Informaciones que no sirven para gran cosa, especialmente si no se piensa en la posibilidad de probar la existencia de una curva de respuesta. Pero los lingüistas no estaban interesados en la relación entre la audición y la escritura, aunque es evidente con esos ordenadores. Es verdad que, para reconstruir el oído de tal o cual escritor, es inútil lanzarse a una empresa de un calibre tan desmesurado. Algunas páginas serían suficientes para establecer los test de escucha de Mallarmé o de Marcel Proust y ofrecer así a los biógrafos informaciones de gran valor.
En Montreal, la universidad me encargó un curso de semiótica para una decena de estudiantes que preparaban sus tesis de literatura. Me impusieron dos textos. El primero estaba escrito por un autor canadiense (Le Robinet du grand-père), el segundo era Les Chats de Baudelaire, un poema escrito en un lenguaje maravilloso pero bastante difícil por causa de su universo semántico de gran finura. Leído con el acento quebequés, se hacía todavía más incomprensible y, cuando les pedía a los estudiantes una explicación de las palabras, su respuestas estaban simplemente fuera de contexto. Eran tan raras como su acento. Era como asistir a la masacre de Baudelaire. Ante esa hecatombe, decidí dar a los alumnos implicados en esta investigación una audición <a la francesa>, con un poco más de agudos y una pendiente diferente. Se pusieron entonces a leer a Baudelaire sin acento y se lanzaron hacia brillantes análisis de texto. Su comprensión había cambiado. Habían cambiado de lengua y de canal fonológico, después de algunas vigorosas sesiones de Oído Electrónico, eso es verdad. Yo tenía pues la prueba de que entre dos lenguas de expresión francesa puede producirse un ruptura. Es por eso por lo que, cuando desembarcan en Québec, los franceses se encontran desamparados por esas palabras que no logran identificar y que sin embargo son de origen francés. Esas palabras han simplemente emprendido una dirección diferente en función de los canales impuestos por las condiciones fonológicas y acústicas del lugar. Éstas modelan el canal auditivo que determina el canal fonológico, luego la respuesta fonológica del sistema.
En el sueño, podemos llegar a hablar una lengua diferente.
La
separación, el encasillamiento, de las gamas sonoras siempre me ha dejado
estupefacto. Yo tuve una experiencia irritantes. En la escuela, yo era un buen
alumno en todas las materias. Desde la música hasta las matemáticas, aprendía
todo lo que quería. Pero, en lenguas era
Estaba pues sensibilizado en esas zonas particulares en las cuales se mueven las lenguas germánicas. Mas tarde, habida cuenta de esa atracción que tenían para mi, me puse a aprender espontáneamente y por mi mismo algunos rudimentos de la lengua de Goethe hasta que un día el interino de mi escuela, que era un admirador de los talentos líricos de mi padre, le dijo que sería preferible que me hiciera aprender inglés. Resultado : las pocas briznas de alemán que había adquirido, desaparecieron y tuve por otro lado enormes dificultades para pasar a la lengua de Shakespeare.
Siempre me ha gustado mucho escuchar cantar en alemán. Memorizo rápidamente los textos de los lieds, tan rápidamente como lo hago con los cantos en italiano. Mientras que en francés tengo que repetirlo cinco o seis veces por lo menos. Esa predilección por el alemán sigue siendo para mí algo inexplicable, por el hecho de que no tengo ningún origen lingüístico de ese tipo. Por el contrario, el italiano es mi lengua natural. Hasta tal punto que siempre tengo un pequeño desfase con respecto al canal francés. Lo he integrado finalmente en una gama italiana. Hablo tan rápido y con tantos gestos como un habitante de la Emilia o del Piémonte, lo que sorprende a veces a los de mi entorno. De Italia, he adquirido un modo de pensamientos meridional, prácticamente grecolatino. Tengo la respiración larga y una escritura al modo de Ciceron que se pierde en largos párrafos sin puntos ni comas. Mientras que el francés tiene otra cadencia. Por el contrario, aunque no siempre hablo correctamente el alemán, logro sin dificultad introducirme en su ritmo que se acerca al de las lenguas latinas.
¿Me expresaba verdaderamente en alemán durante el sueño?. Los que me hicieron esa reflexión no tenían de esa lengua mas que un conocimiento escolar. Creo que pronunciaba de una manera germánica, lo que es totalmente diferente. En el sueño, logramos un estado de relajación que modifica nuestra manera de soltar los sonidos. No estamos en la gama sonora de nuestra lengua de origen. La del alemán se estira sobre un espectro mas amplio que el francés y se expresa con un tiempo de latencia más largo, más favorable a una respiración lenta y relajada.
2) Las curvas envolventes
Por medio de las imágenes recogidas con la ayuda de los analizadores panorámicos y los sonógrafos capaces de descomponer los sonidos, pude realizar un estudio detallado de los elementos de la cadena hablada, como el prisma logra descomponer la luz en un arco-iris espectral. Esos aparatos permiten visualizar diferentes frecuencias respetando cualitativamente los valores relativos de cada una de ellas e individualizar las diversas partes de una frase, en frecuencias, en intensidades y en duración. En los fonogramas y sonogramas obtenidos, pudimos reproducir las curvas envolventes de los valores medios de las frecuencias que encontramos a lo largo del análisis de frases recogidas en los mismos grupos étnicos.
A partir de esas diferentes constataciones, pude establecer en 1955 algunos perfiles específicos a los que llamé “etnogramas”. Reproducimos a continuación, y a título de ejemplo, los esquemas distintivos de algunos grupos étnicos. Reflejan los dos primeros parámetros : la curva envolvente y la gama sonora. Las frecuencias se indican en el eje de abscisas y las intensidades en el de ordenadas.

Etnograma del francés
La curva de escucha específica del francés se perfila típicamente con una forma de dos montículos, de hecho dos zonas con puntos culminantes, uno establecido a 250 hertzios en los graves, el otro a 1500 hertzios en la zona aguda comprendida entre 1000 y 2000 hertzios.
La diferencia de intensidad sonora entre estos dos niveles es de aproximadamente 20 decibelios. Esta última emergencia a 1500 hertzios justifica, por la caída relativa que provoca hacia los agudos, la aparición de nasales en la lengua francesa. Por contra-reacción, la presencia de esa nasalización en el idioma hablado conlleva ipso facto la aparición, en el test de escucha correspondiente, de una punta característica en los 1500 hertzios.

Etnograma del inglés
Se puede constatar en este perfil que la característica esencial de ese tipo de audición es la gran sensibilidad a los sonidos agudos. Efectivamente, desde los 2000 hertzios, la curva marca una neta progresión del orden de 6 decibelios por octava, que se va prolongando hasta más allá de los 10000 hertzios, lo que confiere a tal audición una curva de respuesta que recuerda la de los aparatos de amplificación de alta fidelidad.
Se desprende que la percepción de los agudos más allá de 2000 hertzios logra una sensibilidad tal, que las modulaciones a ese nivel son particularmente finas. La riqueza de las silbantes en la lengua inglesa es su consecuencia. Además, en el fluir de la misma lengua, la atracción hacia los agudos de todo el esquema vocal por contra-reacción auditiva explica la diptongación sistemática de las vocales. Éstas, aunque existen en el espectro inicial, resbalan del sonido fundamental hacia la gama frecuencial que está más allá de los 2000 hertzios.
Hay que precisar que la distancia que existe entre el sonido fundamental, inicialmente el mismo en todas las lenguas y siempre grave, y la gama sonora selectiva de una lengua dada, explica la diferencia mayor o menor entre la reproducción escrita de una lengua y su pronunciación. Esa modificación es tanto mayor cuanto mayor es la diferencia : por ejemplo el español, fijado principalmente en los sonidos graves (como veremos luego), se escribe prácticamente tal cual se pronuncia, mientras que el inglés presenta un máximo de distorsión entre el lenguaje hablado y su reproducción escrita.
En efecto, la gama sonora de los agudos, que percibe el oído inglés, impone a la organización buco-faringea, por contra-reacción audio vocal, una estructura tal que el sonido fundamental, que se encuentra necesariamente en los graves por las posibilidades limitadas de la laringe (300 hertzios), no puede mantenerse en su emisión inicial dado que el oído no los <selecciona>. Asistimos así a un verdadero deslizamiento hacia los agudos, fenómeno por el que se origina la diptongación.
Si intentamos acercar esa gama auditiva a la anterior, es decir si se quiere comparar el oído inglés al francés, entonces sucede que su encuentro provoca un sentimiento de incomodidad. No es un secreto para nadie, recordémoslo, que para el oído francés el inglés es difícil de percibir.
Hay que destacar que la lengua americana que tiene una gama mas baja que el inglés con un punto culminante a 1500 hertzios se percibe mejor que el inglés de Oxford para un oído francés. Se constata en cada una de las dos lenguas - francés y americano - una nasalización que marca una selectividad incipiente a nivel de la misma gama sonora.
Etnograma del alemán

En la curva media de la audición alemana, se revela una afinidad por la zona de los graves y un alargamiento de la gama sonora hasta los 3000 hertzios. La sensibilidad se encuentra acusada especialmente en los 250 hertzios para llegar a los 2000 hertzios con amplitud más importante entre 500 y 1000 hertzios. La amplitud de la gama sonora alemana permite a ese grupo étnico integrar con facilidad los fonemas de otras lenguas, a condición de que se inscriban en su territorio frecuencial.
A esta amplia gama sonora se le añade otra característica muy importante del oído alemán : un tiempo de latencia relativamente largo. Ese hecho comporta en la emisión vocal un fuerte empuje laringeo característico de esa etnia.

Etnograma del español
Resaltamos
una gran sensibilidad en los graves sobre una franja que se alarga hasta los
500 hertzios y, a un nivel de intensidad menos elevado, una afinidad en el
interior de una estrecha franja que va desde
El montículo situado a 250 hertzios introduce, en la reacción audiovocal, la jota, mientras que la ausencia de permeabilidad en los agudos más allá de 2500 hertzios nos permite comprender la pesadez de las silbantes españolas : el deslizamiento de <f> hacia <h> aspirada. Las dificultades que encuentra un Español para integrar ciertas lenguas extranjeras se encuentra aquí justificada por simple lectura de este diagrama.
Etnograma de lenguas eslavas
Los eslavos disponen de un espectro que se alarga sobre 11 octavas con una pendiente ascendente y descendente sobre el conjunto de la escala frecuencial.
El tiempo de latencia es muy largo para esa etnia - del orden de 175 milisegundos - existe en los eslavos unas riquisimas posibilidades de análisis de los fonemas de otras lenguas ya que tienen tiempo de explorar con finura su universo acústico.
Además, la amplitud de la gama sonora y la duración del tiempo de latencia características de esa lengua permiten a los eslavos tener una imagen del cuerpo tan amplia como el espectro sonoro del que disponen. Recordemos que cada étnia tiene la postura de su lengua, consecuencia de su manera de oír. Ese reflejo audio-postural se distingue en ese grupo lingüístico por su forma de tenerse de pié, bien asentado sobre el suelo, por la amplitud de su respiración, por su manera de emitir los sonidos amplios y cálidos, testimonio de una total integración corporal.
Apoyados en esos descubrimientos, en 1958 construimos otro esquema reproduciendo los <territorios> de algunas lenguas en el plano de mayor sensibilidad a los fonemas de la étnia considerada.
Estos pocos gráficos, que presentamos a continuación, quieren mostrar las diferencias fundamentales que existen entre los grupos lingüísticos en el plano auditivo, en el plano de <la escucha> de cada lengua. Permiten comprender algunas afinidades y también algunas incomprensiones entre naciones. Si los franceses tienen tantas dificultades para aprender el inglés, es porque esa lengua empieza a actuar en su territorio frecuencial precisamente en el punto en que el francés acaba sus dominios a fin de evolucionar hacia la zona privilegiada que ha elegido. Recordemos que ésta se sitúa entre 1000 y 2000 hertzios es decir en la gama sonora precedente a la del inglés en el espectro sonoro.

No hay muchas esperanzas para un reencuentro <natural> entre las dos étnias. Habrá que encontrar alguna excusa para reunirlos y, aunque es verdad que el túnel bajo el Canal de la Mancha es un primer intento, no es menos cierto que la única solución consiste en ponerles en la misma longitud de onda, a hacerlos vibrar en las mismas frecuencias. Solo las técnicas actuales a las que hacemos referencia en este libro pueden hacer realidad tal reto.
Se puede igualmente, con la ayuda de esos ejemplos, recordar el don de lenguas que ha recibido la población eslava. Disponiendo de un territorio frecuencial muy amplio, poseyendo un diafragma auditivo ampliamente abierto, son capaces de captar y analizar los colores sonoros de las otras lenguas.
Esas distinciones fundamentales en el plano de la integración lingüística, este tipo de discriminación étnica debe ser definitivamente aceptada como un derecho a la diferencia y no como una injusticia caída del cielo.
Tenemos la suerte de tener hoy a nuestra disposición los medios para entrar fácilmente y rápido en el universo acústico de las demás étnias, oír <a la manera de> es decir adoptar la forma de percibir, de hablar, de comunicar específica de un grupo étnico. Se puede también entrar por la puerta grande en su psicología, su cultura, sus tradiciones, en resumen su <manera de ser>. ¿Por qué privarse de ello?
Para terminar este capítulo, evocaremos ahora los tiempos de latencia : retard y precesión que son específicos de cada lengua.
3) El tiempo
de latencia
Vamos a salir un poco del medio acústico para interesarnos por las contra-reacciones del animal humano. Hacer un gesto : abrir una puerta, rascarse, dar un puñetazo en la mesa…. supone un estado predefinido, un tiempo de preparación que llamamos de latencia. Cuando decido mirar un objeto, ajusto mi visión, me concentro en el objeto. Se acerca, se desdobla. Antes de ajustar definitivamente la imagen, necesito un tiempo de latencia.
Además de la
gama sonora y de la pendiente, existe un
tercer parámetro que es puramente
neurológico. Se
trata del tiempo que necesita el oído para ponerse a
Cuando alguien se pone a hablar y que se prepara para escuchar - ya que él es el primer auditor de su discurso - introduce entre él y su lenguaje una dimensión, un apercibimiento, una preparación, que es perfectamente medible y que afecta al flujo verbal, la acentuación… El tiempo de latencia o retard es totalmente significativo en las canciones, los aires folkloricos, las maneras de contar las historias. Todo ello, de golpe, nos aporta el ritmo prelingüístico de la lengua en el que no queda más que el <morse> , de algún modo, sobre el cual se va a fijar la semántica, aunque ella esté ya latente en esa música de fondo.
Que la escucha dependa de una postura
corporal parece, a la mayoría de nuestros contemporáneos, algo totalmente
incomprensible. Olvidamos que el oído no se contenta con descifrar el sonido
como lo haría el cabezal de lectura de un magnetófono. Dispone de un aparato,
el vestíbulo, que induce al sujeto a poner su cuerpo en una postura determinada
para querer responder. El vestíbulo es la sede del equilibrio, pero de él
dependen igualmente el tono de los músculos, el establecimiento de su valor
relativo y sobre todo la conciencia de la imagen del cuerpo. Un tiempo de
latencia largo – como es el caso de los eslavos –
Entre el momento en que el oído se tiende y el que capta su objeto sonoro se establece un tiempo de latencia auditivo. Este es muy poco conocido pero supone una predisposición del cuerpo, del oído y del sistema nervioso. He logrado medirlo esencialmente por el ataque de los sonidos estudiando el comportamiento de los cantantes líricos. Observaba el tiempo que tardaban en alumbrar un sonido que yo visualizaba sobre tubo catódico. Constaté, en Caruso por ejemplo, que cuanto más agudo era el sonido mayor era el tiempo de latencia.
Un inglés, para pronunciar una palabra, necesita una gran tensión laringea cuya emisión conserva los rastros en forma como de <suspiros> pre-consonanticos. Ese <tiempo de latencia o retard> permite a la laringe posicionarse para emitir un fonema. Los americanos son más lentos. Necesitan 75 milisegundos para soltar sus fonemas, más que para los franceses y tanto como los italianos, por ello su discurso está salpicado de <mmmmm>, que actúan como señales anunciando que llega una palabra. El americano es una lengua mas bien cantarina pero que sube hacia la nariz por causa de su montículo en los 1500 hertzios, mientras que el italiano (que dispone del mismo tiempo de latencia) se mantiene en la zona en la que el hueso vibra más intensamente. Cuando un americano pronuncia una palabra como speak (de hecho: <ummm ...speak…>), se produce siempre una pequeña deglución interna de los fonemas. El sonido de cuello se dirige enseguida hacia la cavidad nasal. Por el contrario, cuando un italiano habla, el sonido <óseo> hace vibrar todo el cuerpo.
La lengua,
estructura lingüística, cambia con la utilización de la lengua, órgano situado
en el interior de
El francés, hace pasar su discurso hacia atrás, como el español que no quiere decididamente dejar sus sonidos laríngeos. Pero al igual que el americano que tira el inglés hacia el fondo y transforma su lengua de origen… ¡con un movimiento de la lengua!. El alemán dispone de un tiempo de latencia importante, 125 milisegundos. Su discurso sufre un gran empuje y ocupa una gran parte de la lengua.
El ruso, con un tiempo de latencia record de 175 milisegundos se toma su tiempo. De corpulencia impresionante, va con todo su cuerpo cuando canta, o cuando habla. Precisemos de paso que hay muy pocos tenores ligeros en los países eslavos. Por el contrario, los barítonos bajos están super representados, con voces que hacen vibrar todo su sistema óseo. Al necesitar un lapso de tiempo importante para soltar los sonidos, están obligados a soplar con un apoyo considerable. La presión termina por estropear la laringe a fuerza de agarrotarla. He tenido muchas oportunidades de curar a los <bajos> yugoslavos, los mezzo o los contraltos, hombres y mujeres cuya voz excepcionalmente amplia acababa por estropear sus oídos y como consecuencia, sus cuerdas vocales.
El tiempo de
latencia comporta suficientes elementos para convertirse en otro criterio de
diferenciación entre las lenguas, el único quizás de origen hereditario o
genético. Gracias a los aparatos sofisticados de los que disponemos
actualmente, he podido hacer mediciones exactas, hasta la décima de milisegundo
casi. Sé ahora con la mas absoluta certeza que el
tiempo de latencia del francés es de 50 milisegundos. Los ingleses y los
españoles comparten el titulo de rapidez con 5 milisegundos. Ese comportamiento
es fácil para un español que habla desde muy cerca de los fundamentales
laringeos. Para el inglés, presenta un gran esfuerzo :
su curva de escucha le obliga a hablar por la punta de la lengua, a más de
4) El tiempo
de precesión
El cuarto y último parámetro que
se me ha dado descubrir a lo largo de mis investigaciones en psicolingüística se refiere al proceso de integración
audio-corporal, al que he llamado <tiempo de precesión>. Se trata de
hecho de la precesión o anticipación de la conducción ósea con respecto a la
conducción aérea, lo que induce un fenómeno de <previsión> inherente al
funcionamiento del oído interno y particularmente al del vestíbulo con respecto
a los sonidos que percibe el aparato
auditivo.
Un análisis
neurológico fino ha permitido llegar a la descripción de los integradores
(vestibular y coclear) capaces de activar esta estrategia de previsión que está
en el origen de toda la dinámica de
Sin embargo
es necesario saber que este último
parámetro es determinante por lo que se refiere a la integración, la
<incorporación> (en el cuerpo) del lenguaje, tanto si se trata del
aprendizaje de una lengua materna o de la de una lengua extranjera.
Esta toma en masa del cuerpo, que sigue un
proceso claramente definido, provoca reacciones audio-psico-lingüísticas que
permiten engramar definitivamente los mensajes sonoros destinados a alcanzar,
al final del recorrido, las áreas de la conciencia y abordar así el dominio de
7.- Como
convertirse en políglota
Todas esta disquisiciones sobre el lenguaje y las lenguas extranjeras no nos deben hacer olvidar el aspecto practico del recorrido en el cual uno se compromete cuando se desea aprender una o varias lenguas extranjeras.
Este capítulo está pues consagrado a la exposición de los medios que actualmente están a disposición de los <alumnos de lenguas> para adquirir rápidamente los mecanismos de integración lingüística propios de una étnia.
Nos proponemos abordar en primer lugar las pruebas de evaluación y de control del circuito audición-fonación, con ayuda de unos tests que tienen como objetivo medir la escucha y la emisión del alumno.
Esta primera parte consistirá en hablar del test audiovocal. Luego daremos algunas precisiones sobre el Oído Electrónico, aparato más importante utilizado en el marco de este método. Al final, nos parece necesario evocar las virtudes de las técnicas audiovisuales y de los laboratorios de lenguas relacionadas con estas técnicas.
1.- El test audiovocal
Las leyes fundamentales así como los corolarios que se presentan en el anexo hacen resaltar la necesidad de un conocimiento preciso de las posibilidades de recepción y de reproducción de los sonidos de toda persona que desee estudiar una lengua extranjera.
Estas medidas pueden efectuarse fácilmente con ayuda de una batería de tests que se refieren tanto a las facultades auditivas del sujeto directamente como indirectamente, por el contrario reacción, a sus posibilidades vocales.
Se pueden distinguir dos tipos de examen : el test de escucha y el análisis de la voz y del lenguaje.
El examen auditivo : el test de escucha.
Antes de explicar cómo se efectúa esta prueba, nos parece necesario proceder a un estudio comparativo entre el audiograma y el test de escucha. Aunque se refieren, por lo menos en parte, a las mismas mediciones de la audición, deben ser analizadas de manera totalmente diferente.
Previamente, la distinción entre oír y escuchar nos permitirá captar mejor las diferencias fundamentales que existen entre estos dos test. De esta discriminación se derivaran los dos componentes específicos frente a las curvas obtenidas.
Oír supone una actitud pasiva con respecto al mundo sonoro que nos rodea. Recibimos los sonidos y los registramos como lo haría un aparato de medición clásica. No hay interpretación por parte de nuestro psiquismo del mensaje emitido.
Escuchar es una operación totalmente
diferente. Exige la participación del sujeto, su adhesión o su rechazo con
respecto a los mensajes que le llegan al oído, y luego al sistema nervioso. Las
barreras se producen generalmente en una parte del cerebro al que llamamos
tálamo. En efecto, después de haber entrado en el circuito auditivo, las
informaciones se dirigen al cerebro. Pero antes de llegar allí, en su camino,
pasan por el tálamo que es como la gran antesala en la que las informaciones se
mezclan entre sí. Ese lugar de paso es un “relais” por el cual desfila nuestra
vida afectiva. Un día, cambia de naturaleza y se bloquea. A fuerza de asumir
situaciones difíciles llega un momento en el que, con ocasión de un evento, una
frase mal interpretada o mal vivida, toda la percepción del entorno se queda
petrificada. A menudo, la información ya no pasa. El tálamo se ha convertido en
una balsa llena de angustia, un fardo que pesa en el presente y sobre el
futuro.
El oído se proyecta pues sobre el tálamo,
que decide de alguna manera que es lo que se quiere escuchar… o no escuchar.
Las aceptaciones, las rupturas, los rechazos dependen de él. Cuando medimos el
oído bajo el ángulo de la escucha, no nos contentamos (como en una audiometría
clásica) en establecer los puntos de respuesta de
Recibir una información, de dónde viene,
estar a la escucha de su entorno exige pues una apertura total de la
sensorialidad y especialmente una cierta postura corporal controlada por el
oído. Éste capta el mensaje que se le
dirige, procede a un análisis frecuencial que permite la diferenciación de los
sonidos por contraste de unos con otros, por una oposición pertinente.
Establece el contaje silábico, controlándolo, que mide el caudal. Y, puesto que
se pone a la escucha, hace intervenir el deseo de comunicar. La voluntad naturalmente
juega un papel capital pero no debe confundirse con el deseo activo y
proyectivo de ponerse en relación con tal o cual elementos del universo
acústico.
Finalmente se ha hecho de la escucha un acto demasiado simplificado. Se trata en realidad de un acto de abandono que, paradójicamente, nos libera de nuestra pasividad. La escucha es una apertura al otro en un estado de desconexión que ninguna fuerza exterior puede establecerla verdaderamente. Claro que cada uno de nosotros somos capaces de tender el oído y lograr momentos de concentración sentidos como extraordinarios. Pero éstos no duran mucho y se ejercen a base de forzar una atención que llega rápidamente a los límites de la resistencia del material sobre el que opera para, finalmente, destruirse y desaparecer.
Uno mismo no
puede yugular una estructura tan elaborada como la dimensión de escucha, de la
cual se beneficia el hombre. Hay que aceptarlo. Por lo menos es mi convicción.
El hombre es una inclusión en el universo, un cristal de mil y una facetas,
capaz de reflejar las informaciones que se le ofrecen pero que son tan
numerosas que es imposible nombrarlas. Convergen hasta formar una idea que
sobrepasa la comprensión de algunos, a otros les despierta y suscita un rasgo
de genio en aquellos que disponen de lo que yo llamo la <capacidad de
escucha>. Hecho por una conducta instintiva, iluminado por una chispa de la
idea, debe ser sostenida por una larga reflexión y una adhesión permanente. Es
así capaz, gracias a una reminiscencia íntima, de renovar el impulso inicial.
Las leyes fundamentales cristalizan entonces en formulaciones que ni tan solo
necesitan el soporte de la lengua para expresarse, en universos como las
matemáticas o
Todos estos grandes cerebros se dejaron <atrapar> por esa facultad superior a la que yo llamo la escucha pero que otros la han reconocido bajo el nombre de logos, ese elemento que pone al hombre en comunicación directa con las grandes leyes del universo. Tal poder de comunicación es la consecuencia inmediata de esa función, ya que hablar es esencialmente escuchar al otro, conectarse a su discurso, y adherirse a él, seguir el desfile de las imágenes que jalonan el pensamiento.
¿He dicho lo suficiente sobre oír y escuchar como para que el lector comprenda que los test a los que hacemos referencia tienen diferencias fundamentales en cuanto a su interpretación? Antes de hablar del test de escucha que está en el centro de nuestra actividad diagnóstica y las evaluaciones de progreso de la escucha, vamos a hablar un poco sobre el audiograma clásico que se ha convertido hoy en un examen rutinario.
El audiograma
Los especialistas en otorrinolaringología, audiología y audioprotésicos lo utilizan de manera general. Tiene como objetivo medir la audición de un sujeto con vistas a descubrir eventualmente algunas anomalías y proceder al establecimiento de un proceso terapéutico.
La audición ofrece un abanico de 11 octavas comprendida entre los infrasonidos (situados por debajo de 16 periodos) y los ultrasonidos (situados más allá de 16000 periodos). El periodo mide el número de frecuencias emitidas por segundo, de ciclos por segundo. El uso corriente le atribuye el nombre de hertzios. El oído oye desde 16 hertzios hasta 16000 hertzios. El audiograma determina pues, en el interior de ese espacio, la curva del sujeto, sus respuestas. Para establecer esta curva, se usa un audiómetro que mide la audición gracias a una sucesión de diapasones electrónicos. Por regla general se eligen una docena de frecuencias. La audiometría ha aportado una ventaja innegable en comparación con otras técnicas anteriores pues permite utilizar sonidos puros, lo que no es necesariamente el caso con la utilización de simples diapasones mecánicos. Cada frecuencia está dosificada en intensidad, operación difícil a realizar anteriormente. Aunque es posible establecer los envolventes de los umbrales que perfila la curva de la audición.
La audiometría destinada a medir la audición contiene unos generadores de sonido, como un tipo de <diapasones electrónicos> con frecuencias puras, estables, sin armónicos y con intensidades medibles. Se emiten generalmente de octava en octava de 125 hertzios a 8000 hertzios. Cada una de la frecuencias presenta una intensidad variable pudiendo llegar desde –10 decibelios a +100 decibelios con diferenciación de 5 en 5 decibelios. El decibelio es una unidad de intensidad.
El examen se efectúa por medio de unos cascos de escucha y un vibrador. Se procede haciendo oír sucesivamente cada frecuencia y anotar, en cada una de ellas, el umbral de agudeza auditiva. Se obtiene así 4 curvas, 2 por cada oído (la conducción aérea y la ósea)
La audiometría realizada así permite obtener una curva de umbrales, es decir de los umbrales mínimos o mejor aún, de los umbrales del mínimo audible. Se la llama <audiometría liminar>. Fue la primera en utilizarse, por su simplicidad y su carácter absoluto permitieron los estudios comparativos.
De este modo
es posible establecer un diagnóstico en función de los elementos recogidos con
la lectura del diagrama que refleja el estado de
El test de escucha.
Nuestra preocupación es totalmente diferente cuando practicamos un <test de escucha>. Pienso que el lector ha captado ya la brecha que hay entre <oír> y <escuchar>. En el primer caso, se trata de descubrir lo que es manifiestamente patológico. En el segundo se orienta hacia la búsqueda de las potencialidades del individuo en el plano de la disponibilidad frente al mundo. Es en realidad todo el universo de la comunicación el que está implicado. Así se podrá aprehender fácilmente la dinámica relacional del sujeto que se libra al test de escucha. Y eso en varias direcciones.
Como acabamos de subrayar, ese test difiere irrefutablemente del examen deseado por el O.R.L., no solo a nivel conceptual, también lo es en el modo de pasación. El test audiométrico se realiza en una cámara insonorizada, es decir en un lugar aislado fónicamente. Desgraciadamente también sin eco, sin reverberación, sin vida en suma. Para dar ciertas respuestas a nivel del oído enfocadas como un micrófono, la cosa puede convenir en rigor, pero es seguro que ese enfoque no será de ninguna ayuda para nosotros.
En efecto, deseamos saber cómo escucha un sujeto;
tal es el objetivo al cual tendemos. Dicho de otro modo, la dimensión
relacional es aquí
Cuando se aconseja un examen audiométrico, la mayoría de las veces, es por razones absolutamente diferentes, la respuesta es en la mayoría de los casos es totalmente normal. Para el especialista, un sujeto con dificultades de aprendizaje de una lengua oye con normalidad. Por otro lado él jamás ha dudado de su potencial auditivo. No nos podrá hablar de su actitud de escucha, pues esa noción no forma parte aun de algo a lo que estemos acostumbrados.
Para acceder a esa dimensión, estamos obligados a invertir nuestra visión del hombre. Éste llega con mayor o menor suerte a superar las etapas que le conducen a su realización, es decir a su poder de convertirse en un ser comunicante. Así pues a la vez un hablante y un escuchante. Sin esa doble condición, y por poco que uno de los términos se olvide, todo estudio del hombre entra en una vía sin salida.
Recordemos
pues, una vez mas, que es indispensable diferenciar el test de escucha del
audiograma. Los análisis de esas dos pruebas no se encuentran, no convergen. En
el caso de la audiometría en habitación insonorizada, las respuestas no se
corresponden con
Los especialistas están generalmente satisfechos cuando obtiene una curva plana que prueba que la respuesta del oído es tan lineal como la de un micrófono. Dicen, con una cara tan triste como la línea del horizonte en la estepa rusa : “Muy bien, señor, Ud. no tiene ningún problema”. Siempre me sorprendo cuando comparo las curvas que ofrece la audiometría con las que nosotros realizamos por medio de nuestros test de escucha. ¡No tienen nada que ver una con otra! Digamos otra vez que no queremos saber como reacciona el oído en una habitación insonorizada.
Cuando hemos obtenido las curvas que evidencian la sensibilidad del oído del sujeto a las frecuencias puras, se procede al estudio de la selectividad auditiva. Ese test tiene como objetivo saber las zonas, las gamas sonoras en las cuales el sujeto sabe efectuar un análisis perfecto de los sonidos recibidos. Se puede saber así si es más sensible a los sonidos graves o a los sonidos agudos o al conjunto de las frecuencias.
La prueba de espacialización.
En tercer
lugar se hace esta búsqueda de
Estudio de la lateralidad auditiva
Hecha con la ayuda de un aparato especialmente concebido para esta prueba (el audiolaterómetro) permite determinar el oído dominante del sujeto, con el cual controla su fluidez verbal. Según la forma en que utilice su oído derecho o su oído izquierdo para recibir el mensaje sonoro, será posible evaluar los procesos de decodificación, de interpretación y de reproducción de ese mismo mensaje. Sabemos que el circuito derecho es mucho más corto que el izquierdo y que, por eso, la integración corporal es totalmente diferente.
Esas diversas pruebas que forman parte del test de escucha (test denominado en nuestros centros como TLTS : Tomatis Listening Test System) permiten estimar las predisposiciones de un individuo a la escucha de una lengua.
El TLTS puede estar acompañado por un test vocal y de un test lingüístico que permite evaluar las potencialidades de reproducción del mensaje sonoro.
Con la ayuda de los resultados obtenidos por esos diferentes exámenes de la audición, se puede entonces estimar las predisposiciones del individuo con respecto a una o varias lenguas extrajeras.
Nos gustaría insistir en la utilidad de tales exámenes que pueden evitar los molestos errores de orientación y por eso mismo una pérdida de tiempo considerable, tanto para el niño como para el adulto. Esos test audio-vocales, en nuestra opinión, deberían aplicarse sistemáticamente antes de cualquier aprendizaje de una lengua viva. Ahorraría muchas desventuras al futuro candidato lingüista dispensándole de emprender el estudio de una lengua que no es capaz de escuchar, es decir de integrar.
El test audiovocal tiene como objetivo saber como se debe orientar el niño para que pueda acceder a la lengua elegida. En caso de dificultades de selectividad o de espacialización o de lateralización por ejemplo, se debería primero proceder a una educación previa, por medio de las técnicas actuales, a fin de hacer desaparecer las barreras que crean ese fallo inicial. La repetición de los ejercicios provoca además una modificación profunda del modo de escucha del sujeto, le libera de su inadaptación auditiva de partida. Esa preparación que provoca una modificación de la curva y una ampliación de la gama sonora convierte así al alumno capaz de tomar tal o cual postura auditiva lo que provoca ipso facto tal o cual postura de todo el aparato buco-faringeo.
La facilidad aportada al estudio se duplica por una percepción de los matices mínimos fonéticos de la lengua y procura una perfección en el acento tanto mayor.
Varios test de escucha sucesivos, a intervalos regulares, permiten al sujeto medir objetivamente sus progresos y al educador corregir los reglajes del aparato hasta la obtención de una curva auditiva que permita una pronunciación perfecta.
La aportación de la medida de las potencialidades de escucha de un sujeto, en la orientación del estudio de las lenguas extranjeras, constituye una de las aplicaciones prácticas más interesante y de gran valor en materia de orientación y de estrategia de aprendizaje. Ahora nos damos cuenta de lo necesario que puede ser una medida de ese tipo previa al estudio de una lengua.
Es por eso por lo que formulamos el deseo de que la orientación escolar quiera tomar en consideración la importancia que puede tener el pasar los tests audio-vocales, a los alumnos de la escuela, antes de hacerles estudiar una lengua extrajera, cuya necesidad y beneficios hoy ya nadie se atreve a discutir.
2.- El Oído Electrónico
Desde 1952, como prueba y
aplicación de las leyes que se describen en el anexo de esta obra, concentré
mis esfuerzos de investigación en la
puesta a punto de un aparato susceptible de modificar la manera de oír y, en
consecuencia, la forma de hablar del sujeto. Mi preocupación fue igualmente crear
un verdadero condicionamiento audiovocal obligando al oído a utilizar un modo
de acomodación que determinara una manera de oír típica de una lengua y
provocando el gesto vocal correspondiente.
Para lograr estas condicionantes, realicé este montaje :
-
Un micrófono M
unido a un amplificador del cual salen dos circuitos diferentes, esos dos
circuitos crean dos canales que no funcionan simultáneamente.
-
Para una
intensidad dada, modificable a voluntad, el canal 1 es el único que queda
abierto. Está regulado de tal forma que pone al oído en estado de relajación
completa. El tímpano está al mínimo de tensión, en un estado de no acomodación.
Se puede decir entonces, procediendo por analogía con la visión, que está en su
punctum remotum. Se logra así una posición de relajación total
antes de tenderse a la escucha, determinada por el reglaje del canal 2. En efecto, las emisiones de un sonido por
parte del sujeto o de otra fuente sonora que provenga por ejemplo de un magnetófono,
desde el momento en que se añade al ruido ambiental preexistente una intensidad
complementaria, el canal 1 se cierra y solo el canal 2 se abre. Este segundo
canal electrónico va a obligar al oído a otro modo de control elegido
previamente y que corresponde a la emisión de la lengua a estudiar.

La apertura del canal 2 ( C2 ) se hace por
un sistema llamado <de báscula>, permitiendo pasar automáticamente de
Cuando la emisión sonora termina, la
intensidad se reduce en la misma proporción y hace bascular el sistema en
sentido inverso y C1 se abre mientras que C2 se cierra, se desvanece. Ese ciclo
vuelve a empezar cada vez que el sujeto quiere hablar y el condicionamiento aparece
muy rápidamente. Desde los primeros
días, después de una sesión de una media hora, subsiste una remanencia de una
media hora más aproximadamente. Al cabo de dos semanas, ya queda
permanentemente.
Por otro lado, ese juego de báscula puede
convertirse rápidamente en un fenómeno consciente y determinar a placer la
posibilidad de oír del modo que uno desee.
Con el objetivo de modificar y adaptarse al
ritmo y la entonación de la lengua elegida, se han determinado los tiempos de
encendido, de actuación, de la báscula de forma que se corresponda al tiempo de
latencia característico de
Es evidente que, desde entonces, han cambiado muchas cosas. Las razones son claras. En un primerísimo lugar, los conocimientos con respecto al aparato auditivo se han ido afianzando hasta tal punto que podemos entrever con certeza cuales son los mecanismos que presiden la percepción de los sonidos. En segundo lugar, el progreso fulgurante de la técnica en materia de electrónica nos ha permitido hacer <simuladores> muy sofisticados que merecen ya la etiqueta de modélicos. Lo que significa que nuestros intentos iniciales que eran conjuntos de equipos ya complejos, han sido perfeccionados con máquinas que reproducen los mecanismos de funcionamiento similares a los del oído humano. Hoy, las similitudes son tales que no se pueden llamar ya máquinas imitando lo que podría ser, sino de la consecución de una reproducción exacta, idéntica. También se pueden ya encontrar <modelos>, es decir estructuras que funcionan como el oído mismo cuando se pone a escuchar.
Es cierto que
el progreso tecnológico ha influido en nuestro conocimiento sobre el órgano
auditivo y viceversa. Actualmente, los
complejos electrónicos que existen poseen, como el oído mismo, dos
<puertas>. En efecto, una hace como de membrana timpánica, y el otro como
la platina del estribo que, como recordaremos, obtura la cápsula ósea del oído
interno. Esos dos pasajes a franquear responden a los mecanismos de la escucha
cuando ésta última decide adoptar la postura adecuada para la integración del
mensaje sonoro. Para lograrlo la <puerta> interna se abre primero, luego,
en segundo lugar,
En el Oído Electrónico actual, el
acondicionamiento del oído interno, y naturalmente de todo el sistema nervioso
del cual depende, se asegura por medio de un vibrador que le informa por
conducción ósea. Actúa directamente sobre el músculo del estribo, guardia
vigilante de la fortaleza que es el oído interno, y luego, al cabo de un tiempo
de precesión determinado, el mensaje emplea la vía timpánica por medio de los
cascos.
Nos encontramos de hecho ante máquinas que saben escuchar y que provocan al oído <perezoso> o inadaptado a adoptar la posición deseada.
¿ Cómo se hace esa <pedagogía de la escucha>?
Nos parecen necesarias algunas reflexiones complementarias sobre la forma de proceder en materia de aprendizaje de una lengua.
Sabemos ahora
que el oído humano es el resultado de una amplia utilización del sistema
nervioso considerado como factor de integración corporal. Sabemos también que
el oído interno, aparato sensorial por excelencia, está altamente especializado
para la detección de las variaciones de presión acústica. Pero que eso solo
funciona si sabemos cómo usarlo. Del mismo modo, una vista excelente no
serviría de nada si los párpados estuvieran cerrados, mejor aún una retina impecable
sería de muy poca utilidad si el cristalino correspondiente no permitieran la
concentración de
Sucede lo
mismo con el captor auditivo que debe adaptarse al medio sonoro que le
rodea. Es el oído medio el responsable de esa posibilidad de acomodación y
es a él al que nos dirigimos al utilizar el oído electrónico. La adaptación del oído medio se hace por la
acción de las contracciones del músculo del martillo y del músculo del estribo.
El primero actúa sobre la convexidad
impuesta al tímpano, que se comporta entonces como una lente acústica, como un
cristalino auditivo. El segundo, el del estribo, regula la acción del oído
interno que sabe, de la misma forma que un prisma cuyo ángulo en la punta es de
Esa acomodación más o menos rápida, mas o menos compleja, determina la posición espacial de la
cadena osicular y permite abrir tal o cual gama sonora auditiva, ampliar según
las necesidades el diafragma de apertura.
El Oído Electrónico impone esa acción al oído. Modificando a voluntad la gama sonora, se <abre> el oído a los sonidos electivos de una lengua, la palabra no es excesiva. Por otro lado, tanto si se trata de la asimilación de la lengua materna como de la integración de una lengua extrajera, el proceso es el mismo.
Abrirse al lenguaje, es ante todo conectarse, ponerse en la misma longitud de onda de esa lengua. Pero para integrarla y reproducirla correctamente, el mensaje oral, previamente, debe ser oído correctamente, y eso es lo que nos permite hacer el Oído Electrónico.
Por la acción de filtros, ese aparato ofrece en primer lugar la posibilidad de una apertura diafragmática auditiva sobre tal o cual gama sonora, simple hecho que determina ya una respuesta laringo-resonancial adaptada a los filtros impuestos. En segundo lugar, hace aparecer los tiempos de latencia inherentes a la acomodación elegida. Uno de ellos representa el tiempo de respuesta de la adaptación laringo-resonancial, origen de la entonación, como hemos ya señalado.
El Oído Electrónico permite pues sobreimponer a todo sujeto, incluso al refractario, la manera de oír característica de la lengua, obligando así a percibir los sonidos según una determinada acomodación. En función de la apertura diafragmática de la audición atiende a la gama sonora electiva y al tiempo de latencia inherente a esa acomodación, el proceso se provoca de una forma espontánea.
Esta preparación es esencial en el aprendizaje de una lengua extranjera. Si el mensaje se percibe correctamente, la integración es inmediata y la reproducción perfecta ya que la fonación está estrechamente ligada al modo de percepción auditiva. Sabemos en efecto que toda modificación de la audición provoca ipso facto, una modificación de la fonación en diferentes parámetros : ritmo, timbre, intensidad, melodía, etc.
Las estructuras acústicas detectadas de este modo imprimen en el oído su penetración en función de la codificación que ellas determinan. Despiertan los condicionamientos que preparan a las células sensoriales para ser excitadas electivamente en tal o cual frecuencia.
Si se introduce en el circuito de audio-control de la audición un Oído Electrónico ajustado a otro modo de hablar, a una lengua extranjera en este caso, todo el circuito neuromuscular del sujeto se pone a trabajar en ese ritmo extranjero. Esa gimnasia, pues es un tipo de gimnasia en definitiva, es la que nos hace aptos a escuchar y a hablar <de una manera determinada>.
El esquema que presentamos aquí muestra como el auto-control <audición fonación> queda activado por la intervención del Oído Electrónico en un mimetismo inconsciente.
La persona que llega a ese <automatismo
auditivo> ha adquirido definitivamente la postura de escucha característica
de

En resumen, es como si se le hubiera ofrecido lo que a otros les gusta llamar <don de lenguas>. Pero sabemos que ese don de hablar lenguas, que es un privilegio reconocido en los eslavos y que hemos visto claramente en el etnograma del ruso, no es en definitiva mas que el hecho de una audición particularmente extendida cuyo diafragma ampliamente abierto, permite incluir sin dificultad las gamas sonoras de otras lenguas.
De golpe, como hemos señalado antes, el americano de Brookyn o el cockney de Londres, con los cascos y situado frente a un micrófono del Oído Electrónico, acabará por hablar el inglés <del Rey> con el más puro acento de Oxford, cuando el sistema de filtros le haya impuesto esta forma de escuchar y de controlarse. De otra parte es lo que debería suceder, pero con una intensidad menor, en el estudio tradicional de las lenguas. Sabemos lo provechoso, sino siempre eficaz, que es aprender la lengua en el país de origen : es que entonces el oído esta sumergido en el ambiente étnico deseado. Pero no vemos, mas que excepcionalmente, a un francés transportado a Londres instantáneamente adquirir el acento inglés, cuando en realidad ese fenómeno se adquiere rápidamente con el empleo de las nuevas técnicas electrónicas.
Hay que resaltar varias consecuencias de ese condicionamiento étnico :
1. Que la expresión oral está relacionada, indiscutiblemente, con un cierto comportamiento físico y a una cierta mímica, se puede sin duda pensar que junto a la posibilidad de expresión el sujeto ha adquirido en mayor o menor grado el comportamiento físico de aquellos de los que ha aprendido su lengua.
2. Por otro lado, la formación intelectual, sensible, moral y social
de un individuo es, en gran parte, el resultado de hábitos lingüísticos que
representan lo adquirido desde los siglos anteriores, a imagen del carácter
nacional. Del mismo modo, ese
comportamiento físico, consecuencia y expresión de una actitud mental
particular, predispone al alumno lingüista a adaptarse progresivamente al
comportamiento de los extranjeros de los cuales asimila
3. Por la misma facilidad que, gracias al empleo de esas nuevas técnicas, de cada ensayo de buena pronunciación, se deriva una mejora de la memoria auditiva, cualidad esencial e indispensable para el estudio de una lengua, es evidente que no hay que minimizar la contribución que el sujeto aporta en forma de esfuerzo personal. Su motivación continua siendo irrefutablemente un elemento importantísimo, que debe ser apoyada, sostenida, por la supresión de las inhibiciones iniciales, éstas provienen de la ininteligibilidad de la lengua hablada, estudiada y, por consecuencia, de la incapacidad fundamental de reproducirla con que se encuentra el sujeto. Sin esta preparación, la misma ininteligibilidad desarma al alumno ante cualquier tentativa de emisión articulada que se siente incapaz de controlar correctamente. Le parece vano, inútil, agotarse repitiendo sonidos, sin poder determinar y regular su reproducción fácilmente.
En conclusión, si hubiera que resumir los méritos de esta técnica en su rol de prolegómeno indispensable a cualquier estudio de una lengua extranjera, retomaríamos los términos de la exposición que hicimos en el Palacio de la UNESCO en 1960.
El Oído Electrónico permite crear el clima ambiental indispensable para la asimilación psicológica de una lengua extranjera. Además, su influencia es euforizante por :
- la facilidad de locución que procura,
- la activación automática que suscita a nivel de los mecanismos de los órganos de fonación, que se adaptan inmediatamente al uso de la lengua elegida,
- la rapidez de integración que provoca y que se manifiesta a menudo desconcertante.
De alguna manera, recreamos las condiciones auditivas de partida, las iniciales que nos han permitido la asimilación de nuestra lengua materna.
4. Las técnicas audiovisuales.
Nunca insistiremos lo suficiente sobre el valor pedagógico de las nuevas técnicas audiovisuales puestas al servicio de la integración de las lenguas vivas.
Como
precisamente indica el término <audiovisual> ese tipo de enseñanza se
dirige a los dos principales órganos sensoriales del conocimiento
: la audición y
Es precisamente para paliar ese inconveniente por lo que se ha introducido el empleo del Oído Electrónico en el seno de esas nuevas técnicas. Pues, aunque es verdad que algunas iniciativas en materia lingüística han fracasado a lo largo de los últimos diez años y que numerosos laboratorios de lengua han sido cerrados, no es menos cierto que podemos considerar hoy a esos métodos de aprendizaje como medios activos para la adquisición de una lengua bien estructurada, bien articulada, bien integrada.
Sin ánimo de elevar a esas técnicas a nivel de una panacea, pensamos que es necesario sacar conclusiones y evocar las condiciones en las cuales se deberían realizar estas iniciaciones lingüísticas. Vamos a esforzarnos en evidenciar los diferentes aspectos de la verdadera integración a fin de que las técnicas audiovisuales puedan encontrar, a ojos y especialmente a oídos de nuestros lectores, el eco favorable que merecen obtener en el seno de la moderna pedagogía.
El éxito de tal empresa exige el análisis detallado del proceso psicofisiológico comprometido en esa aventura: la adquisición de una lengua extranjera.
El laboratorio de lenguas constituye, en nuestros días, una ayuda valiosa para el profesor y el alumno por los condicionamientos que provoca a nivel de centros auditivos y visuales. Voluntariamente hemos colocado la audición antes que la visión pues nos gustaría recordar que, para aprender una lengua, es necesario ante todo oír.
La introducción, dentro de esta pedagogía activa del <Oído Electrónico con Efecto Tomatis> continua siendo muy importante por el aporte sensorial considerable que produce en el campo de la transmisión del mensaje sonoro y de su reproducción integral. Asegura una escucha perfecta de todos los elementos de la cadena hablada específica de la lengua a estudiar y, por vía de contrarreacción, permite al alumno lingüista reproducir exactamente lo que ha oído perfectamente. Así, gracias conjunto “Magnetófono/Oído Electrónico”, la adquisición de una lengua se convierte en algo fácil.
Vamos ahora a abordar las condiciones en las cuales deberían practicarse las técnicas audiovisuales que tiene por objetivo, recordemos, aportar al alumno no solamente un recordatorio del curso fundamental del maestro, sino también ejercicios de lengua habituales bajo la forma de trabajos prácticos.
El sujeto, instalado ante el equipo, sigue con los ojos la imagen que se proyecta mientras que el texto que lo acompaña le es proyectado en los oídos por unos cascos conectados a un magnetófono. Hay que destacar aquí el interés de esa enseñanza individual que permite al alumno disponer de la máquina siguiendo su ritmo personal, sin intervención exterior, en una progresión determinada por su propia velocidad de integración.
De este modo establece un juego de repeticiones voluntarias, fáciles, agradables, divertidas. ¿No es el juego humano más apasionante toda adquisición lingüística, por poco que esté bien hecho? Pero la fragilidad que encontramos en el bebé en el momento de la constitución de su circuito audiovocal rebrota en el adulto. Y eso sucede porque las inhibiciones son en él mayores, más fuertes aún; su posición social le invita a resistirse, a envarase, su miedo al ridículo le aleja de ese juego de construcción lingüística. El hábito que tenemos permanentemente de activar la inteligencia para asimilar una cosa nueva, no solamente no le sirve de nada sino que incluso perturba su progreso.
Lo que importa al principio, es el establecimiento de ese carril, de esa red de redes que deben poco a poco instalar las diferentes líneas y los diagramas de lo flujos verbales. La cristalización semántica se efectuará a continuación, sin confusión ni trastorno. No sirve de nada, en efecto, querer comprenderlo todo de buenas a primeras. No es así como el hombre comienza el aprendizaje de su lengua materna. Sin duda la necesidad de ir rápido perturba ese primer estadio, pero ¿para qué correr, precipitarse? Es evidente que el sistema fonatorio del adulto sometido desde hace muchos años al uso de la lengua materna, necesita un tiempo para reelaborar sus estructuras auditivas y verbales similar al que necesitó el bebé. La maduración de la que se beneficia el adulto le permitirá quemar etapas pero no le dispensará de atravesarlas.
Entre esas etapas, la de la integración auditiva continua siendo esencial. Poco importa saber si el alumno hace de la imagen visual, que se le presenta en la pantalla, una imagen mental algo diferente de la de su vecino. La estructura sintética de la visión dispensa a cada uno un valor global casi idéntica.
No sucede lo
mismo con
El lenguaje no está hecho - debemos tenerlo siempre presente – mas que de movimientos secundarios organizados, altamente elaborados, que solo son propios del hombre cuando éste goza plenamente de sus facultades. Si el captor auditivo es defectuoso, o está encasquillado en una posición y solo una, sin que le sea posible modificar inconscientemente su posición cinética, todos los medios prácticos que se pongan no surtirán efecto. Todas las grabaciones, por muy perfeccionadas que sean, se guardarán, como otras muchas cosas, en el fondo de un armario, esperando, bajo una capa de polvo, algún nuevo empuje veleidoso.
En ese caso habrá que culpabilizar menos al método que a los factores de integración auditivos. Por mucha imaginación que se ponga al servicio de la pedagogía no servirá para nada si la puerta de entrada, es decir el oído, se mantiene cerrado al mensaje lingüístico. Habrá que asegurarse primero de que la puerta esté perfectamente abierta, que la audición esté preparada para recibir los sonidos específicos de la lengua que se debe asimilar. Sin ello, los esfuerzos serán en vano.
Es por ello que el Oído Electrónico se debe asociar al magnetófono del laboratorio de lenguas. Permitiendo a los factores de integración auditiva modificarse con la ayuda de la báscula electrónica que contiene, el aparato provoca la sobreimposición de otra manera de oír, y por eso, una variación en el modo de control del cual depende la reposición del fonema inicial.
Los resultados tan sorprendentes que nos aportan estas nuevas técnicas audiovocales provienen simplemente del hecho de que crean electrónicamente el medio de impregnación acústico indispensable al restablecimiento del dispositivo de auto-control. El resto, la fonación, no tiene mas que fluir, emanar paulatinamente a continuación, de forma natural.
Estamos seguros de que los efectos de la utilización del Oído Electrónico serán tanto más eficaces si se conjugan con el empleo de un método lógico de enseñanza de lenguas, basado en la adquisición progresiva y coordinada de grupos portadores de sentido. El problema pedagógico sigue siendo el mismo y no podremos insistir lo bastante en la necesidad de adjuntar a esas técnicas un método de aprendizaje que tenga en cuenta los mecanismos profundos de la integración de una lengua.
El laboratorio de lenguas tiene precisamente como objetivo promover esas técnicas en una amplia perspectiva de integración sensorial, sin la cual todo aprendizaje de una lengua resultará inútil.
Como se ha
dicho antes, una lengua viva se aprende escuchándola: el rol del oído, en el
acto fonatorio, adquiere hoy en día una fuerza evidente. El oído, repitámoslo,
debe no solamente captar el sonido, amasarlo, transformarlo, pesarlo,
analizarlo, sino que además debe distribuirlo a nivel del teclado de las
neuronas sensoriales cuya excitación, por inducción de numerosos circuitos,
determina la imagen sonora definitiva. El oído es el director de orquesta de la
palabra bajo todos sus aspectos : volumen de la
Importa pues asegurarse del perfecto comportamiento del oído ante la información inhabitual de la lengua a estudiar que exige una postura auditiva completamente diferente de la que la lengua inicial, materna, ha fijado. El laboratorio debe permitir al oído abrir ampliamente su pabellón a la información lingüística y regular automáticamente su apertura sobre la gama informativa de emisión. Debe también dar la posibilidad de yugular la emisión de las repeticiones hechas por el alumno. Todo acto fónico debe, en efecto, ser controlado por el captor auditivo que guía el desarrollo articulatorio hasta la restitución integral.
Así el alumno debe asimismo oír. Hablar, como hemos dicho muchas veces, es oír de una determinada manera. En el momento de la emisión, el oído tiene en su poder el control del timón, de regular cibernéticamente la intensidad, el timbre, la entonación, las inflexiones, de asegurar el control semántico e incluso de modular las cargas afectivas extralingüística. El estudio de este último punto desbordaría el marco de la presenta obra.
Hablar una lengua, es aceptar su propia escucha a las frecuencias acústicas de esa lengua. El oído adopta, con el fin de lograrlo, una postura específica para cada lengua, lo que permite modificar a placer las contra-reacciones articulatorias que hacen variar la emisión y por ahí, la emanación verbal, testimonio de una nueva codificación neuronal.
De este modo el oído perfila su audición sobre la gama sonora específica de la lengua a integrar. De ello resulta una manera de oír que se amolda en la curva envolvente de ese nuevo idioma. Los sonidos emitidos en una lengua comportan en efecto múltiples <objetos sonoros> que tienen un aspecto, una talla, una morfología específica de la lengua.
El Oído Electrónico tiene como objetivo, precisamente, hacer entrar al alumno lingüista en el mundo sonoro de aquellos de los cuales quiere adoptar el lenguaje.
La experiencia nos ha permitido deducir algunas reglas que es esencial conocer para obtener la eficacia deseada :
1) El Oído Electrónico deberá ser utilizado durante un período preliminar anterior a las primeras clases de enseñanza de la lengua propiamente dicha, con el objetivo exclusivo de condicional al aparato auditivo y fonatorio.
2) Si está destinado a alumnos que ya han empezado el estudio de la lengua desde hace un tiempo mas o menos largo y que tienen una pronunciación y una audición deficientes, el mejor método será volver a partir de cero y no volver a reprender el estudio de la lengua propiamente dicha hasta después de un periodo de utilización del Oído Electrónico dirigido únicamente al condicionamiento del aparato audio-fonatorio. Esta etapa preliminar se hace en sonidos filtrados en la lengua, es decir una audición intrauterina para recrear las condiciones de aprendizaje de una lengua materna.
3) Si, por alguna razón, se desea no interrumpir el estudio de la lengua, habría que destinar diez o quince minutos de cada clase a unos ejercicios bajo el Oído Electrónico.
4) Sea cual sea la duración del al utilización del Oído Electrónico, esa utilización deberá tener como objetivo esencial la integración progresiva y metódica de todos los sonidos, ritmos o entonaciones específicos de la lengua estudiada, es decir los elementos de la cadena hablada más difíciles de adquirir para un alumno de otra nacionalidad. Su empleo será tanto más eficaz cuanto más adaptado a las deficiencias particulares de cada alumno estén la programación y la progresión, que se habrán evidenciado en el test audiovocal previo del que se ha hablado en este capítulo.
5) Si nos ajustamos a los ejercicios fonéticos ya creados y preparados específicamente, efectuados con ayuda del aparato, que preparan más eficazmente al estudio de la lengua propiamente dicha, pues se han elegido grupos de sonidos para esos ejercicios, pueden constituir los mecanismos esenciales del aprendizaje de partida. Aunque el alumno no los comprenda y que no vea en esos ejercicios de repetición más que un puro ejercicio de fonética, estará sin embargo colocado en una situación idéntica a la del niño muy pequeño que, al tiempo que adquiere progresivamente los sonidos y el comportamiento de su lengua materna, fija poco a poco en sus reflejos el sentido y el empleo de los grupos de sonidos, fonemas o semantemas que oye a su alrededor. No será, pues, inútil utilizar paralelamente a los ejercicios de fonética una proyección sincrónica de vistas o imágenes fijas destinada a dar una primera noción más o manos precisa del sentido.
6) Aunque en general una sola repetición de los grupos de sonidos sea suficiente, el profesor o el monitor deberá pedir al alumno que haga el esfuerzo de repetir cada grupo, según las necesidades varias veces, hasta que haya adquirido una pronunciación inteligible y si es posible perfecta, correspondiendo como respuesta a un condicionamiento audiovocal de buena calidad.
7) No podemos dejar de mencionar la imperiosa necesidad de utilizar en los laboratorios de lenguas una material cuyas características respondan a normas de una muy alta calidad. Todo elemento defectuoso en la cadena de montaje del sistema verbal tiene el peligro de comprometer no solamente la buena transmisión del mensaje, que se desea hacer oír, sino incluso su integración, que se puede volver más difícil ya que las alteraciones que se han producido a lo largo de la cadena pueden modificar totalmente el aspecto inicial.
¿Cuáles son pues las precauciones a tomar y las principales imperfecciones a evitar?
Estas últimas pueden encontrarse en cualquiera de los elementos del montaje. La grabación debe ser de excelente calidad. Los tiempos dejados para las repeticiones, llamados <bancos sonoros>, estarán repartidos juiciosamente. Los magnetófonos traducirán fielmente lo que la cinta contiene, sin distorsiones. La linealidad que hay que exigir es absolutamente necesarias hasta los 12 hertzios, para el inglés por ejemplo. Hemos visto muchas veces laboratorios vacíos, que los alumnos se han cansado, a causa de los magnetófonos con curvas diferentes unas de otras, que producen distorsiones que hacen irreconocibles las señales acústicas de partida.
Sin querernos extender desmesuradamente sobre estas cuestiones técnicas, podemos sin embargo afirmar que, en el campo audiovisual, el <casi> o <mas o menos> en materia de aparatos conduce indefectiblemente al fracaso total.
Por otro lado, debemos insistir en el hecho de que el alumno debe participar activamente en esa iniciación lingüística con un aporte de voluntad y de esfuerzo. Aunque se ha verificado que el rendimiento de los métodos de pedagogía activa se multiplica con el uso del Oído Electrónico, también es verdad que una vez al aparato auditivo y fonatorio se ha preparado nos queda aprender la lengua con su gramática y su vocabulario.
No hay pues que minimizar el esfuerzo a poner por parte del estudiante. De todas formas es bueno igualmente precisar que su motivación, que continua siendo sin duda un elemento mayor, se encuentra ampliamente facilitado por la abolición de las inhibiciones de partida, basadas en la ininteligibilidad de la lengua hablada y, en consecuencia, en la imposibilidad de reproducirla.
Las técnicas audiovisuales de las que acabamos de referenciar los principios deben así, y esto será la conclusión de este capítulo, poder aportar un gran apoyo al profesor permitiendo que sus alumnos abran perfectamente sus oídos a las enseñanzas que se les prodigan. Ya no se trata de un <diálogo de sordos> sino de un intercambio fructífero entre los individuos capaces de comunicar por medio de un mismo lenguaje correctamente transmitido.
El profesor, aliviado de una tarea especialmente pesada, puede ahora hacer integrar a sus alumnos todas las sutilezas, todos los elementos específicos de la lengua de la cual es el <portavoz>. Sobre un terreno perfectamente acondicionado, podrá transmitir con facilidad la cultura y la psicología que emana de la etnia que él representa.
Como hemos dicho al principio de este capítulo, no deseamos presentar esta técnica como una panacea. Debe continuar siendo un medio al servicio de la pedagogía y constituir una ayuda indispensable al profesor de lenguas vivas.
8.- El niño
y el aprendizaje de lenguas
El tema está de moda. En el momento en que las reformas escolares se preguntan a qué edad el niño debe abordar el aprendizaje de una o varias lenguas extranjeras, pensamos que debemos aportar nuestro punto de vista. Éste reposa sobre los principios de neuro-psico-fisiologicos que estamos estudiando desde hace cuarenta años respecto al funcionamiento del aparato auditivo.
Sea cual sea la estrategia pedagógica que se establezca, hay que recordar que no hay edad para aprender una lengua. El niño pequeño tiene un oído plástico, capaz de integrar todos los universos sonoros, el de su lengua materna o el de una lengua extranjera. Si las reglas de integración lingüística se aplican estrictamente en el entorno familiar y social, no hay razones por las que un niño no pueda convertirse en polilingüe o por lo menos bilingüe en pocos meses.
Cuando los padres tienen lenguas maternas diferentes, deben dirigirse al niño cada uno en su propia lengua. El bebé sabe captar perfectamente las diferenciaciones pertinentes de cada étnia. No se equivoca de canal fonológico, tanto en el plano de la escucha como en el de la reproducción de los sonidos que recibe. “Fondea” su oído en el universo acústico especifico de la lengua que le ofrece uno u otro de sus padres. No se hace ninguna confusión con la lengua social que aprende primero balbuceando y luego construyendo poco a poco sus frases que le permitirán expresarse correctamente en el medio en el que vive.
Tanto si se trata del aprendizaje de una lengua extranjera en casa o en la escuela, el problema de plantea de la misma manera. El adulto debe hablar en su lengua de origen. Si, en el plano práctico, esta solución es imposible de realizar, especialmente en lo que se refiere a los profesores de lengua, habrá que apelar a las técnicas de integración que tengan en cuenta los datos neuro-fisiológicos específicos de los procesos de aprendizaje. El rol primordial que juega el oído humano y los integradores neurológicos correspondientes (vestibular y coclear) deben estar presentes, de forma permanente en el medio pedagógico.
¿Cómo aprender el inglés en la escuela?
Me gustaría presentar los resultados de un experimento que tuvo lugar, hace algunos años, en una escuela belga. Esta historia puede interesar a padres y profesores preocupados en ver progresar al niño rápidamente en el aprendizaje de una lengua extranjera.
Gracias a la activa cooperación de cuatro profesores, pudimos poner a prueba nuestro método comparándolo con el de la enseñanza tradicional. Se hizo un informe luego para consignar los hechos y sacar las conclusiones que se desprendieron.
Para decidir al director de la escuela a aplicar esas técnicas audiovocales en su escuela, le explicamos que un alumno con dificultades de aprendizaje en una lengua extranjera está en la misma situación que un alumno que no logra aprender a leer, a hablar y a escribir en su lengua materna. Son <disléxicos> los dos, es decir con dificultades de escucha. Ese argumento, basado en nuestra intervención en materia de dificultades escolares, nos permitió empezar una experiencia pedagógica que aportó sus frutos.
Desde el principio de curso en septiembre, una clase de cinco años se dividió en dos partes, 16 niños seguían la escolaridad perfectamente normal, y los otros 16 durante la clase de inglés se ponían unos cascos que difundían esa lengua en sonido filtrado. El protocolo estipulaba que, hasta Navidad, los niños del segundo grupo se contentarían, en sus horas de curso de lengua, con esas sesiones bajo el Oído Electrónico.
Un mes y medio después, los alumnos del primer grupo “sacaron pecho” : con algunas expresiones que habían aprendido, se creían que se habían vuelto americanos. Se pusieron a mirar a los demás por encima del hombro, con aires burlones, a sus pequeños camaradas del otro grupo que parecían perder el tiempo. Pero éstos, beneficiados por los efectos habituales del método, se volvieron más tónicos. Se sentían mejor consigo mismos, tomaban mayor distancia con respecto a sus preocupaciones.
A la vuelta de vacaciones de Navidad, en enero, los dos grupos retomaron la escolaridad común en el curso de lengua. Pero la inquietud era tal en los padres y en algunos profesores que se solicitó una inspección para verificar si los niños que habían estado bajo el Oído Electrónico se habían o no retrasado. Esta inspección tuvo lugar dos meses después del reinicio escolar, es decir marzo. Yo estuve presente en esa gran reunión que debía disipar los malentendidos. Los inspectores preguntaron primero a los alumnos que habían seguido la enseñanza tradicional. Estos se pusieron a balbucear el inglés como lo suelen hacer todos los pequeños franceses de esa edad y curso. Cuando el inspector pronunciaba dos o tres frases consecutivas, los niños se ahogaban y respondían con palabras vagas, siempre saliendo de contexto y pronunciadas con un acento que ya se pueden imaginar. Los del segundo grupo hablaban inglés. No era una cuestión de vocabulario, pues no sabían más que sus camarada. Simplemente oían <a la inglesa>. Estaban <anglificados>, como lo está un pequeño londinense de cinco años que poco a poco va llenando su piscina de vocabulario y mejora su actuación de manera natural. Mientras sus pequeños camaradas pronunciaban y vivían el inglés <a la francesa>.
Habíamos adaptado el oído de los niños a la escucha de otra lengua hasta hacerles aceptar otra manera de ser. Su sistema nervioso, su cerebro y también su cuerpo y hasta su piel había aceptado otro tipo de alocución, otra actitud y otra mentalidad.
Este
experimento se desarrolló durante el curso 1976-77. Los profesores que la
pusieron en práctica publicaron un informe concluyente. En este estudio,
recuerdan que los alumnos de ese curso de la escuela fueron sometidos a una
serie de test, incluido el test de escucha, como una experiencia de integración
del inglés con utilización del Oído Electrónico. Éste fue dirigido por tres
psicólogos profesores. Se constituyeron dos grupos, un grupo llamado
<experimental> (grupo I) y un grupo de <control> (grupo II), con
igual representación por sexos, nivel escolar y resultados de escucha. Todos
los niños presentaban un perfil audiométrico similar, caracterizado por una
curva ligeramente ascendente de
Pocas semanas
más tarde, los alumnos del grupo I mejoraron su actuación acústica de manera
objetiva, la evolución más nítida se situaba en las frecuencias agudas, es
decir de
Los progresos realizados por los alumnos del grupo I se hicieron pronto sustanciales. Mientras que los alumnos del grupo de control conservaron, entre el principio de curso en septiembre y las vacaciones de junio, el mismo número de errores en la prueba llamada de <espacialización> (donde se trata de indicar si un sonido viene de la derecha o de la izquierda), los del grupo experimental hicieron progresos muy claros.
Mas
espectaculares fueron aun los progresos en el campo de la <selectividad> , esta facultad que permite identificar y sobre todo
diferenciar los sonidos con la mayor finura posible en el interior de una gama
sonora específica. Tal como los autores subrayaron, <un curso de inglés no
puede ser iniciado en buenas condiciones sino es con la selectividad abierta de
Los progresos en selectividad sobrepasaron la línea del 50% sobre un espectro que se extiende hasta 6000 hertzios. El número de faltas pasó de 27 (en junio) a 13 (en septiembre), mientras que los miembros del grupo de control se estancaron (20 faltas de media contra 22). En los 16 alumnos del grupo experimental, el porcentaje de salida de los niños con dificultades en ese campo era de 88%. En junio, este había caído hasta 44%. 9 alumnos de los 16 habían logrado abrir su selectividad. En sus pequeños camaradas <de enfrente> la ganancia fue alrededor de 0%.
Se realizaron otros test, especialmente la prueba llamada de Stamback que propone reproducir 21 secuencias rítmicas de una complejidad cada vez mayor. Ahí también, los alumnos que siguieron el entrenamiento bajo el Oído Electrónico brillaron. Sin embargo, continúan los psicólogos, <el grupo experimental no tuvo una educación rítmica específica. Los sonidos filtrados son los únicos artesanos de esa mejora>. Fenómeno muy importante ya que el ritmo de una lengua extranjera es uno de los elementos más difíciles de integrar. Escapa a un análisis estrictamente intelectual. Los autores tienen razón al recordar que <entonación, ritmo y acentuación son fenómenos relevantes de las estructuras primitivas, con orígenes más primitivos que los de los órganos que organizan las estructuras fonemáticas… El elemento rítmico debe escapar al campo de conciencia si quiere imponerse>. Los sonidos filtrados, desnudos de todo tipo de significación y de percepción gramatical, sumergen al que los escucha en un universo en el que pierden sus referencias lingüísticas anteriores para, progresivamente, adquirir otras.
Cuando las curvas de los alumnos fueron satisfactorias, los educadores les invitaron a hacer ejercicios de lectura en voz alta en los que se habían aumentado la proporción de <silbantes>, sonidos particularmente representados en la lengua inglesa. Los observadores constataron que los niños, para <captar> esas sonoridades tan nuevas para ellos, tenían una manera muy particular de sentarse, muy erecta, que contrastaba con la negligencia de los alumnos que trabajan en el laboratorio de lenguas tradicional, a menudo echados sobre sus mesas. La memoria y las posibilidades de concentración de los alumnos del grupo experimental se acentuaron considerablemente. El seguimiento del experimento demostró que, al igual que había una relación entre el número de sesiones de sonidos filtrados y la facilidad de repetición de las <silbantes>, existía una relación entre la calidad de la reproducción de estas y la capacidad de producir convenientemente las secuencias del curso de inglés propiamente dicho.
Los alumnos reprendieron su escolaridad normal después de algunos meses bajo el Oído Electrónico. Como en otros aspectos del experimento, hicieron gala de una sorprendente rapidez en la integración del contenido estrictamente informativo del curso que no habían podido seguir por causa de sus sesiones. Los autores del informe multiplican las referencias sobre la facilidad de esos nuevos anglicistas, <la naturalidad con la que ponían en escena los “sketches” (escenas teatrales), la calidad de la entonación y el ritmo, la presencia de rasgos significativos en la emisión de fonemas típicos como la aspiración de la <t> y de la <k> el mantenimiento de las consonantes finales, la reducción de vocales en las sílabas no acentuadas>.
Este experimento llevado de forma rigurosa por los profesores especializados en psicolingüística merece ser destacada. Ante el desarrollo extraordinario de los medios de comunicación, cara al despegue de los intercambios internacionales ¿no deberíamos desear para los niños y adolescentes a nuestro cargo que tuvieran en un futuro la suerte de comunicar en varias lenguas? ¿No deberíamos permitirles compartir ese territorio de <entente> (comprensión) como son las relaciones interlingüísticas?.
Preocupados por tales interrogaciones a las cuales queríamos dar respuesta, intentamos introducir estas nuevas técnicas en las escuelas y establecer algunas estadísticas. Hay que decir que raramente se nos ha querido seguir en esa campaña de sensibilización sobre la escucha en las lenguas extranjeras. Ni los padres ni los profesores demostraron interés por este procedimiento muy específico basado en datos científicos ampliamente experimentados por otro lado. Al contrario, he tenido que explicarme una y otra vez para calmar las aprensiones de unos y otros.
Aunque esas aprensiones sean legítimas, me he visto obligado a abandonar ciertos proyectos de introducción de nuestras técnicas en medios escolares. ¿No será peligroso haces aprender muy pronto una lengua extranjera a un niño que aun no domina su propia lengua? ¿No vamos a comprometer la integración de la lengua materna? Es una cuestión que se me ha hecho a menudo y que prueba lo mucho que ignoramos las potencialidades de nuestro cerebro. Éste es capaz de aprender todas las lenguas del mundo y todo lo que quiera, lo que me hace decir, una vez más, que <todos nacemos políglotas>.
Algunos padres están persuadidos de que logrando un profundo conocimiento del francés, recompensado por el agregado de letras clásicas, por ejemplo, sus niños no tendrá ninguna dificultad en introducirse en una <segunda> lengua. Cuando un niño que ha llegado, en su país, a un nivel cultural muy elevado tiene muy a menudo más dificultades que otro para entrar en una lengua extranjera. ¿Por qué razón? De hecho, ha ido tan lejos en el conocimiento de su lengua materna que no admite la aparente regresión que provoca en él un cambio de registro lingüístico. Está perdido. Se siente amputado de su comodidad natural, y de un cierto sentimiento de superioridad.
Se teme perder su identidad hablando varias lenguas, mientras que el pensamiento al volverse políglota gana en riqueza y en finura, adquiere mayor ligereza, mayor inflexión. El bilingüismo nos ayuda a volver a encontrar y a vivir esas famosas conexiones que existen entre las lenguas. Las palabras vuelven a encontrar los canales fonológicos que abren la puerta a los neologismos, a los juegos de palabras inter-lingüísticos. El mundo visto por un oído de inglés no tiene nada que ver con el de un francés.
Y la lengua
francesa está asimismo sometida a variaciones geográficas. Los padres que
prefieren ver a sus hijos concentrase sobre el aprendizaje en profundidad de su
lengua materna no se dan cuenta de que ésta está ya esclerotizada por la región
en la que están establecidos. La gama sonora de un parisino ocupa de
Padres y educadores deben saber que existen actualmente medios simples para abordar el aprendizaje de una lengua viva. Una logística desnuda de toda intelectualización exagerada está ahora preparada para ayudar a los niños y adultos a entrar en el universo lingüístico de otras naciones.
Las técnicas audiovocales de las que hablamos en esta obra son fácilmente aplicables en el medio escolar. Se han hecho algunos intentos en Canadá y Estados Unidos. Otros se hacen en Europa. Francia hasta ahora no ha juzgado como bueno emprender tales procedimientos. Solo se ha hecho un ensayo en el último año en un instituto técnico situado en la región de Marsella. El experimento, por el momento, no ha dado lugar a la redacción de un informe similar al presentado por los responsables pedagógicos de la escuela belga. Esperemos que, cuando esté preparado, los responsables de las decisiones en materia de enseñanza tenderán los oídos para examinar todas las posibilidades que se les ofrecen para resolver el agudo problema que se plantea hoy para los pequeños franceses frente a las perspectivas europeas.
9.- El adulto y el aprendizaje de lenguas
Cuando se trata de proponer a los adultos estas nuevas técnicas audiovocales, es necesario tomar ciertas precauciones para atenuar los a priori que pueden tener en materia de aprendizaje de una o varias lenguas extranjeras. Se manifiesta un cierto pánico. Una cierta resistencia también, muy legítima, a todo lo que sea novedoso, al cambio de hábitos. Pues es verdad que entrar en una lengua extranjera supone una modificación sensible del comportamiento, de la postura psicológica y corporal, de la manera de pensar y actuar. ¡Ahí es nada! ¡Pero qué enriquecimiento cuando se ha pasado por encima del obstáculo de su lengua de origen! ¡Qué suerte poder añadir a los mecanismos de su propia lengua los de otra étnia, con las amplias perspectivas de abordar un nuevo universo cultural!.
Dos ideas capitales, expresadas tal vez de manera abrupta, hay que evocar antes de ir más allá en este capítulo consagrado al adulto. Primero : la lengua materna es una barrera que hay de rodear, una defensa con la cual es necesario negociar. Segundo : se escucha antes de hablar y luego, solamente luego, se estudia las estructura del discurso. El camino inverso es sin salida. El niño en los primeros años de su vida no se equivoca : desea hablar. Habla. Y, cuando sabe hablar, aprende a conocer su lengua.
Nosotros explicamos a los adultos que el famoso <don de lenguas> está relacionado con la capacidad de escucha y que el método que proponemos consiste en desarrollar esa facultad de la que todos disponemos pero solo algunos saben explotar. Simplemente porque tienen un <oído> plástico que les permite entrar en el universo acústico de la lengua a estudiar. Introducimos pues al alumno en ese universo por medio de lo que nosotros llamamos <sonidos filtrados>, es decir los que reproducen la percepción auditiva del niño antes de su nacimiento. El oído, en efecto, se despierta a la escucha desde su concepción gracias a la voz materna percibida in útero. Es en ese momento de la vida en el que las improntas neuro-sensoriales que todavía no parecen lingüísticas son las más fuertes. Son indispensables y se presentan como el preludio del establecimiento de la función hablada.
Proponemos así una impregnación al estilo fetal a fin de establecer los fundamentos clave, primordiales, de los mecanismos de la lengua, y eso en los mínimos detalles de su fonetica. En efecto, la manera en que se emite el mínimo sonido evoca ya la trama musical de la expresión, el modulado de la frase y del discurso. Es lo que hacen perceptible los sonidos filtrados intrauterinos de una lengua. Estos tienen la ventaja de no estar obstruidos por la doble articulación, la semántica…, vuelven a encontrar el poder de los primeros rastros acústicos de la vida.
Este
preliminar pedagógico no dispensa a los alumnos de penetrar luego en el estudio
propiamente dicho de
El oído de un feto americano
En una
entrevista en la televisión suiza, Gérard Depardieu declaró recientemente: <
El problema que tenía a los dieciséis años, y que me condujo hasta Tomatis, es
que tenía un bloqueo. No podía hablar. Oía demasiados sonido
a la vez y ya no era capaz de emitirlos. Las sesiones bajo el Oído Electrónico
me permitieron adquirir una memoria fenomenal. Eso también me abrió rápidamente
al teatro, y luego sobre el mismo lenguaje. Cuando, por necesidades de la
filmación de
Los comentarios tan pertinentes de Gérard Depardieu explican perfectamente lo que sucede cuando uno se propone sumergirse en otro universo lingüístico diferente del de sus orígenes étnicos. Como lo recuerda este gran artista, el alumno está inmerso en las condiciones de escucha de un feto inglés, alemán, español, los sonido filtrados que enviamos a través del Oído Electrónico no tienen memoria. No pueden se interpretados. Por otro lado, no tienen el aspecto de sonidos <extranjeros>.
Por el contrario, el que entre en una lengua diferente de la suya materna confontándose directamente con sus propias palabras va a reproducir, en razón de la carga sónica que contienen los fonemas nuevos, su comportamiento lingüístico de origen. Eso sucede porque no abandona su gama sonora. Puede, por otras razones, transferir en otra lengua extranjera una actitud patológica. Si algunas palabras, algunos sonidos, provocan en él una resistencia afectiva (el <mm> de <mamá>, el <pp> de <papá>…), desarrollará con respecto a ellos el mismo comportamiento volviéndolo a encontrar en la cadena hablada extranjera.
Se considera generalmente como un hecho <normal> el hecho de tener dificultades de aprendizaje en una lengua extranjera, cuando en realidad hay una manera totalmente diferente de afrontar ese fenómeno. Debo recordar que no existe ninguna diferencia entre un niño que no logra leer y el que no logra integrar el inglés o el español : son igualmente disléxicos, es decir con dificultades de escucha con respecto al sistema de comunicación, de decodificación. Los sistemas <cerebro programado en la lengua materna/lengua extranjera> no son compatibles. Mientras que con los sonidos filtrados el sujeto se vuelve a encontrar en el seno de una gama sonora que no tiene nada que ver con la de la lengua de origen. Se codifica espontáneamente, sin polución, sin esfuerzo. Cuando, después de la preparación bajo el Oído Electrónico, uno se mete en el baño lingüístico es decir en el aprendizaje propiamente dicho con el método de su elección, descubrirá una compatibilidad perfecta entre los dos sistemas.
Para ilustrarlo podemos expresarnos en la jerga de los informáticos diciendo que: el ordenador es el mismo, son los programas los que cambian. Tomemos un disquete válido para todo el mundo, es decir un vestíbulo y una coclea, en resumen un sistema auditivo. Para <formatear> ese oído, lo sumerjo en el entorno acústico local. La adaptación se establece en función del aire ambiental y de la lengua que se habla. Mi cerebro-ordenador tiene ahora la posibilidad de procesar su pensamiento. Pero éste debe respetar toda una serie de contra-reacciones : oído/laringe, laringe/lengua, lengua/labios, oído/cuerpo, a su vez auto-controlados, lo que me distingue ya de un ordenador. Si yo paso a otra lengua sin haber cambiado mi cartucho, continuo estando en las condiciones acústicas precedentes y yo no comprendo lo que me dicen, incluso si he vuelto a mi país de origen. Los que han pasado una larga estancia en el extranjero pueden atestiguar esta experiencia curiosa. Al volver a Francia, se han convertido en los extranjeros. Su programa audio-lingüistico ha cambiado.
Espías a la escucha de sonidos filtrados
Así, cada lengua tiene su codificación prelingïistica, como un tipo de substrato subyacente que camina bajo el discurso. Esa idea es sin duda difícil de captar y, quizás de admitir. Sin embargo voy a tratar de explicarla citando un hecho curioso. En la época en la que yo trabajaba en los Arsenales, el general Véron-Lacroix, director de los servicios de comunicación de Mont-Valérien, me convocó para que le explicara porqué algunos suboficiales del Servicio de contraespionaje, se encontraban, a los treinta y seis años, como viejos en el atardecer de sus vidas. Vacíos, agotados, con el cabello canoso antes de tiempo.
Estaban encargados de descifrar con su oído, más exactamente con los dos oídos a la vez, los mensajes codificados, diferentes para cada uno de los oídos (orejas), que las potencias extranjeras enviaban por vía hertziana utilizando todas las emisiones radiofónicas del mundo entero como soporte. El resultado es que salía una especie de morse. Cuando entrabas en la sala donde trabajaban, oías un ruidito (similar al de una radio mal sintonizada) como un gorgogeo de pequeños ruidos anónimos y entrecortados. Cada uno de los suboficiales los transcribía en puntos y rayas más o menos largas, con las dos manos a la vez y de manera simultánea los <toc toctoc toc tocototoc-toc> que captaban separadamente a nivel de cada uno de sus oídos. Ponían negro sobre blanco con la mano derecha lo que recibía por el oído derecho y con la mano izquierda lo que escuchaba por ese lado. Había tanta información a recoger y a absorber y el personal era tan poco numeroso que la exigencia de la escucha bipolar se había impuesto como método de trabajo. Así cada <espía> estaba encargado de hacer el seguimiento de dos emisiones ¡al mismo tiempo!, una por cada oído.
¿Es necesario que diga más sobre el cansancio de esos operadores? No tuve que buscar muy lejos la razón de su fatiga extrema. Pero lo que me alucinó más fue oír comentar en cada nueva secuencia : <Mira, he ahí un ruso que habla> o un americano, un inglés, un español. Los ruidos sin embargo parecían uniformes. Su contenido se mantenía en secreto ya que los mensajes se desvelaban para ser decodificados por otro servicio, pero el substrato de la lengua pasaba y esos oídos expertos los identificaban rápidamente. Y eso es, nuestros sonidos filtrados son esos <toc toc toctoctoc>. Un morse. Cuando purificas hasta el límite de lo audible la voz de la madre, queda un pequeño ruido de fondo ritmado, con cierto parecido al de una cascada o un rumor indescifrable de un bosque. Un ruido que un periodista comparó al sonido del Canal Plus sin decodificar y que conocen muy bien todos aquellos que siguen las curas bajo el Oído Electrónico.
Los sonidos
filtrados de una lengua forma
Cuando
alguien sigue ese tratamiento, el inglés se da bajo la forma de pequeños
sonidos muy ténues, cantando como un riachuelo fluido y alegre, hecho de <tictictic tic tictic> rápidos y crepitantes.
El francés parece más pesado, incluso parece más serio, lo que no debería ser
si fuera un filtraje idéntico, pero el <toc toc toc toctoc/toc> parece
más lento. Esa melodía de <subsuelo>, es la lengua que apunta el rabo de
su oído. Es ya la herramienta del cuerpo, el uso del teclado corporal, las
referencias neurológicas, de la piel… Es el <morse> que sustenta
Lo más difícil para mi es explicar a los alumnos deseosos de aprender una lengua extranjera en las mejores condiciones, es decir rápido y bien, que durante dos semanas van a estar dos horas al día, con sus cascos puestos, escuchando ese tipo de pequeños ruiditos de pájaros. Sabemos que en general los candidatos a aprender lenguas quieren gramática, listas de palabras, cursos de pronunciación, reglas, irregularidades, ejercicios, controles, libros.. a veces hasta el hastío o el abandono. Aquí durante las sesiones les pediremos…¡que no hagan nada!, ¡incluso ni leer! Les aconsejamos estar tranquilamente sentados con los cascos y dibujar, abandonarse de hecho al dibujo libre. Pueden, si así lo desean, dormir.
Entre nuestra clientela, numerosos empleados, mandos superiores nos los envía su empresa antes de enviarlos al extranjero. Éstos disponen de un conocimiento del inglés completamente clásico, una formación que les ha aportado sólidas bases gramaticales, pero que les deja en la más completa confusión en Inglaterra o en los Estados Unidos. Cuando les vuelvo a ver, al cabo de algunos meses, todos me dicen : <Era la primera vez que comprendía lo que me decían>. Yo no les enseñé ninguna regla suplementaria, les di la trama, de alguna forma el canto folklórico uterino, ese ronroneo de la lengua que le lleva hacia todas las reglas gramaticales.
La lengua que penetra a través de los sonidos filtrados permite al oído del alumno modificar la gama sonora, es decir establecer las zonas perceptivas preferenciales que son características de esa lengua. Ese procedimiento depende, naturalmente, del estado del órgano auditivo. Debemos tener en cuenta, en efecto, las distorsiones en la audición que pueda tener el sujeto deseoso de comprometerse al aprendizaje lingüístico. Un oído esclerotizado, deformado, bloqueado psicológicamente no va milagrosamente a reponerse por su paso por un filtro extranjero. Conservará sus limitaciones.
El test de escucha al cual sometemos a nuestros candidatos al aprendizaje de una lengua nos revela las deformaciones con las cuales nosotros vamos a <componer> . Como hemos explicado en diferentes libros, esa prueba tiene una dimensión psicológica pero yo diría que para el aprendizaje de las lenguas, no es necesario tenerla en cuenta. Hay que empezar el proceso lingüístico, salvo en los casos extremos pero que son rarísimos. Desde el instante en que el sujeto se compromete en este proceso, su curva se modifica, las dificultades de comunicación de atenúan. No es necesario, pues, entrar en una dinámica psicológica. Si mostráramos algunas curvas a los psicólogos que conocen nuestras técnicas pero que no son sensibles a esa aplicación específica, como la que concierne a la integración de lenguas vivas, es seguro que los candidatos no obtendrían de entrada el pasaporte para su entrada en el mundo de otra etnia. Se les oiría decir primero : <hay que corregir en primer lugar esto y aquello> y otras cosas peores. Y se tardaría en emprender el proceso lingüístico propiamente dicho.
Es verdad que, en algunos casos, es necesario intervenir previamente para hacer desaparecer las distorsiones demasiado importantes que comportarían el riesgo de comprometer la integración de la lengua a estudiar. Se puede entonces hacer intervenir los sonidos filtrados a partir de la voz materna o más generalmente a partir de algunas composiciones de violín de Mozart. ¿Por qué Mozart? He explicado desde hace tiempo y más específicamente en un libro con ese título, salido con motivo del bicentenario de la muerte de este músico.
En todos los rincones del mundo, Mozart en <sonidos filtrados> suscita la misma respuesta neurológica. Su música es la <codificación de fondo> que prepara el soporte de todas las informaciones. Activa al sistema nervioso, lo vuelve a poner en marcha. Todo el mundo <acepta> Mozart, incluso las civilizaciones poco habituadas a los ritmos y a los acentos de la música llamada “clásica”. Mozart ofrece la curva ideal, sin distorsión, bien repartida sobre toda la gama de audición humana, válida pues para todos. Permite volver a encontrar el influjo neurológico que hace caminar al niño en busca del lenguaje, despierta su sistema neurovegetativo, acelera el ritmo cardíaco, transforma la respiración.
Dicho esto, aparte de los dossieres que consideramos como excepcionales, los candidatos que desean aprender una lengua extranjera según nuestras técnicas pueden empezar su entrenamiento lingüístico. El test de escucha administrado al principio permite evaluar la duración del proceso. Otros test de control se efectúan regularmente para saber si las limitaciones de partida han podido ser superadas. Se puede entonces, en algunos casos, insistir sobre tal o cual espacio frecuencial todavía no sensibilizado. Pero eso no será obstáculo para continuar su aprendizaje lingüístico.
Es interesante constatar que muy a menudo, el que nunca ha aprendido una lengua extranjera progresa, por lo menos al principio, más rápidamente que el iniciado que desea perfeccionarse. Sucede lo mismo con el canto. El que asimila el inglés más allá de la gama del francés con sus filtros que le propulsan por debajo de 2000 hertzios se encuentra despegado de su lengua de origen y, por esos va mucho más rápido. Pero el aprendizaje de lenguas sufre otro obstáculo que acabamos de evocar. Un individuo que ha llegado a un alto grado de práctica de su lengua materna, piensa hablar en la otra lengua con la misma riqueza de vocabulario. Pero es más fácil para alguien que tiene 15 palabras aprender 40 palabras, que para otro que ya posee 3000 en la suya propia y que trata de transferirlas a cualquier precio a la otra.
¿Cómo abordar la integración de lenguas extranjera en un adulto?
El Oído Electrónico, ahora lo sabemos, funciona como un oído humano. Es lo que se ha dado en llamar un <simulador>, o mejor aún un <modelo>. Actúa directamente sobre el aparato auditivo y sobre todo el sistema neuronal que depende de él. Dos básculas actúan como dos puertas que cierran o que abren la entrada a los sonidos : por un lado la membrana timpánica que cierra el conducto auditivo externo y por el otro la platina del estribo que obtura la ventana oval del oído interno.
Recordemos además que, en un tiempo determinado, el oído se dispone a ponerse a la escucha permitiendo al cuerpo en su totalidad bajo el control del vestíbulo tomar la postura adecuada. En otro tiempo diferente del primero, el oído medio se adapta a fin de permitir al oído interno recibir fielmente los mensajes sonoros. Estas dos acomodaciones, evidentemente, no son instantáneas y hacen aparecer unos tiempos llamados de latencia. El primero marca la operación de puesta en forma del oído interno a fin de que sea recibido el mensaje a decodificar. Por el mismo hecho de su acción, esa adaptación funcional permite que el cuerpo en si mismo se disponga a escuchar. Esa anterioridad está significada con la denominación de <precesión>, queriendo señalar con ello el retraso de preparación necesaria para la escucha del oído interno antes incluso de que se instale la organización del oído medio. Éste tendrá como misión transmitir la información sonora, no por medio de la cadena osicular como ahora sabemos, sino por la caja craneal bajo la forma de conducción ósea. A ese segundo tiempo, le hemos llamado <retard>.
Todos los
parámetros son así dirigidos. El alumno pasa de la audición tal como la
controla de manera acostumbrada a otro tipo de audición, al a escucha en la
forma de la étnia deseada. Esa diferencia pertinente hace posible, pues se hace
sensible, el paso de un canal (tipo de escucha) al otro (tipo de escucha de la
étnia deseada), de un tipo de oído al otro y por ello de una lengua a
Después de
haber sensibilizado el oído a la manera fetal, durante una treintena de
sesiones de aproximadamente media hora, empezamos a reducir el filtraje del
mensaje para introducir las gamas sonoras y los tiempos de latencia
correspondientes a la lengua a estudiar. Hacemos, para finalizar, intervenir
los mecanismos de aprendizaje a varios niveles que actúan sobre la pendiente de
la curva envolvente, las gamas sonoras, los tiempos de retard y de precesión
que determinan las entonaciones. Estos ejercicios son manejables y adaptables
según
Los alumnos que has seguido ese entrenamiento o training dicen tener la impresión de euforia, debido al hecho de que oyen correctamente logran reproducirlo. Evitan así esa terrible sensación de ridículo que lleva a tanta gente a callarse, a retraerse cuando se trata de emitir algunos sonidos en una lengua extranjera. Insistimos poco sobre el conjunto gramatical que todavía queda por hacer y que dejamos para otros profesionales especializados y que como ya hemos explicado, está implícitamente incluido y comprendido en esa <fonemática primordial>.
Hace algunos años, tuvimos en nuestro centro algunos ingenieros especializados en energía atómica que nunca habían hablado español. Les pusimos textos en esa lengua, correspondiendo a sus centros de interés y a su nivel. Se trataba de extractos de un libro de Einstein traducido al español. Naturalmente, al principio, no comprendían nada. Luego esos textos se los pasamos bajo el Oído Electrónico. Aunque se pusieron a escuchar <a la española> pues habíamos centrado su audición a la gama sonora propia de esa manera de hablar. Y ahí, además de las modificaciones que notamos en su actitud y controladas por sus posturas, vimos un interés creciente manifestarse a medida que se iban iluminando las zonas acústicas lo que permitía una especie de cristalización semántica. Lo más interesante fue la rapidez de ese proceso. En efecto fueron suficientes algunas sesiones para apercibirnos que ya eran capaces de captar el contenido a grandes rasgos y luego en detalle.
¿Qué
significa esa experiencia? Lo importante es despertar primero el interés y
solicitarlo por la elección de los textos. No se puede pretender mantener largo
tiempo su atención con historias, algunas de las cuales rayan el infantilismo,
con el pretexto de que nos dirigimos a principiantes. Éstos no por ello dejan
de tener una edad y una madurez de su interés profesional. En este caso,
evidentemente, hay que ofrecer una enseñanza a
La comprensión y la acentuación son los dos problemas más importantes con los cuales tropiezan las personas en su contacto con una lengua extranjera, y esos son los dos puntos fuertes en los procedimientos que nosotros utilizamos. Una sociedad parisina propone a su clientela, desde ya hace algunos años, la integración de lenguas según esas técnicas. Trabaja especialmente con empresas que, en función de su plan y presupuesto de formación, envía a algunos empleados a perfeccionarse o a iniciarse en una lengua con utilidad profesional. Esa personas viven en un mundo concreto y son muy receptivas a los diversos procedimientos que se les ofrecen. Finalmente, aceptan lo que les parece más eficaz y más rápido.
Algunos de
los empleados se presentan con un pasado lleno de aprendizaje escolar de
alemán, inglés o español. Cuando descubren una nueva palabra o una nueva
estructura, tratan de compararla con el francés o refrescar algún vago recuerdo
escolar. Eso no es la mejor solución. No hay que entrar en tal proceso que no
dejaría al alumno ninguna oportunidad de progresar en el ritmo, la melodía, la
entonación, la captación de las sutilezas de
En un Centro audiovisual para el estudio de lenguas, establecimiento público adherido a una universidad francesa, instalamos un cierto número de aparatos para los estudiantes a petición de los profesores anglófonos. Éstos habían quedado intrigados por uno de sus alumnos adultos, mando comercial, que había venido a iniciarse en el inglés, lengua que jamás había aprendido, y que empezó a saltar de dos en dos los cursos de los niveles de enseñanza. Nadie quería creer que nunca había estado en Inglaterra, acabó por decirles que había utilizado y beneficiado previamente de unas técnicas muy especiales que le habían <abierto> el oído a la lengua inglesa.
El instigador y animador de esa experiencia me explicó que casi no tuvo ninguna dificultad para convencer a los demás profesores. Incluso me aportó esta anécdota jugosa : <Cuando hablé del impacto de los sonidos, uno se levantó para decirme : “Señor, estoy muy contento por lo que dice. Yo, que soy inglés y profesor de inglés para franceses, tengo verdaderamente la impresión de infligir una verdadera tortura a mis alumnos. Hago tres horas de curso por la mañana, la primera hora vale, en la segunda la gente se cruza de brazos, y en la tercera los alumnos se encogen, se repliegan sobre si mismos como para escapar lo mejor posible a los sonidos ingleses”>.
Conocemos
todo este tipo de actitudes que nos hacen huir ante la perspectiva de aprender
una lengua extranjera. ¿Pero no deberíamos revisar hoy nuestra postura y mirar
las cosas cara a cara? ¿No deberíamos saber que aprender una lengua, es casarse
con el comportamiento propio de esa lengua? La lingüística no hace habitaciones
separadas. Hablar una lengua significa entrar en una psicología particular,
adoptar un pensamiento muy específico y ajustar su cuerpo de tal manera que
tome la postura que le impone
Para expresar una intuición, una idea, un concepto, estamos obligados a someternos a un sistema lingüístico que nos impone sus leyes y determina un cierto comportamiento. Esa regla es igualmente válida en música o en pintura. Por lo que se refiere al lenguaje oral, recordemos que cada vez que se envía una información lingüística, ésta encuentra una resistencia en el material en el que penetra, es decir que está sometida a las influencias del aire que actúa en función de su <impedancia>, variable de un lugar a otro. El aire tiene, en efecto, unas características propias que hacen que ciertas frecuencias pasen mejor que otras. Produce una contra reacción que influye sobre la modulación y que obliga al locutor a entrar en los canales impuestos por el medio.
Estos principios fundamentales del aprendizaje de lenguas en los adultos obligatoriamente encerrados en los condicionantes propios de la lengua materna deben ser evocados de forma permanente por todos los especialistas implicados en esa aventura sociocultural. No se debe jamás olvidar que el sistema neuro-auditivo es el paso obligado para acceder al aprendizaje de una lengua extranjera.
Babel
recuperado
Al final de
estas páginas recogidas a hilo de la pluma, parece que hemos abordado muchos
temas. Demasiados y no suficientes, al mismo tiempo. Presentados en un aparente
desorden, están sin embargo orientados en una misma dirección. Es voluntaria la
forma que he adoptado para abordar, con toques ligeros y repetitivos, los problemas
esenciales. Así no está excluido de este libro el calor que aporta la relación
con el interlocutor. Es por eso por lo que me parece necesario considerar este obra no como un libro de estudio sino como una recogida
de reflexiones sobre el aprendizaje de lenguas y de forma más general sobre
Todo se
centra sobre las lenguas. ¿Pero como hablar de ellas sin desarrollar algunas
reflexiones sobre el lenguaje? Sabemos
que todos los comentarios a su respecto levantan múltiples teorías y animan
cantidad de controversias. Sabemos también que, para nosotros, el lenguaje no
es solamente un objeto a describir, una herramienta a utilizar, una secreción
singular a analizar. Es igualmente un pensamiento que cristaliza, una idea que
se construye. Es todo eso a
Acercarse al lenguaje, es encontrarse de golpe confrontado a los problemas humanos más complejos. Es entrar en el caleidoscopio multiforme del cual muy difícilmente se pueden agotar las infinitas representaciones de sus imágenes. Según la apertura diafragmática y la distancia que adoptemos para enfocar nuestra visión en ese lugar fascinante y fantástico, estaremos al tiempo entre el detalle preciso, pretendidamente indiscutible, y la teoría más especulativa cuyo peligro menor es la deriva hacia el delirio esotérico.
La escucha es el punto de ligazón hacia el cual converge todo lo que trata el lenguaje, a las lenguas y a su aprendizaje ¿Pero por esta afirmación perentoria no vamos a sostener que la dimensión humana es en si misma tributaria de esa facultad? ¿Me atreverá a avanzar que eso también es evidente? Todo el mundo sabe que no me avergüenza en absoluto declarar que el hombre, cuando logra su estado de humanización ultima, no es más que un oído a la escucha.
La
originalidad de la contribución aportada en este tema, tan antiguo como el
mundo, reside en primer lugar en el lugar preponderante que atribuyo a la
escucha en la dinámica relacional. Pues sin duda alguna es alrededor de ella
que gravita todo lo que se relaciona con
También, la aportación indiscutiblemente innovador es el de que la escucha de la cual no dejaremos de apreciar las múltiples interferencias con todo lo que se refiere a lo humano. Y por ello al lenguaje. Y en consecuencia a las lenguas. Esa inclinación a hacerlo pasar todo por el oído, yo la reivindico plenamente, conociendo sin embargo las inconvenientes que puede suscitar. Pero las ventajas que de ello se derivan son tales que me parece indispensable aferrarme a ello con decisión. Por otro lado, y si bien lo miramos, es una evidencia que el oído esté implicado en todo lo que se refiere al lenguaje. Como no podría ser de otra forma.
El hombre nos parece ser lo que es en verdad: <un cristal orgánico escuchante>. Y en consecuencia <causante>, <comunicante> y más aun <amante>. ¡Qué programa!, ¿no es así? Sin embargo, estamos tan alejados de esa concepción ideal que ésta puede parecer a los ojos de algunos como una utopía singular. Y aunque, lo desee o no, el hombre está irresistiblemente <atrapado> hacia su trascendente destino. Sus estados de sufrimiento son el resultado de las increíbles resistencias que opone a esa evolución normal. Con testarudez se empeña en no ser. Confunde este comportamiento aberrante con la necesidad de no ser nada. Oscila entre la <personalidad> que desea parecer y la <persona> que es en realidad. Ese balanceo renovado permanentemente le sumerge en la eterna ambigüedad que tiene su condición humana, Se encuentra permanentemente zarandeado entre el deseo de ser y el de parecer, de no ser en suma. Yo diría, en términos que me son más familiares que su elección, fruto de su educación o consecuencia de su libre albedrío, le llevará sea a escuchar sea a desobedecer.
Todo aprendizaje requiere un comportamiento de una cierta disponibilidad. Esa puntualización es más evidente todavía cuando se trata de asimilar una o varias lenguas extranjera. En efecto, es con el objetivo de comunicar y de comunicar no solamente con otros, sino también con su pensamiento, donde el interés por aprender un idioma requiere mayor motivación. La literatura, las actividades sociales y económicas, la manera pues de integrarse en el mundo de esa otra étnia serán el soporte del esfuerzo a realizar. Y ese será mejor sostenido a medida que vaya creciendo el atractivo por aprender. Es en ese momento en el que es necesario poder tender el oído. Pero como hemos visto a lo largo de esta obra, no siempre es fácil lograrlo. Tengo incluso la impresión de que somos incapaces de aprovechar espontáneamente de esa potencialidad transmitida hereditariamente y que está mal explotada o sin explotar socialmente.
Sin escucha una lengua extranjera para muchos es algo <extraño. Ese es el menor de los males que se le adjudica. Pero frente a esa <extrañeza>, ¿no es el bárbaro aquel que está imposibilitado para asimilar esa otra manera usar su cuerpo y por ello procesar su pensamiento de diferente manera? Es bien cierto que no nos ponemos fácilmente a nosotros mismo en tela de juicio ante lo inexplicable, ¡decidimos acusar al otro de no dejarse desvelar!.
La escucha, pilar central de nuestro tema es, como se ha visto, esa apertura hacia el mundo sonoro animado por una <acústica semántica>, Por ella, todo adquiere una forma nominal. Así, gracias a la palabra, todo adquiere vida, incluso lo inanimado. A priori, no es información lo que el oído no pueda captar. Sin embargo, como se puede imaginar, debe aclimatarse al ambiente resonancial de los diferentes puntos del globo si desea captar las diversas modulaciones distintas. Pero ahora sabemos, después de haber aprendido por el contenido de esta obra, que las lenguas toman las características sónicas del aire ambiental propio de cada región. Y de ello resultan perfiles de <escuchas> diferentes. He tenido la oportunidad de estudiarlas hace ya unos cuarenta años. Pude con ello detectar los rasgos distintivos de lo que desde entonces yo llamo las audiciones étnicas y delinear las curvas llamadas <etnogramas>.
Esos
<oídos específicos> de las lenguas, debemos precisar, que no son debidas
a estructuras anatómicas diferentes. Como es evidente. No podían estar
relacionadas mas que a modificaciones funcionales del
oído. Modificaciones secundarias, pues. En efecto, la necesidad de la
adaptación al material sonoro del medio se impone siempre de manera imperativa.
Es por ello que esculpe
¿Qué beneficio podemos deducir del conjunto de esas nuevas concepciones, o mejor de esas recientes observaciones? Para nosotros el interés no despreciable que de ello resulta reside en la aplicación directa de los datos recogidos a lo largo de nuestras investigaciones. Requieren, es verdad, que el lingüista comience a preocuparse un poco más de lo que hasta ahora ha hecho por lo que me gustaría llamar la <lingüística acústica> a la cual le convendría asociar la <lingüística fisiológica>. No estaría de más añadirle una dimensión complementaria, la que podría ser una <lingüística psicológica> por ejemplo, como un tipo de trampolín hacia la semántica misma, hacia la audiopsicolingüistica.
Presentado de
esta forma, esa recopilación de reflexiones no ha dejado de sorprenderme a mi
mismo. No es que reniegue de lo que he enunciado, pero me descubro mas
conversando que escribiendo. De esta forma la palabra se adelanta a
Fuera de los caminos trillados ¡ya lo estamos sin duda! Es porque el estudio de las lenguas se enfoca aquí bajo un ángulo muy diferente del que se adopta habitualmente. Es a través del oído por el que accedemos directamente al lenguaje enfocado en su dimensión más amplia, la que engloba las preocupaciones de los hombres desde siempre y que, bajo esa luz original, permite entrever nuevas y numerosas perspectivas. Lejos de nosotros la idea de soñar que nosotros podíamos dar todas las claves del lenguaje y abrir todas las puertas. Gracias a Dios, muchos misterios quedan aún por desvelar y que permanecerán así por mucho tiempo o, en todo caso, por un tiempo largo e indeterminado.
Es este amplio cuadro, es ahora fácil para el lector captar la importancia que reviste el sistema neuroauditivo en todo lo que se refiere al lenguaje. Sabemos a partir de ahora que el oído rige, amalgama, dirige y sobre todo controla. Que es el vínculo, la embocadura, el captor. Es el inductor, el organizador, el centralizador y el distribuidor. ¿He dicho suficientemente que el hombre se erige como un oído a la escucha? ¿He insistido lo bastante para que el conjunto de profesores, responsables pedagógicos, individuos que están directamente o indirectamente implicados en este tema caliente y prioritario, todos estén animados por la misma convicción, la que hemos intentado transmitir en este libro. Es hora de que empecemos a darnos cuenta de que el aprendizaje del lenguaje y de las lenguas en particular no es más que un tema de escucha. Y de escucha en el sentido más amplio de la palabra si hemos comprendido que el hombre se verticaliza como una antena escuchante y hablante, así pues receptora y emisora.
Actualmente
es posible facilitar la integración de una lengua ofreciendo los medios de
percibirla, es decir dando la oportunidad de acceder a ella por la gran vía
real de
Es un placer, una verdadera gimnasia de ánimo la de lanzarse a un acercamiento al otro hasta ahora inaccesible y aislado por las barreras lingüísticas. Ahora sabemos que éstas no son más que inadaptaciones acústicas.
Se adivina fácilmente, por haberlo vivido frecuentemente, lo mucho que esa frontera infranqueable perjudica la relación con el otro, con los demás. Pero que también es perjudicial para el <locutor potencial> excluido en cierto modo de toda comunicación fuera del campo de su propio idioma que de golpe se ha convertido en inadecuado y manifiestamente restringido. Cuando en realidad su lengua sería rica y muy bien elaborada, se convierte instantáneamente inútil en tales circunstancias.
Este libro se anuncia desde el principio como una sucesión ininterrumpida de reflexiones dirigidas hacia el envoltorio lingüístico propio de cada hombre y particular de cada etnia. Se termina con el deseo que solamente el ánimo puede sostener : ver la expansión de los medios actuales a los que he consagrado algunos decenios de investigación y de aplicación. Eso me parece aun más deseable si permiten liberar a aquellos que están bloqueados por su escucha, tal vez aguda pero demasiado selectiva como la de los franceses especialmente. Por otro lado no es imposible que esta obra haya sido escrita pensando en ellos y dirigida a ellos.
Anexo
Las leyes de la integración audiolingüistica
El objetivo
de esta obra, recordamos, no es preconizar un método por encima de otros, sino
simplemente intentar establecer los principios esenciales que deben regir
obligatoriamente el estudio serio de una lengua viva. Se sabe que algunos
sistemas educativos no responden a ninguna base científica e ignoran las leyes
elementales de la psicofisiología del lenguaje y mas
especialmente las relaciones que existen entre la audición y
Primera ley
Fue a través del ejercicio de la medicina del trabajo lo que me condujo a emitir, en 1950, las hipótesis referentes a las relaciones que existen entre audición y fonación, es decir entre el oído y el lenguaje.
Examinando a los obreros que sufrían sorderas profesionales como consecuencia de haber estado sometidos a largos tiempos de trabajo con o cerca de máquinas muy ruidosas, pude observar que los traumatismos del oído estaban siempre acompañados de una deficiencia vocal. Me pregunté entonces si la audición defectuosa era o no la causante de la alteración de la voz.
Un análisis más fino de los mecanismos que habían provocado una disminución sensible de la percepción auditiva con respecto a algunas frecuencias me permitió constatar que las frecuencias no integradas por el oído eran justamente aquellas que estaban ausentes del espectro vocal del sujeto.
Es la primera ley enunciada de la forma siguiente :
“
A ese curioso fenómeno Raoul Husson, especialista de psicofisiología de la voz, le dio el nombre de <Efecto Tomatis> en una comunicación en la Academia de las Ciencias el día 25 de marzo de 1957. Bajo el impulso del profesor Monnier, R. Husson pudo verificar en el laboratorio de fisiología de la Sorbona el hecho que yo había enunciado en 1952 y luego en 1954 y expresarlo así:
<Si un sujeto emite una vocal recogida en un micrófono cuya tensión pasa por un sistema de filtros que suprime una gama de frecuencias antes de devolverlo a los cascos de escucha colocados sobre los oídos, la gama suprimida desaparece del espectro de la vocal emitida por el sujeto. Lo mismo sucede en todos los sujetos que presentan un escotoma auditivo (descenso de sensibilidad en una frecuencia determinada), los armónicos comprendidos en el islote auditivo afectado están ausentes de la voz del sujeto>.
En una comunicación en la Academia nacional de medicina en la sesión del 4 de junio de 1957, Raoul Husson volvió a retomar este estudio bajo el título <Modificaciones fonatorias de origen auditivo y aplicaciones fisiológicas y clínicas>
Esta primera ley refleja el paralelismo chocante que existe entre las curvas de audición y las curvas de emisión vocal de los sujetos afectados naturalmente o experimentalmente.
Segunda ley
La segunda ley es en realidad un
corolario de
“SI SE LE DA, AL OIDO AFECTADO,
<La
comparación de las curvas de emisión antes y después de la aplicación del
aparato de <Efecto Tomatis> - el
que tiene como misión el restablecimiento de la audición en las zonas de
frecuencias afectadas- permite demostrar fácilmente la recuperación
concomitante del esquema corporal vocal>. En su comunicación del 4 de junio
de 1957 en
Tercera ley
La tercera ley llamada <ley de remanencia > refleja la posibilidad de un condicionamiento de la auto-escucha que provoca, por reflexoterapia educativa, la modificación de la fonación.
Se la puede enunciar así :
“
Por un lado el funcionamiento del oído activa los músculos modificadores de la posición osteo-muscular del oído medio. Por otro lado el sistema fonatorio actúa bajo el efecto de toda una serie de músculos que dirigen la faringe, la cavidad bucal, la lengua y los labios. Esos músculos de la audición y de la fonación están asimismo controlados por un dispositivo de inervación perteneciente al mismo reino neuronal. En los adultos, este conjunto neuro-muscular está perfectamente rodado (esculpido) por la audición étnica correspondiente a su lengua materna. Por contra, si se modifica esta audición introduciendo en el circuito de audiocontrol un <Oído Electrónico> ajustado sobre la base de otra forma de hablar, en una lengua extranjera por ejemplo, es todo el circuito neuro-muscular del sujeto el que se pone a trabajar en este otro ritmo extranjero. Y es así como se crea poco a poco una remanencia por memorización cerebral de esa nueva actividad y por participación muscular.
Esta tercera ley tiene una amplia aplicación en el campo de la integración acelerada de las lenguas vivas. Se refiere al condicionamiento de la auto-escucha necesaria para el aprendizaje de una lengua viva, en todos sus parámetros fonéticos y semánticos. Hemos hablado de ello en el capítulo consagrado al aparato que usamos como centro de estas técnicas : el Oído Electrónico.
Evoquemos ahora dos conceptos que me parecen esenciales para la comprensión de lo que aquí se ha presentado : la lateralización y la selectividad en el campo auditivo.
Lateralización
auditiva
A lo largo de diversas investigaciones, que hice al principio de mi carrera como otorrinolaringólogo, referentes a la voz cantada, tuve la oportunidad de poner en evidencia el predominio de un oído sobre el otro en los procesos de integración del lenguaje. Pude así definir el rol primordial que juega el oído director en la captación del sonido, en el control de la cadena hablada.
La teoría sobre la lateralización auditiva que pude emitir en 1951 y que ha sido verificada con una larga serie de experimentos, constituye uno de los fundamentos principales del aprendizaje lingüístico, ya se trate de la lengua materna o de una lengua extranjera. Continuando mis investigaciones en esta línea, pude demostrar fehacientemente que la regulación del lenguaje se hacía únicamente por el oído derecho, que este detenta siempre el rol de oído director para el control de los diferentes parámetros del lenguaje : intensidad, timbre, entonación, inflexiones, semántica. Se trata de una constatación importante por lo que se refiere a la integración de lenguas.
Selectividad
auditiva
Citemos por último la selectividad auditiva que introduce la noción de calidad de análisis, de finura auditiva dentro de la gama sonora específica de cada lengua.
Después de haber constatado que <si es verdad que un individuo ya no reproduce los sonidos que no oye, del mismo modo tampoco reproduce todos los que oye>, yo emití en 1954 la hipótesis de la existencia de una determinada facultad del oído para percibir una variación de frecuencias en el interior del espectro sonoro y a situar el sentido de esta variación. Pude demostrar, en un proceso de investigación que se ha hecho clásico para el análisis de las curvas envolventes de los espectros acústicos de cada lengua, que los diferentes oídos étnicos tienen gamas de selectividad muy diferentes, en las cuales se aglutinan las afinidades propias de cada una de ellas.
Por ejemplo sucede que el oído italiano inscribe su selectividad entre 2000 y 4000 hertzios mientras que el oído francés dispone de una selectividad situada entre 1000 y 2000 hertzios. Los rusos, por el contrario, tienen una gama sonora muy extensa, amplia, que va desde los sonidos más graves a los sonidos más agudos.
Las diferentes leyes y teorías que acabamos de evocar brevemente y que suponen un verdadero condicionamiento de la emisión vocal por la audición son utilizadas desde hace muchos años en otros campos, en particular para el tratamiento de la voz en el habla y en el canto : problemas de timbre (afonías, disfonías), problemas de articulación (ceceos “zozotement”, sonidos silbados de j y ch “chuintement”, “schlintement”), problemas de ritmo (dislálias, tropiezos y atropellos, bloqueos, tartamudez). Se pueden citar por otro lado los problemas de lenguaje hablado y escrito : retrasos de lenguaje, ausencia de lenguaje, dislexia, disortografía, disgrafia. Los problemas de lateralidad : zurdería, dificultades de espacialización. Los problemas de expresión, de comportamiento, de psicomotricidad, de esquema corporal, etc.
El objetivo de esta obra, recordemoslo, no es estudiar todas estas aplicaciones sino solamente dar a conocer la utilización de esas leyes en el campo de la integración de las lenguas vivas. Hemos limitado nuestro tema mostrando como, en adición y no en competencia con los métodos clasicos de enseñanza de las lenguas, estas técnicas permiten, por medio de unas básculas electrónicas, una mejor integración de lenguas extranjeras suscitando una adquisición rápida de lo que yo he llamado el “oído étnico”. Los ejercicios fonéticos efectuados con la ayuda de estos aparatos aseguran un condicionamiento del oído tal que conducen al sujeto a oír correctamente y pronunciar con una entonación exacta los fonemas extranjeros. Gracias a este entrenamiento, el estudiante toma espontáneamente las postura fonética y, en consecuencia, psicológica, necesaria para el aprendizaje de la lengua que desea adquirir, sea cual sea el método empleado.
INDICE
Introducción
Capítulo 1 : El oído sordo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Capitulo 2 : Babel, tierra de los hombres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Capitulo 3 : ¡A las lenguas, ciudadanos!. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .21
Capitulo 4 : Paseo por la Francia acústica profunda . . . . . . . . . . . . . 38
Capitulo 5 : La lengua merece algo mas que una gramática. . . . . . . . 48
Capitulo 6 : Cuatro claves para las lenguas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 62
Capitulo 7 : Como convertirse en políglota .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..79
Capitulo 8 : El niño y el aprendizaje de lenguas . . . . . . . . . . . . . . . . . .99
Capitulo 9 : El adulto y el aprendizaje de lenguas . . . . . . . . . . . . . . . 104
Anexo : Las leyes de la integración audiolingüistica . . . . . . . . . . . . . . . 117